Capítulo 21: Interrogatorio

3 febrero, 2008

Es imposible no decir que David se sintió aliviado en cuanto Rodolphus desapareció de la vista y ellos retomaron la marcha. Ahora se encontraba bajo la protección de la profesora, lo cual tendría que haberlo tranquilizado. Pero por alguna razón, David notaba un gran vacío en el estómago; le pareció captar rasgos de furia, alivio y temor a la ves en la cara de Mirtha.
Durante cinco minutos enteros pensó en la posibilidad de hacer aquella pregunta que tanto lo inquietaba. ¿Cómo había llegado ella ahí? ¿Por qué? David la había visto observando el lugar exacto en donde había estado aquel ciervo plateado, en los bordes del bosque… pero, ¿era ese motivo para que se internase en el Bosque Prohibido?

Pensó que lo mejor era guardar silencio, así que continuó caminando. Por los pasos que daban, a David le pareció que no se dirigían en línea recta hacia el castillo, sino que estaban caminando en forma de semicírculo, como si su profesora temiera toparse con algo o alguien. Claro, Rodolphus aún debía de estar en el bosque esperando a David.
Aprovechó el retraso para elaborar una buena explicación que, sin duda, le exigiría su directora. Al fin de cuentas, había hecho algo bueno… al final.

Por fin salieron de aquel mar de oscuridad y se dirigieron a la gran puerta. Mirtha miraba nerviosamente hacia todos lados (incluso hacia atrás). Tenía su mano apretada fuertemente sobre el hombro derecho de David (ahora ella caminaba tras él), y eso le servía al chico para adivinar su estado emotivo. En cuanto se encontraron a pocos metros de la puerta la tensión se aflojó radicalmente, y supo que su profesora se había tranquilizado.

Entraron a un castillo totalmente desierto. No había nadie en el Gran Vestíbulo. Mirtha condujo a su alumno hasta la oficina del director. Los retratos que adornaban las paredes de los pasillos, frías en la noche, los miraban con atención; algunos fruncían el entrecejo.
La profesora pronunció la clave secreta, no sin antes tapar los oídos de su alumno, y la gárgola de la entrada les permitió el paso. Posaron sus pies sobre el tercer escalón que surgió desde el suelo, y la escalera de caracol los dejó frente a la oficina de la directora en cuestión de segundos.

La directora se abalanzó sobre ellos en cuanto entraron, con sus ojos bien abiertos. Su respiración era entrecortada, y las palabras que intentaba enhebrar se veían interrumpidas por prolongadas inspiraciones y exhalaciones cada dos o tres sílabas. Se dirigió a David.
― Tú… loco… castigo… dormir… ¡ahora!
Los retratos de los ex directores murmuraban lo suficientemente alto para que David los oiga; palabras de reprobación y desconformidad llenaban la habitación. Phineas Nigellus contaba con lujo de detalles, a todo aquel que quisiera oírlo, cuáles serían los métodos de tortura que hubiese utilizado él antes de expulsar a David del colegio. Intimidado, el chico buscó el retrato del hombre barbudo casi instintivamente.
El anciano lo miraba por sobre los anteojos de medialuna, pero no parecía disgustado. David llegó a pensar que la situación le resultaba divertida. Dumbledore le guiñó un ojo, y luego se sobresaltó como todos los presentes (retratos incluidos) cuando el grito inundó la habitación.
― ¡AHORA!
La directora, con su centenar de años a cuestas, no podría haber emitido un rugido más violento y potente.
Acató la orden sin siquiera atreverse a dudar. Bajó rápidamente la escalera de caracol, pasó junto a la gárgola y se topó con Harry.

― ¿Donde está Frederic?
Lo dijo casi inconscientemente. Recordó que tenía la varita de su amigo en el bolsillo de la túnica, y que a la vez le debía una buena disculpa.
― En la enfermería… Una noche de buenos cuidados y quedará como nuevo… al menos eso dijo la enfermera.
David se tranquilizó, y escuchó a Harry, que pensaba en voz alta.
Si fuese Madame Pomfrey lo dejaría allí hasta que cumpliese un par de siglos
― ¿Qué?
― ¿Ah? Nada, nada… Bueno, voy a explicarle a McGonagall lo que pasó realmente, a ver si te disminuyen un poco el castigo -Harry se rió entre dientes pero a David no pareció hacerle ninguna gracia, por lo que agregó al instante-. Ese tal Rupert está bien vigilado, así que seguramente querrán interrogarlo más tarde. Tengo entendido que enviaron una lechuza al Ministerio, y el ministro viene en camino… Yo recién vengo de enviar un lechuza a mi familia.
Se alejó lentamente y giró su cabeza.
― ¡Gracias!
Sus padres le habían enseñado muy bien que la respuesta correcta a esa palabra era De nada, pero hizo una excepción a la regla.
― ¿Por qué me dejaste la capa?
― Eh… ¡Después te explico!
Se alejó casi al trote y David vio como subía por la escalera de caracol. Él, por su parte, decidió que lo mejor era irse a dormir, a ver si conseguía olvidar todo lo sucedido en las últimas cuarenta y ocho horas.
Caminó, subió una escalera, luego otra; esperó que la siguiente volviera a su posición original y también la recorrió.
Por fin llegó al retrato de la Dama Gorda, que se molestó por haber sido despertada a esa hora de la madrugada.
― Espada de Godric.
― Si vuelves a llegar a esta hora, la usaré para rebanarte la cabeza.
El retrato se corrió y David pudo entrar en la Sala Común; como esperaba, estaba desierta. Se sintió tentado a tomar asiento en uno de los cómodos sillones, junto al inextinguible fuego, pero comprendió que el día siguiente sería bastante agitado.
Subió las escaleras y entró al dormitorio de los chicos. Se desvistió y se metió en las sábanas. Charlie dio un gran ronquido y Frank se revolvió entre sueños. David sonrió, giró sobre si mismo y se durmió, mientras un hilo de baba caía sobre su almohada.

Una hora después después, mientras David dormía apaciblemente (a pesar de la sinfonía compuesta por su mejor amigo) había mucha gente reunida en una pequeña sala del castillo.
Efectivamente, el ministro había venido a ver que sucedía. Saludó a Harry con alegría y guardó silencio. En el corazón de la sala había una persona atada mágicamente a una silla, pero aún así forcejeaba. Rupert era consciente que estaba captando la mirada de todos los presentes, y eso no le gustaba nada. Posiblemente porque sabía lo que le esperaba: una linda, decorada y cómoda celda en Azkaban.
― ¿No vas a decir nada?
McGonagall intentaba mostrarse diplomática. Sabía que era la única forma de tratar con alguien así.
― No.
― Colaborar te ayudaría a reducir la pena. Estoy seguro que no vas a estar muy a gusto en Azka…
― No es asunto suyo, vieja arpía.
El comentario hirió claramente el orgullo de la profesora, quien retrocedió con un fuerte bufido.
― Traigan el Veritaserum.
El celador buscó la pequeña botella que había en una mesa detrás de los presentes. La tomó con ambas manos y, con precaución, la depositó en las de la directora.
McGonagall dio un golpecito con la varita en la tapa de la botella, que salió despedida. Se acercó a Rupert e intentó hacer que tragara unas gotas. No le fue fácil, pues él se defendía con toda la fuerza que sus mandíbulas se lo permitían. Después de una ardua lucha consiguió morder a la directora, que gritó de dolor.
― ¡Petrificus Totalus!
El profesor Johanson no tardó en reaccionar. La directora retiró el dedo machucado, y vio que los labios de Rupert estaban lo suficientemente separados como para hacerle tragar la poción.
Con cuidado introdujo una cantidad considerable de Veritaserum, y luego le quitaron el maleficio. Rupert intentó escupir el líquido de la verdad, pero tenía demasiado en la boca, así que lo tragó involuntariamente. Demostró un aspecto de somnolencia durante unos segundos, antes de enderezarse y que sus ojos tomaran una expresión de ausencia.
Así, la directora comenzó el interrogatorio.
― ¿Nombre?
― Rupert.
― Nombre y apellido…
― Rupert McFly.
Algunos de los presentes se revolvieron y susurraron. Conocían poco a Mirtha… Ella no les había mencionado ningún hermano, pero el apellido daba qué pensar.
― ¿Es usted responsable del secuestro de Harry Potter?
― Sí.
― ¿Puedo…?
Harry también estaba en la habitación. Dio un paso al frente y se dirigió a la directora.
― ¿Puedo preguntar algo yo?
― Adelante -confirmó McGonagall.
― ¿Está rota mi varita?
― Sí.
― ¿Dónde están los trozos que quedaron de ella?
― Los tengo yo.
Harry estaba seguro de que aquella persona no tenía su varita, pero sin embargo se acercó y lo palpó. Para su sorpresa, sintió el tacto de dos trozos de algo que parecía una vara. Metió su mano en el bolsillo y los retiró. En efecto, estaba partida por la mitad.
― Podrías llevarla de Ollivander y…
― No será necesario, continúe directora.
Harry sacó la Varita de Saúco y con ella reparó su varita de pluma de fénix, como ya lo había hecho en una ocasión. Dejó la legendaria varita sobre la mesa mientras examinaba con cariño la otra.
― ¿Para qué lo secuestraron?
― Para encontrar la Piedra de la Resurrección.
Otros susurros y roces entre los presentes.
― ¿Para qué querías la piedra de resurrección?
― Yo no quería la piedra de resurrección. Rodolphus la quería.
― ¿Rodolphus? ¿Rodolphus Lestrange? -la pregunta no sólo la hizo la directora, sino la mayoría de los presentes.
― Sí.
― Me olvidé de ese detalle… -se disculpó Harry.
― ¿Donde está él?
― No lo sé.
― ¿Para qué quería Rodolphus la Piedra de la Resurrección? ¿Para traer a Vol…?
― No, para traer a su esposa.
― ¿Bellatrix? ¿Sabe Rodolphus que la Piedra no revive a los muertos, sino que crea un simple eco de ellos?
― Sí, pero quería explicarle. Él quería que ella entendiera, aunque ya sabía que entendería. Quería escuchar su opinión y la felicitación de su esposa. Sólo funciona con una persona.
― ¿Qué es lo qué funciona con una persona?
Una fuerte explosión dentro del castillo ahogó la respuesta de Rupert y la expectativa de todos los demás.
Los presentes se retiraron, alarmados y con su varita en alto.

La pequeña sala quedó desierta. Tan sólo aquel hombre atado a la silla la habitaba, aunque su expresión era de una ausencia total.
Pero otra persona entró. Una lágrima caía de su ojo izquierda, y otra se dejaba ver en el derecho. Con paso rápido tomó la varita que había en la mesa. La reconoció al instante, y se amargó por no poder llevársela.
― Sé que entenderías… ¿Entenderías?
Por algún extraño motivo, Rupert no respondió. Quizá en el fondo sabía lo que pasaría a continuación.
― Los siento, de verdad lo siento… Sé que hubieses hecho lo mismo. Avada Kedavra.
La luz verde inundó la habitación y desde aquel momento los ojos de Rupert conservarían esa expresión para siempre.

― ¿Suicidio? ¿Cómo suicidio? ¡Le di Veritaserum como para un par de horas!
― Tranquilízate, Minerva. Lo hecho, hecho está. El último hechizo lanzado con esta varita -levantó la Varita de Saúco, aunque seguramente sin reconocerla-, fue la maldición asesina. Mira, el cuerpo de Rupert sale de ella.
― Si pudo atraer la varita, lo cual dudo mucho pues estoy segura de haberle dado demasiado Veritaserum, ¿por qué no la utilizó para liberarse?
Nadie pudo responder esa pregunta, aunque algunos susurraron por lo bajo: “Estaba loco”.
― Supongo que es culpa mía… La historia sobre esta varita es verdadera… Tan sólo unas semanas fuera de su lugar y ya causa problemas.
Los demás lo miraron incrédulos.
― ¿A qué se refiere?
― No importa, no importa, olvídenlo. Voy a devolverla a su lugar original.
― Un momento…
McGonagall se acercó a Harry con aire de incredulidad. Colocó sus ojos a escasos centímetros de la varita y la analizó por unos segundos.
― Estoy seguro de haber visto esta varita antes.
― No le quepa la menor duda -contestó Harry.
― Voy a tener que consultar mi pensadero… En todo caso, ya no importa… Perdimos un testimonio que quizá…
Kinglsey la interrumpió, haciendo fama a su condición de tranquilizador:
― De todas formas, no era un testimonio muy importante, ¿no? Lestrange quería la piedra para decirle algo a su difunta esposa. Supongo que también está un poco loco.
― Sí, era muy importante -replicó Harry.
Se retiró, cerrando la puerta tras él, y luego continuó para sí mismo:
― Aclararía muchas cosas.

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19 Responses to “Capítulo 21: Interrogatorio”

  1. juan Says:

    interesante capitulo…

    espero con impaciencia a que Harry le explique por fin el porque de k le dejase la capa… me tiene muy intrigado ^^

  2. Candelia Says:

    Wow wow, que interesante! la verdad que ya no se me ocurre como puede continuar este relato… yo creia que era para traer a Voldemort!! Por que querria hablar con Bellatrix? por que le dio la capa?? quien era el chico rubio?? ( creo que esta ultima la se, pero me gusrdo mis conjeturas ) quien era su bisabuelo?? ( vuelvo a guardarme las suposicionesXD ) Mirtha es familia de Rupert?? esta Mirth de parte del lado oscuro?? madre mia, me va a rebentar la cabeza!!XDXD
    Me gusto mucho, sigue asi!!

    PD: Por cierto, me encanto el articulo de “Guía para empezar un fan-fic” seguiré tus consejos para mi proximo fic^^
    Kisses
    Cande

  3. Anónimo Says:

    Que buen capítulo… Sigue así…

  4. Enelya Says:

    está muy interesante, please continúale.

  5. Isabella Says:

    Wow.. Que expectante nos deja a todos este capítulo… uno se queda con dudas… jajaja pero te quedo muy bueno… te felicito!!

  6. Durward Says:

    Muchas gracias a todos por pasar.

    Les digo la verdad, no me gustó mucho como me quedó, hasta pensé en escribirlo de nuevo. No me gusta la forma en que narré los hechos, pero bueno me sirve para otra ocasión.

  7. Enelya Says:

    todo es práctica y experiencia. Tal vez luego puedas reescribirlo hasts que te guste. Pero incluso Rowling a estas altusas de su vida tiene el sentimiento de que pudo haber escrito sus libros de una forma diferente.

  8. Swhite Says:

    parcero, cada vez esta mejor, felicitaciones… me tenes amarrado a la historia

  9. Martín Says:

    Nunca hubiese imaginado que un mago podría suicidarse con un AK. Es cierto que Rupert no se suicidó, pero el hecho de que Kingsley y los demás crean que sí lo hizo parece indicar que suele suceder. Yo imaginaba que la varita se rehusaría a matar a su propio amo en una situación como esa.
    Muy buen capítulo.

  10. Durward Says:

    Martín: eso es muy posible, aunque yo creo que la varita está destinada a servir a su amo, y sólo se opone a sus ordenes ante su varita hermana.

    Para hacer un maleficio imperdonable hay que tener determinación, desear lo que se va a hacer… quizá Rupert en una situación como esa se hubiese suicidado, pero nunca lo sabremos.

  11. silviallison Says:

    UOHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Ahora ya entiendo bastantes más cosas!!!!

    Lo que no puedo imaginar es porqué Harry le deja la capa a David. Sigue pronto y asi me enteraré!!!

    SIGUE Asi!!!!!!

    ***S.i.L.***


  12. :O Seguire leyendo, xq no entiendo nada :P

  13. Sapey Says:

    interesante capítulo

  14. Marcelo Says:

    Yo no entendí lo de Rodolphus, pero si algo si entiendo, es por qué le dejo la capa. Buenisimo el capitulo, como es habitual.

  15. karla Says:

    o dios…
    haber, no se muy bien en que punto me perdi, y tampoco se si me perdi del todo… se que lo tenian secuestrado ese rupert y el rodolphus, el primero es algun tipo de pariente de mirtha pero mirtha lo mato por algo que hizo o por algo que no hizo, lo que me hace dudar del badno en el que ponerla,pero tambien esta eso de aclararia muchas cosas, y pues de eso no se muy bien k pensar asi k mejor me paso al otro capitulo…


  16. muy buen capi.
    de que lado esta mirta


  17. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el anuncio del Mago Tags: David Harrison, harrison […]

  18. Leon Says:

    APESTA!!!

    Llevo rato leyendo tu fic y pense que en algun momento se pondria interesante (por lo menos la redacción).

    No necesito que me lo digas: VOY A DEJAR DE LEERLO.

  19. Victoire Weasley Says:

    No entiendo nada, quien fue el o la que entro en la sala despues de la explosion y porque fue la explosion? Y para que quería rodolphus hablar con bellatrix, crei que era para hablar con voldemort!!???


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