Capítulo 19: Ciervo de la noche

26 enero, 2008

La mañana se mostraba clara y despejada, aunque el clima frío aún se hacía sentir en la época invernal. David despertó y se sentó en la cama. Tan pronto lo hizo, recordó todo lo que había sucedido el día anterior. Su pelea con Frederic aún estaba reproduciéndose en su mente cuando Charlie dio un fuerte ronquido, y Frank, que dormía en la cama siguiente, despertó bruscamente.
― Hola -le dijo Frank, que también recordaba el episodio.
― Hola.

Comenzaron a vestirse sin intercambiar palabras, y mientras lo hacían Charlie dio otro gran ronquido y despertó. Era rápido para cambiarse de ropa, por lo que terminaron los tres al mismo tiempo.
Al bajar por el retrato de la Dama Gorda, David vio con el rabillo del ojo que Charlie hacía ademán de decir algo, pero se calló sólo.
Entraron al Gran Comedor, que estaba a medio llenar. Era la primera vez que llegaba tan temprano, pensó David.
El lugar se fue llenando paulatinamente de alumnos, algunos que bostezaban y se estiraban sin disimulo alguno. Silvia llegó a los pocos minutos y se unió a ellos.
Aunque nadie lo decía, todos observaban la silla donde, sabían, se sentaría Frederic. Pero desistieron al cabo de unos minutos porque el Ravenclaw no llegaba.
Nadie ocupó esa silla esa mañana. Sin duda Frederic no había podido despertarse a tiempo.
Las copias de El Profeta fueron depositadas por lechuzas frente a varios alumnos, quienes anunciaron que aún no había rastro de Potter.

La ausencia de Frederic en el desayuno no le cayó mal a David, puesto que aún no sabía como se disculparía de su amigo. El desayuno pasó y los Gryffindor tuvieron su clase de Defensa contra las Artes Oscuras, y más tarde, Historia de la Magia. Ambas fueron teóricas, algo que a David no le agradaba demasiado. Así que elaboró una buena disculpa, y la comentó con susurros a sus amigos, quienes aprobaron la idea y le dijeron que serviría.
Cuando volvieron al castillo, se acercaron a la sala donde tenían lugar las clases de encantamientos. Frank, Charlie y Silvia se alejaron un poco y David se sentó en una banqueta que había cerca de la puerta. Se oían voces, por lo que aparentemente la clase aún no había terminado.
Finalmente, la puerta se abrió. Los Hufflepuff y Ravenclaw se abrieron paso a través de los pasillos, pero ni David ni sus amigos pudieron ver a Frederic. El último en salir fue Laurence Anderson, un Ravenclaw. David lo detuvo y los Gryffindor se acercaron para hablar.
Le preguntaron si había visto a Frederic, y el chico contestó que no. De todas formas, les decía, no tenía una relación muy fuerte con su compañero de casa, por lo que tal vez había pasado frente a sus ojos y no se había percatado de ello.

Preguntaron sobre Frederic a todo Ravenclaw de primer año que encontraron. Nadie lo había visto, y descubrieron que su amigo no tenía muy buena relación con sus compañeros, pues la mayoría parecía enfadado al hablar de él.
Lo primero que se les ocurrió fue hablar con Neville, ya que David tenía más confianza con él que con cualquier otro profesor o directivo del colegio. Al escuchar lo que los chicos decían, su rostro se volvió de un color más pálido que el que portaba por naturaleza, y se dirigió hacia el despacho de la directora.
La noticia se difundió con rapidez entre los estudiantes. Muchos Ravenclaw se habían dado cuenta de que Frederic no había asistido al desayuno, pero habían adoptado la misma teoría que David y sus amigos. Sus compañeros de curso no se preocuparon demasiado al ver que no asistía a clases, en gran parte porque le guardaban cierto rencor. Sin embargo, cuando promediaba la tarde y el chico aún no aparecía, varios parecieron preocuparse.

McGonagall llamó a los alumnos de sexto y séptimo año, y los separó en pequeños grupos de búsqueda. Estos inspeccionaron cada rincón del castillo, o al menos cada rincón conocido. Sin embargo no tuvieron éxito, y fueron regresando uno a uno.
Los profesores, por su parte, también se dividieron. Algunos ayudaban en la búsqueda del chico y los otros pensaban qué podría haber pasado.

Pero había alguien que además de preocupado, estaba arrepentido. David tenía la sensación de que la desaparición de Frederic tenía alguna relación con la pelea verbal entre ambos de la noche anterior. Quizás el Ravenclaw se había perdido por el castillo, puesto que las escaleras cambiaban y, al estar sólo y ser de primer año, no habría notado la diferencia. Pero el verdadero problema era si Frederic no estaba dentro del castillo. Los terrenos circundantes eran peligrosos si se tenía en cuenta que el bosque prohibido comenzaba en los límites de ellos. El camino a Hogsmeade, de noche, hubiese sido un verdadero peligro para él.
Lo que David no sabía, en gran parte porque lo disimulaban bastante bien, era que sus amigos tenían el mismo pensamiento. Dentro de ellos algo les decía que el pequeño e insignificante enfrentamiento entre él y Frederic había tenido algún efecto psicológico en este último. Quizás porque aún no podía digerir el no estar en la casa a la que quería pertenecer, o sentía que el no pertenecer a Gryffindor lo alejaba de sus amigos. Algo que era comprensible puesto que Frederic sólo estaba con ellos cuando él se preocupaba en buscarlos.

No hubo rastro o seña de Frederic durante la búsqueda, a pesar de que habían empeñado varios pares de horas en hallarlo. Los alumnos comenzaban a sentir las exigencias de su estómago, y supieron que la hora de la cena había pasado. La directora, viendo esto, ordenó a todos ir al Gran Comedor. Seguirían buscando al día siguiente. Por el momento, enviarían una carta al ministerio y otra a la familia Rowley, para ponerlos al tanto de los hechos.
Después de la cena, todos se fueron a dormir. Estaban exhaustos por la actividad física y emocional que habían hecho aquel día, por lo que no tuvieron problema para dormirse. Todos excepto uno.

David estaba sentado en su cama. La ventana le mostraba una noche negra, y nuevamente una masa de nubes se aproximaba, cubriendo el brillo de las estrellas que aún podían diferenciarse en el oscuro cielo. Sin duda una gran tormenta tendría lugar esa misma noche o el día siguiente. Y Frederic, dondequiera que estuviese, la sentiría en piel propia.
De pronto, se encontró parado frente a la ventana, mirando los terrenos. Recordó que durante el día había encontrado a Mirtha varias veces en la misma posición, aunque la profesora estaba más nerviosa que preocupada o angustiada. Unas leves ojeras comenzaban a mostrarse en la débil piel que contenía los ojos de aquella mujer. Tenía también cierto tono de palidez, aunque no como Neville había dejado ver aquella tarde.
David estaba recordando la conversación con Frederic, y de pronto creyó volverse loco. Muy por debajo, en dirección al bosque, le pareció haber visto una luz pálida. Pero había desaparecido. Incluso era posible que jamás hubiese estado allí.
Pensando que lo mejor era descansar, giró su cabeza mientras corría las sábanas de su cama. Pero el rabillo del ojo captó una vez más el brillo de una pálida luz, en dirección a la ventana. Volvió a colocarse frente a ella y esperó.
La vio varias veces más, entre los árboles más cercanos al límite del terreno. Cada vez era más fuerte, como si se acercara. Incluso llegó un momento en que la luz no desaparecía, sino que perdía nitidez al pasar por detrás de los tupidos árboles, para volver a cobrar todo su brillo cuando encontraba un espacio entre ellos.
Después de unos segundos, una figura iluminada pasó la línea del último árbol, dio unos pasos con sus cuatro patas y se detuvo allí, alzando su cabeza. David podía diferenciar pocos detalles de la figura por estar tan lejos y tan por arriba, pero pudo comprobar algo: tenía cornamenta. Frederic no mentía, había un ciervo de un color plateado brillante en los terrenos.
El chico se quedó allí por unos momentos, como hipnotizado por lo que veía. Había oído historias aterradoras sobre las extrañas y desconocidas criaturas que habitaban aquel bosque, pero jamás se había imaginado algo así. Lo más extraño e intrigante era que aquel animal luminoso tenía la vista clavada en aquella ventana.

Volviendo en sí, recordó decirle a Frederic, irónicamente, que fuera a jugar con el ciervo. ¿Era posible que lo hiciera? Se abalanzó sobre el baúl, quitó la tapa y revolvió todas las cosas que había dentro. Finalmente extrajo la capa de invisibilidad, se la echó encima y salió del dormitorio tan rápido como pudo.
Su varita emitía una luz mágica mientras avanzaba cuidadosamente los pasillos. Si lo descubrían en aquellas circunstancias hubiera sido un gran problema, un problema que estaba seguro, no quería tener. Caminó, bajó escaleras y siguió caminando, atravesando aquellos pasadizos que estaban tan llenos de vida durante el día, y parecían tan tétricos a la luz de la luna. Los cuadros a sus lados estaban llenos de personas que dormían apaciblemente. Al pasar junto a una puerta, oyó voces que venían desde el interior de la habitación. Pudo reconocer la voz de McGonagall, que se oía preocupada y tensa. Pero no pudo diferenciar a su interlocutor.
Sin hacer caso a aquello, y preocupándose más por su amigo, siguió avanzando. Cuando dobló en un recodo, vio a una persona mirando por una de las ventanas del pasillo. Apagó la luz de su varita, temiendo que pudiera verlo. Se acercó lentamente, y cuando estuvo a unos pasos de ella, la tenue luz de la noche le reveló a Mirtha, mirando con la misma expresión de incredulidad que, supuso, había tenido él minutos antes. Estaba mirando hacia el mismo punto del bosque. El chico llegó justo a tiempo. El ciervo ya no estaba, pero se podía ver una tenue luz que se alejaba e iba perdiendo fuerzas. Unos segundos después, desapareció. Mirtha frunció el entrecejo y se quedó allí. A David le hubiese gustado preguntar que pasaba, pero optó por seguir sin ser descubierto.

Finalmente se encontró frente a la puerta que daba a los terrenos. Estaba cerrada, pero en los tiempos que corrían ningún intruso osaría internarse en Hogwarts, por lo que no tenía demasiada protección. No fue un problema mayor encontrarse ante la inmensidad del exterior.
De noche era bastante incómodo marchar por allí, y a David le parecía imposible asimilar la idea de haber caminado por ese mismo lugar a plena luz del día, disfrutando de la belleza del castillo y sus alrededores. No, en aquel momento era imposible. El césped se mostraba de un color verde grisáceo. A la distancia, aquel color se veía interrumpido por una gran mancha de oscuridad. David supo que era el lago, y se estremeció ante la idea de caer allí en medio de la noche.
Pero su vista se ubicó al frente. El bosque prohibido estaba allí, amenazante, mostrando árboles tan oscuros como sus sombras diurnas. Eran tan grandes y misteriosos que durante un segundo el chico dudó en seguir con su propósito. Pero entonces recordó a que casa pertenecía, y pudo oír nuevamente la voz del sombrero en su consciencia.
Demuéstramelo.
Eso le había dicho. Claro que gritar como un loco frente a cientos de personas no era nada comparado con estar allí en ese momento, pero David se aferraba a aquel hecho para convencerse a sí mismo de estar lleno de valor.
Caminó con paso firme y decidido. Pasó junto a la cabaña de Hagrid, casi deseando que el semi-gigante saliera en ese momento y lo invitase a tomar el té.
Se detuvo en los lindes del bosque, y ahora que lo miraba de cerca y de noche, era más aterrador de lo que había imaginado. A pesar de estar cubierto con una capa de invisibilidad, no se sintió seguro. Los humanos no podían verlo, pero… ¿podrían las criaturas que habitaban aquel lugar?
Sin pensarlo un segundo más, dio un paso hacia adelante, luego otro, y siguió hasta que el primer árbol quedó tras él. Inmediatamente, una gran variedad de sonidos llegaron a sus oídos. Crujidos de ramas, pisadas en la distancia, susurros que provenían del interior de la tupida vegetación… Sin duda aquel lugar estaba encantado.

David caminó lentamente, abriéndose paso entre las ramas enmarañadas que le dificultaban la marcha. Llevar la capa no lo ayudaba mucho: más de una vez se atoraba o incluso lo hacía tropezar. Pero estaba seguro de no querer quitarse aquella prenda mágica, y se alegró mucho de tenerla en su posesión.
Podría haber estado caminando en círculos, pero jamás se hubiese dado cuenta. Lo único que hacía era avanzar, seguir adelante, y cuando la vegetación (u otra cosa, que prefería no saber que era) le impedía el paso, simplemente la rodeaba o cambiaba de rumbo. De vez en cuando podía ver grandes variedades de ojos que lo observaban desde las ramas de los árboles, o detrás de ellos. Más de una vez sintió el batir de las hojas secas, como sí alguien lo persiguiese. Hasta llego a jurar que en un momento pudo diferenciar una silueta humana entre los árboles, que lo miraba fijamente y avanzaba paralelo a él.
Continuó así durante un buen rato, con nula dirección. Pero de pronto encontró lo que buscaba. Una leve luz plateada se dejó ver a su izquierda. Dejando de lado toda precaución, David se dirigió hacia ella a una velocidad considerable si tenemos en cuenta las circunstancias del terreno y la dificultad de trotar con la capa. A medida que se acercaba, la luz se hacía más brillante.
Por fin se encontró mirando de cerca aquel ciervo plateado, y comprobó que era verdad. Le parecía hermoso, pero de todas formas no confiaría en nada que estuviese dentro de aquel bosque. La sorpresa se la llevó cuando la figura pareció clavar los ojos en los suyos.
La figura comenzó a andar y David, como hipnotizado, la siguió. No hizo falta caminar mucho, aunque el trayecto era arduo y lleno de maleza. No obstante, aquel extraño animal no parecía preocuparse por ello. Tenía una habilidad y una gracia que el chico nunca había visto.
Se detuvieron frente a un claro. El ciervo había hecho un alto. David, desde donde estaba, no tenía mucha visión. Pero alcanzaba a ver dos personas sentadas, con las espaldas apoyadas en un árbol. Oía voces que parecían generarse frente a ellos dos, pero David no tuvo tiempo de fijarse quienes eran. Una figura encapuchada apareció en su ángulo de visión. Se detuvo frente a los dos extraños, y pateó la varita que tenía en la mano. El ciervo desapareció.
― ¿A que estás jugando, Potter? -dijo el encapuchado, mirando hacia David pero sin poder verlo.
Ahora pudo ver la cara de aquel prisionero. Era Harry. Pero tenía un aspecto demacrado, como si hubiese sido torturado, además de estar famélico. El otro, y David lo supo por la varita que había volado y ahora descansaba cerca de él, era Frederic. Pero no se movía.

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19 Responses to “Capítulo 19: Ciervo de la noche”

  1. Enelya Says:

    ¡¡¡wooooo!!!, ¡qué capítulo tan más genial!, ¡me has dejado impresionada! ¡Ya entendí muchas cosas! Vamos, quiero saber más, te está quedando fantástico. Eres un gran escritor.

    saludos de tu amiga Enelya

  2. juan Says:

    “¿A que estas jugando,Potter?” demasiadas veces he leido esa expresión ^^

    pero si es quien creo que es, sigo sin entender por qué le dio la capa a david…Harry ya sabía que eso iva a ocurrir??…

    bueno, esperando el siguiente capitulo, pero desde luego, este me encanto ^^

  3. silviallison_potter Says:

    LO SABIA!!!!!!!!!!!!

    Cuando Frederic dijo que habia visto un ciervo en el bosque, empece a oler a chamusquina. El patronus de Harry es un ciervo y seria la manera ideal de comunicarse. Y ahora… ¡lo que pensaba era verdad! (que buena detective seria…)

    El capitulo me encanta!!!!!!!!!!!!!!!!

    Subelo lo antes que puedas por favor!!!! Necesito saber que pasa!!!!

    “¿A que estas jugando, Potter?” es la mejor frase del ca`pitulo! Tantas veces que la he oido, y cada vez me gusta mas!!

    ***S.i.L.***

  4. Candelia Says:

    WOW!! Estoy de piedra!! sabía que el ciervo era el patronus de Harry, pero… no imaginé que estuviese en el bosque!! y… ¿Frederic no se movía? ayayayy ¡pánico me da! espero que este bien pero… ¿quién secuestró a Harry? mi cerebro no llega a tanto… ¡Me encanta! ¡sigue así! ¡y pon pronto el siguiente capítulo! ¡que no puedo más de la emocón!

    Génial!
    Candela

  5. Durward Says:

    ¡Gracias a todos por pasar!

    Efectivamente, el ciervo que Frederic vio la noche anterior, era el patronus de Harry.

    Juan: es posible que lo haya sabido, lo voy a poner en un capítulo, o en la enciclopedia que estoy preparando.

    El capítulo que viene es el que más acción tiene en toda la historia. Creo que lo voy a publicar entre el miércoles y el jueves.

  6. April Says:

    esta geniaaal!!!
    lastima q en RF no subas mas fic..
    el fic esta buenisimo tienes futuro como escritor!!
    y la verdad es q esa frase me esta dando vueltas la cabeza porq se q la conozco pero no recuerdo bien de quien es(creo q debo volver a leer los libros de harry potter)
    espero impaciente el proximo capitulo!!^^

  7. Durward Says:

    April: muchas gracias por pasar y por tus comentarios. En RF simplemente avisé que estaba escribiendo el fic, y puse algunos capítulos, si no me equivoco.

  8. Mary Says:

    HOLA apenas hoy empece a leer tu fic, lo leei todito y me encanta!!!!

    Me tiene muy clavada, tengo demasiadas preguntas y derrepente sospecho de alguien y derrepente de otra persona…

    Mas o menos cada cuando escribes porque es la primera vez que entro aqui y quiero seguir leyendo…

    Saludos!!!

  9. Durward Says:

    Mary: tengo listo el próximo capítulo. Tengo pensado publicarlo entre el miércoles y el jueves.

    Me gustaría que me dijeras como conociste la historia. ¡Saludos!

  10. Mary Says:

    Esque tambien estoy leyendo el fic “Albus y Harry” y ahi encontre que recomendaban el tuyo y entonces me meti y lo empece a leer…

    Esta historia esta muy interesante, escribes super bien.
    Bueno, espero el proximo capitulo…

    Saludos!!!

  11. Zuxinowo Says:

    Aburrido.

  12. Durward Says:

    Zuxinowo:

    Antes que nada gracias por pasar, y gracias de nuevo por quitar el enlace a la web pornográfica.
    Nuevamente te agradezco por tu comentario, y más aún por haberlo resumido a una sola palabra, así el mensaje llega directo.

    Es cierto, quizá no es el capítulo más divertido de la historia, pero es bastante importante. Por otro lado, si esperabas encontrar una historia perfecta y llena de emoción (en otras palabras, si yo fuera un buen escritor) no estarías leyendo la historia en la pantalla, sino que tendrías un libro en la mano. Como soy consciente de mis limitaciones, me dedico a escribir sobre historias y universos ya planteados, y me divierto haciéndolo.

    Saludos

  13. Durward Says:

    Zuxinowo: voy a copiar tu comentario aquí y borrar el que dejaste, porque tiene un enlace a una web porno y eso le baja el rank al site:

    Lo puse porque el ultimo comentario se me borro y queria decir todo lo que habia dicho en ese y me habian
    borrado que era algo asi como ” que perdiste la capacidad y le pusiste mucha caca al cuento ” sigo con esa opinion ya que perdiste el hilo de lahistoria y le pusiste kaka

    Es una lástima que no te guste la historia, y por supuesto, nadie te obliga a leerla.

  14. juan Says:

    no creo que le este poniendo “caca” como dice, sin mas, es una historia que por ahora esta importando mas el porque de las cosas, y no esta habiendo demasiada accion sin mas, no creo que sea aburrida, yo creo que el hilo lo esta llevando bastante bien, o al menos eso parece…


  15. jaja si eso es… bueno, esa palabra, todo seria asi… asi son las historias de JK Rowling… con partes aburridas, pero con una importancia inimaginable!! Me encanto el capitulo, muy INCREIBLE… se ve que vas muy bien, y espero que Lorcan Lovegood siga el mismo camino, y esto es muchisimo mejor que la kaka!!

  16. horrocrux 7 Says:

    el fanfic va muy bien a mi me esta gustando mucho la verdad a mi no me parece nada aburrido es mas es de mis favoritos y durward no es cierto que eres un mal escritor es el mejor fic que he leido

  17. Marcelo Says:

    OMG! Ojalá David use sus superpoderes y mande a la ****** a ese mortífago (o lo que sea)

  18. karla Says:

    o cielos!!!
    kien es el malvado malvadote k les tiene…
    me voy tenmgo k averiguarlo…


  19. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el anuncio del Mago Tags: David Harrison, harrison […]


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