Capítulo 7: Amigos

2 enero, 2008

Por fin había llegado el día tan esperado. David, a causa de su ansiedad, despertó tres horas antes de la hora señalada. Desde aquel día en que se había acercado por primera vez al mundo de los magos, se la pasó leyendo sus libros de encantamientos y defensa contra las Artes Oscuras pero no se había animado a probar ninguno.

El problema fue poner todo lo necesario para la escuela dentro de alguna valija para que David pudiera trasladarla con facilidad, así que Evelin trajo un viejo pero amplio baúl que John utilizaba de niño para guardar sus juguetes. Los libros, el pequeño caldero, la túnica y todo lo demás fue a parar ahí dentro, excepto Hércules. Finalmente el auto se puso en marcha y emprendieron viaje con destino a la estación de trenes. Habían salido una hora y media antes de la hora indicada para no llegar tarde en caso de encontrarse en un embotellamiento.

Cuando el reloj daba las once menos cuarto, los Harrison cruzaron la puerta principal de King’s Cross. Caminaron siguiendo los números de los andenes. Cuatro… cinco… seis… La estación estaba atestada de gente. David pudo ver otro chico con una lechuza, por lo que supo que se dirigía a Hogwarts como él. Siete… ocho… nueve. Allí estaban, donde les había indicado Harry, quien no tardó en aparecer.
― ¿Qué tal? ¿Estás nervioso? -la primera pregunta fue en general pero la segunda era obviamente para David.
― Un poco.
Los padres del chico hablaron por unos minutos con Harry, mientras John y David escuchaban atentamente. Esta vez no tocaron el tema de la magia, sino que el motivo de la conversación fueron los sucesos recientes en el mundo
muggle. Al parecer Evelin le había tomado cierto cariño a Harry. Mientras duraba la conversación los chicos pudieron ver como decenas de niños se dirigían hacia la pared que se encontraba entre el andén nueve y el andén diez, y desaparecían al tocarla. David supo que era justo lo que tendría que hacer, y se asustó al pensar que podría rebotar.
― Bueno muchacho, once menos cinco, será mejor que pasemos.
La familia se despidió de su miembro más joven y segundos después Harry lo acompañó hasta que quedó a unos diez metros de aquella pared.
― Ya viste lo que tienes que hacer. Yo voy después. Sin miedo.
David tomó envión y se lanzó hacia adelante. El baúl -ahora con rueditas colocadas mágicamente por Harry- vibraba bajo sus manos, y en la jaula que había sobre él Hércules ululaba aterrada. Cuando estaba muy cerca se sintió nervioso pero sabía que era un error arrepentirse. Finalmente la estación desapareció para dejar paso a un pequeño lugar. David pudo ver un cartel que rezaba
Andén 9¾. Segundos después Harry estaba allí.

Había un gran tren rojo sobre los rieles, y estaba repleto de estudiantes que sacaban sus cabezas para saludar a sus familias. Abajo no quedaban muchos alumnos, así que Harry lo apuró.
― Será mejor que subas ahora para conseguir un buen lugar.
Torpemente, David saludó a Harry y después subió el baúl al tren. No fue un problema para él, ya que era alto y su fuerza no tenía nada que envidiarle a la de cualquier otro chico de su edad.
Una vez dentro se paseó por los pasillos buscando lugar, pero todos estaban llenos. En cada pasillo había cinco compartimentos con cuatro asientos en cada uno: dos de cada lado, y otros dos enfrentados a estos. Los compartimentos estaban separados del pasillo por una puerta de vidrio transparente, pero todos la tenían abierta. Después de recorrer media docena de vagones, David encontró dos lugares vacíos. En los asientos opuestos había dos chicos que charlaban con entusiasmo.
― ¿Puedo sentarme aquí? -preguntó asomándose por la puerta.
― Por supuesto -dijo uno de los dos. Era de pelo oscuro y su piel tenía un tono levemente moreno, por lo que David no supo si era su color normal o simplemente estaba bronceado.
Fiel a su timidez, trató de pasar desapercibido, fingiendo estar interesado en mirar por el pasillo.
― ¿Cómo te llamas? -preguntó el otro. Era totalmente diferente a su compañero. Sus cabellos rubios y su tez pálida resaltaban sus ojos azulados como cristales.
― David… David Harrison -dijo con nerviosismo, como si quisiera que la conversación terminara ahí mismo.
― Genial -dijo al cabo de unos instantes de silencio.
― ¿Y ustedes? -David se dio cuenta que había sido descortés al no preguntarlo de inmediato.
― Yo soy Frederic Rowley y él es Charlie Thomasson -el moreno inclinó la cabeza al escuchar su nombre-. Nos conocemos desde pequeños, pero ninguno de los dos sabía que era mago.
― ¿Ustedes también tienen padres muggles? -se sintió extraño al decir esa palabra.
― Yo soy
mestizo -dijo Charlie-. Mi padre es muggle y mi madre es bruja. Pero no me lo dijo hasta que llegó la carta para no desilusionarme si no heredaba sus poderes.
― Ah, y tu padre lo sabía.
― Eh… no, se enteró con migo -Charlie se estremeció en su asiento.
― ¿Y tu? -David comenzaba a soltarse.
― Yo sí, soy completamente hijo de
muggles. Dos hombres fueron a mi casa el día de mi cumpleaños y le contaron todo a mi familia, aunque a ellos les costó aferrarse a esa idea. A decir verdad, yo también, pero ahora estoy muy feliz. Dijeron que era indudable que tenía un pariente mago o bruja, probablemente lejano o antiguo.
― A mi no me aclararon eso, pero me dijeron que el abuelo de mi mamá era mago. Ni siquiera tengo fotos de él, mi madre se pone nerviosa cuando lo mencionamos. Creo que ni siquiera recuerda su nombre.
― ¿Y por qué?
― Escuché que una vez hablaba con mi papá y le contaba que su madre se había enganchado con un tipo de otro país, no recuerdo cual… El punto es que cuando aquel hombre supo que mi bisabuela estaba embarazada la envió a vivir a Londres, diciendo que él iría en cuanto consiguiera un poco de dinero. Por supuesto jamás apareció.
― Entonces tu bisabuela era
muggle, porque si no tu madre sería una bruja.
― Eso creo… ¿este es su primer año?
― ¡Sí! Yo no puedo esperar hasta que nos enseñen nuestro primer hechizo… aunque estoy seguro que seremos unos de los últimos en lograrlo.
― ¿Por qué?
― ¡Pues porque somos hijos de
muggles! Los chicos que son de familias de magos seguramente ya habrán intentado hacer pequeñas cosas antes de los once años. Además supongo que nuestra magia no es tan potente como la de ellos, debemos tener la mitad de su poder o incluso menos.
― Bueno… yo no probé ningún hechizo ni encantamiento, pero estuve leyendo los libros que compré en el Callejón Diagon. Hay un hechizo que me gustó mucho y no parece muy difícil de hacer, creo que el libro lo definía como un encantamiento de desarme, para quitarle la varita al otro mago en un duelo.
― ¿Te refieres al
Expelliarmus? ¡Tonterías! Puede ser útil contra magos sin experiencia, pero no creo que tenga efecto contra algún hechicero de grandes poderes.
― ¿El
Expelliarmus? -preguntó Charlie asombrado, que había estado en silencio-. Pero, ¿no leímos en Historia de la Magia Antigua y Moderna I que fue el hechizo que derrotó a ese mago tan malvado y poderoso llamado Vol…
― ¡Eso son sólo cuentos para niños, Hombre! A nadie le interesa la historia. Hablemos de algo interesante… Tú, Charlie, tienes una madre bruja. ¿Qué te contó sobre la escuela?
― Bueno -dijo Charlie, pensativo-, me dijo que en Hogwarts los alumnos están divididos en cuatro casas: Gryffindor, Ravenclaw, Slytherin y Hufflepuff.
― ¡Eso no lo sabía! -dijo Frederic. David recordó su charla con Fred Weasley-. ¿Y cómo te dividen?
― Te ponen un viejo sombrero en la cabeza y él decide donde debes ir.
― ¡Wow! ¿Cómo hace?
― Bueno… supongo que mirando tu personalidad Mamá dijo que a Gryffindor van aquellos que están llenos de valor en su corazón. Ravenclaw es el sitio para los que tienen una inteligencia destacada. Slytherin es para los más audaces, los que son capaces de hacer cualquier cosa para alcanzar lo que buscan. Y Hufflepuff es para aquellos que escogen sus actos prudentemente, aunque ella dice que es el lugar donde van los que no tienen cabida en otras casas. Espero no ir allí.
― ¡Y yo espero no ir a Ravenclaw y estar rodeado de cerebritos! -dijo Frederic con desprecio-. Aunque conociéndome, es obvio que el sombrero me enviará a Gryffindor.
― Tienes razón, cualquiera menos Ravenclaw. No soportaría tener amigos que se la pasen estudiando. Pero tampoco me gustaría ser un Huffle-bueno-para-nada-puff.
A David esto le cayó como una bomba en sus pensamientos. Fred le había dado un buen consejo, pero… ¿si estaba equivocado? En ese momento lo más parecido que había tenido a un amigo en su vida eran los dos chicos que tenía en frente y la posibilidad de perderlos por la decisión de un sombrero lo afectó.
― ¿Y tu, David, donde crees que irás? -preguntó Charlie.
― Ehh… no lo sé… supongo que a Gryffindor o Slytherin.
― ¡Eso es! ¡Esas son las únicas de verdad!. Mi mamá me dijo que la rivalidad entre esas dos casas es sorprendente, por lo que espero que nos toque a todos en Gryffindor. ¡El lugar para los valientes de corazón! -Charlie agudizó su voz en la última oración mientras se golpeaba el pecho con una mano y elevaba la otra hacia el techo del tren, lo que hizo que Frederic estallara en carcajadas.
Pero David no podía reírse, estaba demasiado preocupado.

Ir al siguiente capítulo

Anuncios

13 Responses to “Capítulo 7: Amigos”

  1. Enelya Says:

    Hola, pues siguiendo tu consejo (de fanfic.es). Tu historia se pone cada vez más interesante. Espero que actualices pronto que te estaré esperando con ansia.

    Chiao y felices fiestas.

  2. Durward Says:

    Muchas gracias por tu visita.

    Hoy o mañana publico el capítulo 8, voy a postear sobre él ahora en mi LiveJournal: http://durward.livejournal.com

  3. Marcia Says:

    Holas soy de RF me gusto muxo tu historia y como nos pediste te dejo mis comentarioa , pues me gusta muxo ^^ es excelente segui escribiendo como lo vienes haciendo que esta rebueno tu historia segui asi

  4. candelia Says:

    a cada capi mas interesante… mmm, no me gusta lo que de traten a Ravenclaw y Huffleuff de que son menos!! y yo que soy Ravenclaw 100%… jeje, excepto por eso, me encanta todo!

    Besos y éxtitos!!

    Kisses,Cande

  5. Durward Says:

    Marcia: muchas gracias por pasar y por los comentarios!

    Candelia: ese es el pensamiento que tienen los nuevos alumnos. Pero como Fred le dice a David, con el correr del tiempo se dará cuenta que esas dos casas también tienen sus ventajas.


  6. Yo soy Ravenclaw, y no soy un cerebrito… bueno, un poco… jaja Que nervioso que es David, igual a mi!! jaja


  7. Yo obvio que hubiese quedado en Ravenclaw, pero no soy un ner ni cerebrito PARA NADA, se los aseguro.

  8. horrocrux 7 Says:

    bueno durward sigue asi tu historia va cada vez mejor ya quiero ver donde queda david

  9. Marcelo Says:

    Wow, que molestos! Ojalá termine en Ravenclaw, como yo xD No puedo parar de leer!

  10. Ana Potter Says:

    Dios mío, Durward, este es uno de los mejores fanfics que he leído en mi vida, por no decir el mejor.

    Te felicito por tu maravillosa imaginación!!

  11. Hufflepuff Says:

    no me cae nada bien ese Charly… ¿que tiene contra Hufflepuff?


  12. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el anuncio del Mago Tags: David Harrison, harrison […]


  13. sinceramente es basura.
    Durward: cualquiera con un poco de cerebro se puede dar cuenta de que estas siguiendo el mismo sistema de trama de Rowling.
    ¿una varita muy especial e interesante?… como la de Harry.
    ¿David es un inadaptado social? … como Harry.
    ¿hace sus 2 primeros amigos en el vagón del tren?… como Harry.
    ¿el primer tema de conversación de David con sus amigos es si son hijos de mugles y a que casa irán ? … como Harry, Ron y Hermione.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: