Capítulo 2: Misteriosa Mirtha

26 diciembre, 2007

Promediaba el mes de Julio, cuando llegó el día de la visita que David debía hacer al psicólogo. Tanto los directivos del colegio como los padres del chico supusieron que dos meses de tratamiento antes del comienzo de clases serían suficientes. Sin embargo, David se oponía firmemente a ir.

Después de una larga negociación familiar, los padres lograron convencerlo a cambio de la promesa de comprarle la nueva consola de videojuegos que tanto anhelaba. Pero esto no significó un cambio en la actitud de David, que aún no estaba convencido a hacerse un tratamiento para que “me midan la locura”, decía a menudo. Los padres, tranquilizadores, le decían que era sólo un análisis de su personalidad. Mientras viajaban en el auto familiar hacia el consultorio, David llegó a irritarse tanto que deseó que la psicóloga enfermase. “Una simple gripe, pensó”. Aprovechando que su hermano John no había viajado -tenía que jugar un importante partido de fútbol contra chicos de otro barrio-, David se echó a dormir en el asiento trasero. Era un viaje largo, y su padre se quejaba de ello. No entendía por que llevarlo a una clínica tan lejos de su casa. Y para empeorar las cosas, el tráfico estaba levemente congestionado, por lo que llegarían justo a tiempo al consultorio.

Evelin tocó la puerta con delicadeza, y segundos después esta se abrió mostrando a una sonriente mujer que tras saludarlos alegremente los invitó a pasar. Ni bien pudieron contemplar la sala de espera, los padres de David supieron cuanto se preocupaba la directora por la salud mental de su hijo -o más bien, por el hecho de que su hijo siga en su escuela-. La forma en que estaba cuidado el lugar -y, además, los autos que estaban estacionados afuera- dejaba ver que era uno de los institutos más destacados de Londres, sin lugar a dudas

― Por aquí -indicó la mujer, y los llevó hacia una pequeña habitación, tras lo cual se fue asegurándose de cerrar la puerta.

Como supusieron los Harrison, se trataba del despacho donde se pedían y tomaban turnos. No era un lugar grande, y sólo había una atractiva secretaria sentada cómodamente en su escritorio, y dos sillas del lado de los “clientes” para poder sentarse. El punto de ser una habitación aparte, pensaron, era para permitir a los padres hablar con comodidad y privacidad sobre el problema de sus hijos, para ser derivados al especialista correspondiente.

― ¿Tienen turno? -preguntó la secretaria.
― Sí -respondieron los padres al unisono-. Nuestro hijo tiene una cita con la doctora Jhonson -termino Bean.
― Ajá… ¿a nombre de quién?

― Harrison. David Harrison.
La secretaria realizó hábiles movimientos de dedos sobre el teclado de su computadora. Tras unos segundos de silencio, continuó:
― No hay registro. Lo siento,

David sintió un gran alivio. Sin embargo Evelin, ignorando la cara de sorpresa de su marido, corrigió:
― Es posible que esté a nombre de la escuela Gemlug.
Después de pensar para sus adentros “Que nombre tan ridículo”, la secretaria repitió los movimientos.
― Sí, aquí está -dijo finalmente. Casi mecánicamente, presionó un pequeño botón que había en la superficie del escritorio.
Instantes después, la mujer que los había recibido volvió a entrar, e hizo una pronunciada seña, indicando que la acompañasen. Después de darle las gracias a la secretaria, los Harrison siguieron las indicaciones de la portera. Sin embargo, cuando hicieron tres pasos, la mujer volvió rápidamente a la secretaría. Cuando volvió estaba levemente ruborizada, y retomaron el camino mientras se disculpaba.
― ¡Que tonta! Olvidé preguntar con quien tenían turno. Es que hace apenas una semana que trabajo aquí, y me quedaré hasta fines de agosto, por lo que no tengo mucha experiencia. Es sólo un trabajo temporal antes de empezar mi nuevo trabajo.
― No se preocupe… señora -dijo el padre de David.
― Oh, disculpen, mi nombre es Mirtha. Por aquí, a la derecha.
Doblaron por el pasillo y se detuvieron en seco. Una mujer vestida de médico y totalmente pálida estaba siendo ayudada por dos hombres que eran enfermeros del lugar. La arrastraban por los hombros hacia el lugar de donde ellos venían.
― ¡Doctora Jhonson! -gritó la portera.
― No te preocupes, estoy un poco mareada. Oh, ¿son ustedes los Harrison?
― Sí -dijo Evelin, un poco impactada por la escena.
― Les ruego que me disculpen, pero no podré atender a su hijo hoy -su voz era tan débil que impresionaba.

― No se haga problema, podemos venir otro día -dijo Bean. En realidad, sí le molestaba… era un viaje muy largo y con venir una vez por semana le bastaba. Ahora, tendrían que volver esa misma semana.
― Gracias por entender -susurró la doctora.

Los enfermeros se alejaron con la mujer casi desmayada. Detrás, venía otro hombre que parecía médico. Al ver la cara de Evelin, dijo:
― No se preocupe, señora, debe ser una simple gripe.
David se retorció por dentro. Él había deseado eso. Pero después se conformó pensando que era imposible que fuera culpa suya.

― Lo lamento mucho -decía Mirtha mientras habría la puerta para que los Harrison pudieran salir al exterior-. Puedo no tener experiencia aquí, pero sé a la perfección que las consultas no son nada baratas -había bajado el tono de su voz para que nadie, accidentalmente, la escuchara-. Por cierto, querido, ¿cómo te llamas? -se dirigió a David.
Tras unos segundos de silencio, Evelin fue la que contestó.
― David. Es un poco… más bien, por demás de tímido -David se ruborizó-. En cuanto a los precios, no lo dudo después de ver la clínica por dentro. Pero gracias a Dios, la escuela de David ha tenido la gentileza de pagar todas las consultas que hagamos antes del comienzo de clases. Se la ganó por ser muy inteligente -hizo un remolino con su mano sobre los pelos de David-.
― ¡Por supuesto que sí! ¿Cómo se llama la escuela… -preguntó nuevamente la portera, pero al ver que Evelin articulaba la boca, agregó-. David?
― Gemlug -dijo finalmente el niño, con un hilo de voz.
La secretaria quedó rígida. Pareció olvidarse de la presencia de los Harrison.
― Gemlug… Gemlug… -susurraba. Parecía que estaba analizando la palabra para encontrarle sentido. Finalmente, sonrió.
― No es un nombre muy común en Inglaterra, pero le enseñan bastante bien.
Evelin pareció ofendida por la actitud de Mirtha, que volviendo en sí, replicó:
― ¡No lo dudo! Mi intención no era burlarme, es que el nombre es… -su voz pasó de ser alta y firme a ser un leve susurro. Parecía decepcionada por no poder contarle a los Harrison el motivo de su actitud. Finalmente, y con un resoplo, continuó-. Olvídenlo.

Mientras caminaban hacia el auto, David pudo oír la voz de Mirtha.

― Gemlug… interesante.

Finalmente, la puerta se cerró.

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16 Responses to “Capítulo 2: Misteriosa Mirtha”

  1. Candelia Says:

    guao! que sera lo extraño de Gemlug?? me muero por saber!! esta muy bien hecho, sigue asi!!

  2. Durward Says:

    Hola de nuevo Candelia, y de nuevo, ¡gracias por comentar!

    Por el momento no puedo adelantarte lo que significa Gemlug, pero puedo decirte que tengo grandes planes para esa palabra.

  3. Txelleta Says:

    A mi también me ha intrigado mucho ese nombre y creo que Mirtha será bastante importante a lo largo de la historia.

  4. Durward Says:

    Esa, Txelleta, es una gran observación.

  5. Martín Says:

    El primer estallido de magia más o menos involuntario de David… Y ya tenemos también nuestro primer enigma: Gemlug. Me recuerda un poco a lo de “Rosebud” en Citizen Kane.
    Saludos


  6. Lo que mas me intriga no es GEMLUG, sino la simple gripe… seran poderes paranormales? jaja seguire leyendo

  7. Marcelo Says:

    Muy bueno el capitulo. Creo fervientemente, como los otros que comentaron, que Mirtha va a ser importante, y, obviamente, Gemlug. Al principio pensé que lo decía porque se parecía a Hogwarts, o algo así (y que Mirtha es una especie de señora Figg) pero despues me di cuenta que no. Wow, tengo que seguir leyendo.

  8. har Says:

    me gusta el fic pero se me hace dificil leerlo, por algunos errores en la escritura, capaz que no te diste cuenta. Te molestaría corregirlos? Por ejemplo: “Instantes después, la mujer que los había recibido volvió a entrar, haciendo una seña indicando que la acompañen.”
    “…,haciendo una seña indicando que la acompañaran/acompañasen”
    no lo hago de jodido, simplemente de obsesivo jaja

  9. Durward Says:

    har: no hay ningún problema. Soy consciente de no ser EL ESCRITOR, y también sé que errores como esos dificultan la lectura, pero creo a la vez que a medida que fui avanzando en la historia fui mejorando la forma de escribir.

    ¡Saludos y gracias!

    EDITADO: si alguien encuentra un error (tanto tipográfico como de coherencia), ¡no dude en hacermelo saber! Esta es mi primer historia, y antes de escribirla, apenas si había elaborado un par de one-shots o viñetas. Por eso, es lógico que haya caído en alguna de esas equivocaciones al redactar, y me gustaría arreglarlas.


  10. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el anuncio del Mago Tags: David Harrison, harrison […]

  11. alytna Says:

    sera que Mirtha se dio cuenta de algo?

  12. karla Says:

    pobre psicoanalista con que
    le de por estarle deseando
    enfermedad a cada cita..
    en fin esta mirtha me parece
    sospechosa ia me voy pork le
    kiero seguir…

  13. El Sauce Boxeador Says:

    Ya lei el segundo cap, esto es interesante, seguire leyendo…..

  14. Pam Says:

    Reaaaaaaaaaaaaading now! xD

    Next Cap, that will bring surprises?

  15. berly Says:

    muy bueno el capitulo es interesante su primer estallido de magia pero me resulto muy ovio esta exelente pero me gustaria qe tuviera no se mas suspenso pero genial seguire leyendoo !!!!


  16. en mi opinion esta historia es basura: las incoherencias son muchas, los capitulos son cortos y le falta emocion


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