Capítulo 20: La Piedra de la Muerte

30 enero, 2008

Al asegurarse de que aquel hombre encapuchado no podía verlo, David se atrevió a entrar en el claro. Desde allí podía ver la escena con lujo de detalles. Había una persona en el otro extremo, vestida de la misma forma extraña. Sin duda estaba buscando algo, porque David pudo oír sus palabras.
― Rodolphus, no está aquí.
Ahora que observaba con más atención, David se percató de que aquella segunda figura encapuchada apuntaba con la varita hacia el suelo, haciendo que la tierra se esparciera, como si esperara encontrar algo enterrado allí.

― Busca por última vez -respondió la voz de aquella persona llamada Rodolphus-. Si no, ya veremos que hacemos. ¿No te funcionó el plan, eh, Potter? Porque supongo que tendrás un plan. ¿No? Qué lastima, jamás pensé que atraparte en pleno Valle de Godric sería tan fácil, a menos que tuvieras algo entre manos.
Ante la pregunta de si tenía o no un plan, Harry miró disimuladamente hacia el lugar donde su Patronus se había desvanecido, esperando una señal que le confirmara la presencia de David. Pero el chico no supo que hacer, los nervios se lo estaban comiendo.
― Y si Rupert no la encuentra… -continuó Rodolphus-. Hace mucho tiempo espero esto, y no sólo yo…
Apuntó la varita al pecho de Harry, mirando de reojo a su compañero, esperando que dijera que lo que buscaban no estaba allí. Sin embargo…
― ¿Será esta?
Rodolphus giró de inmediato. Se dirigió hacia su compañero y tomó una extraña piedra; al parecer, estaba rota. Sus emociones visitaron la euforia, para llegar un segundo más tarde a la decepción, antes de que la rabia lo consumiese. Por supuesto, no tardó en dirigir toda su furia a Harry. Caminó rápidamente, amenazante, y se detuvo justo frente a él.
― ¿Cómo hago que funcione? Y ruega que funcione…
— Hazla girar en tu mano varias veces.
La voz de Harry no era más fuerte que un susurro esforzado, por su falta de fuerzas, pero ahora David se había acercado; estaba a unos siete metros de ellos. El otro encapuchado se acerco, impaciente y curioso, para ver qué sucedía.
Rodolphus siguió las indicaciones, que evidentemente no eran muy difíciles. David se preguntó para que serviría aquella extraña piedra.
Nada ocurrió.
El encapuchado lo intentó en repetidas veces, pero por la expresión de su rostro, algo estaba saliendo mal.
― Está rota. No funciona.
Era evidente que la piedra estaba partida. Pero… ¿no funciona? ¿Cómo funcionan las piedras?
Rodolphus levantó la varita nuevamente, señalando el pecho de Harry.
David supo, entonces, que debía sacar partido de su condición. Los encapuchados seguramente lo sobrepasaban en poder mágico. Sabía que Harry no podría ayudarlo mucho en el estado en que estaba, por lo que también lo superaban en número. Pero no esperarían un ataque lateral. Así que se quitó la capa, y antes de que las pupilas de Rodolphus y su compañero captaran al muchacho, actuó.
― ¡Confundus Maxima!
El haz de luz amarilla era veloz, pero el encapuchado llamado Rupert, demostrando que tenía gran habilidad física (era mucho más joven que su compañero), lo eludió sin problemas. Pero, para su infortunio, Rodolphus no era tan agraciado. El rayo luminoso impactó en su cara y, para sorpresa de Rupert, él también se sintió mareado mientras veía a su compañero caer, casi inconsciente. Segundos después, se encontraba en el suelo, intentando entender lo que ocurría. Le pareció que todos sus sentidos, excepto la visión (aunque un poco borrosa), se habían desactivado. Pudo ver a David intentando ayudar a Harry.
Los prisioneros estaban atados mágicamente.
Relashio -dijo Harry débilmente.
Intentando procesar esas palabras, David comprendió que se refería a un hechizo.
― Relashio
Hizo lo mismo apuntando a Frederic, y pronto los dos prisioneros quedaron libres.
Sin embargo, Harry apenas podía pararse. Sus piernas temblaban cono una gelatina, y le era imposible caminar.

Intentaron seguir adelante, pero les era imposible. David no podía cargar con un mago débil y otro inconsciente. Sabían que no tenían mucho tiempo, porque aquellas personas se recuperarían en cualquier momento.
En efecto, unos minutos después, Rupert comenzó a moverse. No había recibido el hechizo directamente, por lo que el efecto no había sido tan potente como en Rodolphus.
Rupert se incorporó casi por completo, con su varita en alto; David lo imitó, y en su desesperación, hizo el primer hechizo que recordó.
― ¡Expelliarmus!
El rayo escarlata impactó en la varita del encapuchado, y ésta salió volando por los aires. Desde ese momento, tanto David como Harry se sintieron más aliviados, como si los sonidos del bosque se hicieran más potentes. El ambiente también había cambiado, y parecía más cálido, aún en aquella fría noche.
Rupert corría hacia su varita, cuando un extraño animal irrumpió en el lugar con un salto majestuoso. Desde la cabeza hasta la cintura tenía forma humana, pero por el resto del cuerpo parecía un caballo. Se aseguró de aterrizar sus cuartos delanteros en el pecho del encapuchado. Luego, pateó su cabeza y lo dejó inconsciente. El centauro dirigió una mirada a Harry. A David le pareció que se conocían.

― ¿Podrías haber venido antes, no? -le dijo Harry a Bane, un minuto más tarde-. ¿O aún odias cambiar lo que está escrito en las estrellas?
El centauro se mostró ligeramente ofendido (probablemente en el orgullo). Sólo respondió la primera pregunta.
― No podía encontrar el maldito lugar. Estoy seguro de haber pasado por aquí cientos de veces. Pero hace unos minutos, ustedes aparecieron de súbito a mi derecha.
Entonces Harry comprendió; y recordó. Ni bien llegaron al bosque y se instalaron en aquel claro, Rupert lanzó encantamientos de protección para ocultar el lugar; nadie podía encontrarlo fácilmente. David, al desarmar a Rupert, había roto todos los hechizos.
Una vez que Harry se lo explicó, David soltó su pregunta.
― Entonces, ¿cómo te encontré yo?
Harry dudó unos momentos, y respondió.
― Tanto Frederic como tú siguieron el ciervo. Aquel ciervo, en realidad, es la forma de mi Patronus. Como yo lo manipulo, podía hacerlo ir y venir; yo sabía donde me tenían prisionero -Harry utilizó un tono irónico al decir esto-. Es por eso que el ciervo les permitió encontrar el lugar.
Bane pareció sorprenderse ante estas palabras. David pensó que había visto el ciervo.
― ¿Te permitieron tener la varita? -preguntó Bane.
― No. Creo que la rompieron, o la tiraron. De todas formas no sé donde está -dijo, un poco apesadumbrado-. Pero yo no tengo una sola varita.
Bane alzó sus cejas.
― La saqué durante una visita al colegio que hice hace poco -continuó.
Al parecer el centauro sabía a qué se refería. Harry siguió el relato.
― La primera noche, utilicé mi segunda varita. Hice un Patronus, y lo envié a los lindes del bosque. Aparentemente este chico lo vio -dijo, señalando a Frederic con la cabeza-. Minutos más tarde estaba aquí, en cautiverio, con migo.
― ¿Qué le pasa? -dijo de súbito David.
― Lo torturaron. A mi también, por su puesto, pero él no resistió. Digamos que estoy un poco más acostumbrado. Una noche en la enfermería y se le pasará. ¿En qué estábamos? Ah, sí. En cuanto vi a este chico aparecer, lo desarmé. Me quitaron mi varita.
El centauro golpeó el suelo con una de sus poderosas patas.
― No la reconocieron, y por suerte no la rompieron -dijo Harry. Bane se tranquilizó, pero David no entendía a qué se refería-. Esa noche y todo este día, estuve intentando atraer la varita de…
― Frederic -ayudó David.
― La varita de Frederic. Lo logré hace dos horas; fue difícil, estando tan débil y sin varita. El punto es que pude hacer otro Patronus, que por suerte David vio.
― ¿Por qué no usaste la tuya? -dijo el centauro. Parecía bastante interesado en la varita de Harry.
― Apenas su pude atraer una varita que sabía donde estaba. No quiero ni pensar cuanto hubiese tardado en encontrar la mía, que no sé precisamente donde está. A ver… ajá, aquí.
Harry se agachó y levantó una extraña varita. Luego, captó la preocupación en la mirada de David.
― Bueno, estamos gastando mucho tiempo aquí… más de lo debido. Será mejor que vallamos al castillo… Ah, Bane, por cierto. No tengo fuerzas. Sé que no te gusta que te monten, pero…
― Por esta vez podemos hacer una excepción.
El centauro intentó en vano esconder el brillo de sus ojos, para mantener su aspecto severo.
― Sin embargo… creo que estás olvidando algo. Algo muy importante, Harry Potter.
El mago lo miró, incrédulo. Un centauro no iba a mentirle. Pensó un minuto, y luego pareció comprender.
― David -dijo-, necesito un favor. Es sólo un momento.
― ¿El chico? -preguntó el centauro.
― Después te explico, Bane.
El mago le dio la extraña varita a David. En ese momento, sintió un gran calor en sus dedos. Supo que le gustaba esa varita, la quería para él. De súbito, la imagen de aquella persona muerta de cabellos rubios reapareció en su mente….
Antes de que pudiera darse cuenta, u oponerse, Harry lo había desarmado. David se preguntó para qué lo había hecho. Pero desde que la varita dejó sus manos, los repentinos sentimientos que lo habían invadido, desaparecieron. Por fin pudo sacar aquella persona muerta de su mente; se sintió aliviado.
― ¿Puedes alcanzarme la varita, David?
Dudó, pero accedió. Esperando sentir aquella sensación nuevamente, que era hermosa y horrorosa a la vez, tomó la vara en manos. Sin embargo, se sintió normal.
― ¿Sientes algo? -preguntó Bane, como leyendo sus pensamientos-. ¿Algo raro?
― No -respondió David, confundido.
― Vamos -dijo el centauro, ahora satisfecho.
Harry montó con Frederic en brazos. Luego, David ayudó a subir el cuerpo inconsciente de Rupert. Cuando iban a subir a Rodolphus…
― ¿Donde fue?
Todos (los conscientes) miraban el punto donde había caído Rodolphus. Ya no estaba ahí. Nerviosos, emprendieron la marcha. No había más espacio para David, por lo que caminó a la par del centauro. De todas formas, estirar las piernas le hacía bien para descargar el nerviosismo y la tensión de la última media hora.

Caminaron un buen rato. A mitad de camino, David fue quien supo que habían olvidado algo.
― ¡La varita de Frederic!
Debía de estar tirada, aún, en el claro. Recordando el enfrentamiento con su amigo, pensó que volver por ella era una buena forma para recuperar su confianza. Claro que lo había salvado de una muerte segura, pero quizás a Frederic no le bastaría, si no podía volver a hacer buena magia (estos eran, claro, pensamientos de un chico de once años). Una varita cualquiera jamás consigue el mismo efecto que la correcta para el mago. Eso había dicho Ollivander.
Bane dudó un momento, pero cuando Harry le contó que David tenía la capa de invisibilidad (a lo que el centauro respondió con un nuevo arqueo de cejas), lo consintió.
― Ten cuidado. Nosotros vamos a llevar a Frederic a la enfermería lo más rápido que podamos. Si ves a Rodolphus, intenta aturdirlo y traerlo.
Fue lo único que le dijeron. Recordaba el camino, y la protección mágica no estaba más allí, así que no tendría mayores problemas para encontrarla.

David caminó y caminó, volviendo sobre sus pasos. No lo había notado, pero la compañía de uno de los magos más respetados de Inglaterra y la de un fuerte centauro eran muy acogedoras en ese lugar y momento. Pero ahora volvía a estar sólo. No se atrevió a encender su varita, y se guió con la luz nocturna que algunos árboles dejaban filtrar gracias a las hojas caídas. Aparentemente la tormenta había pasado.
Encontró el claro. Escudriñó el lugar con la mirada, y consiguió ver la varita de su amigo. Tenía una vista privilegiada.
Lentamente se fue acercando, mirando hacia todos lados. No había nadie allí, no había ningún ruido ajeno a la sinfonía forestal. No hasta que levantó la varita.
Rodolphus irrumpió en el claro. Aparentemente, estaba sorprendido puesto que la varita había desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Había estado mirándola desde un árbol cercano, escondiéndose de las criaturas del bosque. Pero a pesar del sobresalto, no tardó en reaccionar.
Un maleficio impactó a pocos centímetros de David. El chico se preguntó que pasaría si un hechizo tocase la capa. No quiso arriesgarse, por lo que caminó lo más rápido que pudo, pero tratando de no hacer ruido. Vio como Rodolphus miraba hacia todos lados. Y David, por no mirar donde pisaba, se delató. Había tropezado con una rama caída. La capa se le había deslizado hasta la cintura, por lo que Rodolphus pudo ver sus piernas. David se levantó lo más rápido que pudo para continuar la marcha, esta vez corriendo a más no poder, con Rodolphus persiguiéndolo por detrás.
Las hojas caídas no eran una ayuda, porque revelaban su paso. Sin embargo, aún con la capa a cuestas y las dificultades del terreno, era mucho más rápido que Rodolphus, quien sin duda debería estar rondando llegando al umbral de las ocho décadas.
Los maleficios pasaban zumbando a los lados de su cabeza. Como era alto, se encorvó lo más que pudo. Lamentándose por no haber hecho más ejercicio durante su vida normal, lo que le hubiese dado una mayor flexibilidad, siguió corriendo.
Después de una impresionante carrera, David sintió que sus piernas pesaban como plomo. Correr con la capa, que para colmo se enganchaba en las ramas, y con el corazón latiendo en la garganta, no parecía ser muy saludable. Se detuvo.
No se oían sonidos sospechosos cerca de allí. Ahora que lo pensaba, no sabía hacia donde había corrido. Podría haber estado, sin sospecharlo, en el corazón mismo del bosque. La capa ya empezaba a molestarlo, dificultando demasiado su paso. Decidió quitársela en cuanto tropezó por enésima vez, al menos hasta decidir que camino tomar.
Segundos después de volverse visible pudo captar con el rabillo de sus ojos una extraña luz verde. Una luz que avanzaba, y avanzaba hacia él, reflejada en los árboles. Pero no pudo reaccionar.

Una fuerte mano aferró su brazo izquierdo, y tiró de él, haciéndolo caer sentado en la extraña hierba del bosque. La otra mano de Mirtha le tapó la boca, amortiguando su grito de pánico.
La luz verde pasó justo por donde había estado él; estaba acompañada por un sonido, un sonido terrible, como un torrente que cortaba el aire. La maldición impactó muy cerca de allí, en el tronco de un árbol, que quedó reducido a astillas.
Cuando David vio quién lo estaba aferrando, se tranquilizó. Lentamente, Mirtha retiró la mano que cubría la boca de su alumno, y colocó uno de sus dedos de forma perpendicular a sus labios, con el tradicional gesto de silencio.
Rodolphus se detuvo justo donde había visto al chico. Dudó unos segundos. A David le pareció que los había visto. Pero luego desvió la vista, resopló, y se alejó.
― Gracias.
David tenía muchas preguntas que hacerle a su profesora, pero ese fue el único sonido que produjo durante varios minutos.

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20 Responses to “Capítulo 20: La Piedra de la Muerte”

  1. Isabella Says:

    Que capitulo tan raro… pero igual me gusto!!

  2. juan Says:

    vaya sorpresa, al final no era quien creía…

    no se por é pero creo que Mirtha va a tener mas peso en la historia del que creia, puesto que tengo una suposicion, y es que Harry le dejó la capa sobre todo sabiendo que eso ocurriria, y no encuentro nada extraño en este capitulo, lo único que me resulta ligeramente extraño es que Mirtha este en el bosque justo para ayudarlo…

    Pero bueno, tmbn creia que sabía quien era quien lo raptara y me equivoque ^^

    muy bueno el capitulo…

  3. Mary Says:

    Me gusto mucho, la historia esta cada vez mas interesante.

    Al parecer las reliquias de la muerte estan muy metidas en la historia.

    Espero el proximo capitulo…

    Saludos!!!

  4. Swhite Says:

    Esta muy bakano!! me ha gustado mucho! pero bueno… hay ciertas cosas que me intrigan… Segui escribiendo jejeje suerte

  5. Martín Says:

    Me gustó mucho el capítulo. Muy extraño y desconcertante, pero imagino que pronto se resolverán los enigmas que plantea.
    Saludos

  6. Durward Says:

    Gracias a todos por pasar.

    juan: Quizá no sea coincidencia que Mirtha haya estado allí… no olvides que ella también vio el Patronus…

  7. Enelya Says:

    excelente capítulo, ya tengo algunas ideas, pero no las mencionaré para no aruinarmen la sorpresa.

    eres muy buen escritor, sigue así que ya quiero saber más

  8. Candelia Says:

    Wow, no tengo más palabras, simplemente, no tengo palabras para expresar… ¡la genialidad de este capitulo! ¡me encanta! tengo todavía el vello erizado y los nervios a flor de piel, simplemente… Wow

  9. Durward Says:

    ¡Gracias por pasar y por los comentarios!

  10. lilly potter Says:

    hola!!!

    felicidades!! eres un excelente escritor!!
    te he dejado mis demas comentarios por el harrypotter.charmingday.com/foro

    espero sigas escribiendo muchas historias mas!!


  11. wtf!!! Que excelente capitulo… tengo el corazon en la mano!! Seguire rapido!!

  12. Sapey Says:

    que gran capítulo!!!

  13. horrocrux 7 Says:

    que gran capitulo ahora entiendo completamente quien es el visabuelo y la primera pista salio tantas veces y apenas estoy confirmando mis sospechas lo unico que todavia no entiendo es quie es esa tal Mirtha supongo que tiene algo que ver con el visabuelo, tambien comprendo la razon de los mortifagos de secuestrar a harry en el claro del bosque pero segun yo si su plan hubiera funcionado no habria mucha diferencia pues no seria en carne y hueso en fin muy buen capitulo eres un excelente escritor

  14. Marcelo Says:

    Excelente! Mortifagos vs David, y sin ninguna ventaja para los mortifagos! Woooooo! :D

  15. karla Says:

    ia se solo conozco un nombre con dos g y me parece k la varita esa la k tiene harry es la de sauco, no tiene mucha logica si lo vez suelto pero puede ser que como alguna vez le pertenecio a grindewald sea el el dueño del libro pero ia se me olvido como se llamaba la escuela que porsupesto debe tener algo que ver junto con el libro akel de los anagramas me imagino..
    o cielos me siento detective o minimo bella swan (otro personaje X)

  16. El Sauce Boxeador Says:

    UHHHH!!!
    excelente cap.


  17. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el anuncio del Mago Tags: David Harrison, harrison […]

  18. Victoire Weasley Says:

    Perdon pero vengo leyendo desde los primeros caprítulos y sincermente no entiendo mucho. ¿No se suponía quese llamaba la Piedra de la Resurreccion? ¿Y no se suponía que era en tercer año que los chicos tenían Cuidado de Criaturas Magicas, y era opcional?, porfa aclarenme las dudas porque aunque no llegué al final del cuento, voy un poco confundida.

  19. kendra Says:

    me encanta . estoy de acuerdo con Victorie de que as cometito algunos fallos

  20. kendra Says:

    me encanta . estoy de acuerdo con Victorie de que as cometido algunos fallos


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