Capítulo 23: La suerte de Steve

11 febrero, 2008

Si bien la declaración de Harry desconcertó (y asustó) a David, éste no tuvo mucho tiempo para pensar en eso: los exámenes finales estaban más cerca que nunca; tan solo tres días con sus noches lo separaban de su primer examen, el de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Es cierto que los de primer año no analizaban animales muy complejos en esa asignatura, pero estudiar cada una de las características y propiedades de las criaturas con las que habían tenido contacto era realmente tedioso. No obstante, gozaban de la ventaja de contar con un fin de semana entero antes de la prueba, por lo que tendrían tiempo de sobra para dedicarlo al estudio.
Pero había algo que calentaba los corazones de todos y animaba hasta al más triste: el último partido de Quidditch del año. Y no era cualquier partido, sino el que generaba mayor expectativa y entusiasmo: Gryffindor frente a Slytherin. La categoría de ese enfrentamiento, sumado a que con él se definiría el ganador de la copa, convertía ese partido en un evento que realmente no valía la pena perderse por nada en el mundo.

― ¿Quién crees que ganará? -preguntó Charlie a David en la tarde del viernes, mientras estudiaban en la sala común.
― Gryffindor no hizo una buena campaña este año -interrumpió Silvia, y al ver que recibía miradas de incredulidad, agregó-. Es decir, llegamos con posibilidades al último partido… pero sé que en los años anteriores obtuvimos mejores resultados, y además creo que este equipo no da la talla… no olviden que el último partido lo ganamos simplemente porque una Bludger estuvo a punto de llevarse a pasear la cabeza del buscador de Hufflepuff…
― Quizás eso se debió a que nuestro buscador la esquivó a tiempo y con gran habilidad -reprochó David.
― Y tal vez eso fue porque Batters, el que golpeó esa Bludger, le gritó a Steve justo a tiempo. Y hablando de Steve, cuando digo que en años anteriores obtuvimos mejores resultados, me refiero a que contábamos con la mejor buscadora que ha visto Hogwarts en años: la chica Potter. Me lo dijo mi hermana: era imposible que no viera la Snitch en menos de cinco minutos… Imaginen que los buscadores de otros equipos no se perdían ninguno de sus movimientos.
― ¿De qué lado estás? -inquirió Frank, que había permanecido en silencio con la nariz pegada al libro de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Silvia hizo caso omiso de ese comentario, y se dedicó a leer atentamente su ejemplar de aquel libro. Frank, Charlie y David intercambiaron una mirada cómplice, pusieron los ojos en blanco y rieron por lo bajo. David, que hacía al menos diez minutos que paseaba los ojos por el mismo párrafo, se dio por vencido. Al fin y al cabo sabía lo suficiente como para aprobar el examen, y de todas formas aún dispondía de todo el sábado y el domingo para seguir intentando.

― ¿Saben algo? Creo que me salteé una página del libro, justo después de las curiosidades sobre los…
― Ya, basta -interrumpió Frank. Estaba pálido como la nieve, y escuchar hablar a Silvia como si olvidarse de una página fuese a hacerla reprobar le revolvía el estómago. Charlie caminaba mientras un trozo de pergamino, en el que había anotado las cosas que más le costaban, flotaba frente a sus ojos.
Los cuatro amigos se detuvieron frente a la cabaña de Hagrid, el guardabosque y profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas. Como lo esperaban, había pequeños bancos al aire libre, donde harían sus exámenes. Hagrid era un amante de la naturaleza, y sufría una gran debilidad por las criaturas mágicas. Cuanto más peligroso fuera un animal, más le gustaba al guardabosque. Sin embargo, su avanzada edad comenzaba a impedirle hacer aquellas largas incursiones por el Bosque Prohibido, como las que hiciera en años anteriores.
― ¡Bienvenidos, chicos! ¿Están nerviosos? ¡No se preocupen, el examen no será difícil! -los saludó Hagrid, con su habitual alegría.
David miró hacia un pequeño grupo de alumnos y alumnas de Slytherin. Durante unos gloriosos segundos, contempló con gran satisfacción a Nicholas Ralph. Leía su libro y apuntes a tanta velocidad que podía sospecharse, sin temor a la equivocación, que no había dedicado mucho tiempo al estudio; con una gran sonrisa en sus labios, le dio un leve golpe a Charlie para que mirara.
― Si nosotros no aprobamos, seguro que él tampoco -aventuró su amigo.

El examen, comprobando la afirmación de Hagrid, no fue difícil. Casi todas las preguntas se centraban en los Bowtruckles, unas criaturas pacíficas a menos que se ataque el árbol que habitan. Mientras volvían al castillo, David, Charlie y Silvia sospechaban que a Hagrid no le hacía gracia malgastar tiempo de su materia en esas criaturas… ya se imaginaban lo que les esperaría el año siguiente.
― Se rumorea que le gustan los dragones, y no me gustaría tener que darle de comer a uno de ellos -indicó Silvia, después de que Frank se unió a ellos. Parecía más tranquilo.
― Sí, especialmente si su comida somos nosotros -completó.
― De todas formas, no creo que el Ministerio le permita traer criaturas muy peligrosas a las clases, al menos no a las clases de los cursos menores… ¿se imaginan que como examen final nos haga criar una acromántula?
― ¿Eso que es?
― Es una araña gigante, y muy peligrosa.
A ninguno le hacía mucha gracia imaginarse lidiando con una colonia de gigantes arañas carnívoras, así que desviaron el tema rápidamente.
― Mañana tenemos el examen de Encantamientos -dijo Silvia-. El miércoles es posible que la profesora McGonagall nos tome el de Transformaciones…
― Si es que no estira la pata antes -agregó Charlie entre risas.
― Calla… El jueves Herbología… Voy a hablar con Neville, para pedirle que postergue el examen, ya tenemos demasiado esta semana…
― ¿Por qué no lo hace Frank?
Al fin y al cabo, Frank era hijo de Neville Longbottom, el profesor de Herbología.
― No creo que sea indicado que su hijo valla a pedírselo; la directora y los profesores podrían pensar mal.
Todos asintieron con un movimiento de cabeza.
― ¿Y qué hay de Defensa contra las Artes Oscuras? -preguntó David.
― Ah, es verdad… Bueno, hmm, no creo que logremos que el profesor Johanson nos tenga consideración.
― ¿Por qué? -inquirió-. A mi me parece un buen profesor, y no es mala persona.
― Claro que no es mala persona, pero ya saben que es muy estricto con respecto a las fechas de los exámenes.
― Entonces no hay más remedio que estudiar… -dijo Charlie, desilusionado.
― A mi no me molesta, es una materia que me atrae mucho. Ya saben, enfrentarse a magos tenebrosos y esas cosas.
Tal vez era porque no lo conocían a fondo, pero ninguno hubiese pensado que esa declaración venía de la boca de Frank Longbottom. Lo miraron con incredulidad durante una fracción de segundo.
― ¿Qué, a ustedes no? -preguntó, como si el hecho de no apreciar esa materia te convirtiera en la persona más anormal del mundo.
― Por supuesto que sí -dijo David, y Charlie lo imitó.
― Claro que es interesante, pero no me gustaría estar frente a un mago tenebroso -se atajó Silvia.
― ¿Eres una Gryffindor o no?
― ¡Y el miércoles es el partido de Quidditch! -se apresuró a decir David, antes de que Silvia y Charlie comenzaran a pelearse. Obviamente, hasta Barrabás el Chiflado (y los trolls que lo golpeaban mientras intentaba enseñarles a bailar ballet) sabían que el miércoles era el partido más importante de toda la temporada.
En ese momento, Nicholas pasó por ahí y caminó a la par de ellos. Para sorpresa de los cuatro amigos, no les dijo nada para hacerlos enfurecer (aunque en realidad hacía mucho que no se metía con David). Movía sus ojos por las páginas del libro de Cuidado de Criaturas Mágicas, y de vez en cuando hacía una mueca de dolor, que los amigos interpretaban como una clara muestra de que se había equivocado en algo.
― ¿Qué creen que pase si no aprobamos?
Había girado la cabeza hacia ellos, interesado, en busca de una palabra de consuelo. En cuanto vio quienes eran los destinatarios de sus palabras, se sonrojó un poco, intentando en vano ocultar su sorpresa.
― Dicen que te envían a una colonia de acromántulas.
Demasiado avergonzado y humillado, Nicholas aceleró el paso. David respingó el rostro con satisfacción.

Después del almuerzo, Silvia cumplió su palabra y fue a hablar con Neville. Consiguió postergar el examen final, que quedó para la semana siguiente. Un examen menos era un gran alivio para todos los alumnos de primero, que aseguraban que si no morían por agotamiento cerebral durante esa semana, nunca lo harían. Posiblemente era porque no sabía lo que les esperaba en los tres últimos años.

Al otro día tuvo lugar el examen de encantamientos, y, aunque Frank falló en varias preguntas, los cuatro estaban seguros de que aprobarían. Pero no pensaron en ello durante mucho tiempo (especialmente los varones), porque el partido de Quidditch estaba a punto de llegar.

Por fin se esfumó el martes. El miércoles se mostró claro y despejado. En cuanto ingresaron al Gran Comedor para desayunar, percibieron un ambiente que rebosaba excitación. La entrada de cualquier miembro del equipo de Gryffindor venía acompañada por una serie de silbidos que venían de la mesa de Slytherin, pero eran fácilmente opacados por la gran ola de aplausos provenientes de las otras tres mesas. Era sabido que la mayoría de los ocupantes de Hogwarts prefería que se consagrara un equipo de elfos domésticos antes que ver victoriosos a los de Slytherin.
Después del desayuno, todos los estudiantes se dirigieron al campo de Quidditch. Habría un espacio de cuarenta y cinco minutos antes del comienzo del partido, para que el organismo de los jugadores pudiesen completar el proceso de digestión (algo que no era muy sencillo cuando los nervios y la tensión estaban en un punto tan alto).

Muy pronto, las gradas del estadio de Quidditch de Hogwarts se vieron repletas. Daba la impresión de que no cabía un alfiler.
El lugar ocupado por los estudiantes de Slytherin parecía un gran mar de color verde y plata. Frente a ellos, grandes sectores de rojo y dorado indicaban la presencia de Gryffindor. Ravenclaw y Hufflepuff apenas si podían hacer notar su presencia.
En cuanto los protagonistas del partido pisaron el terreno de juego, una gran ola de vítores descendió desde las tribunas. Como los primeros en salir fueron los del equipo de Gryffindor, los presenten que mostraban los colores de Slytherin profirieron silbidos, pero nuevamente fueron opacados (exáctamente como en el Gran Comedor).
La voz del comentarista resonó por todo el estadio, ampliada a través de un megáfono mágico.
― ¡Y los equipos entran a la cancha! ¡Gryffindor entra primero, precediendo a los perdedores de Slytherin!
― ¡Jordan!
Leigh Jordan, un alumno de Gryffindor de cuarto año, era el relator habitual de los partidos que tenían lugar por el torneo de Quidditch de Hogwarts. Su padre, Lee Jordan, había hecho lo mismo durante su estancia en el colegio. Al parecer era un don que Lee le había conferido a su hijo.
― Perdón, señora -se disculpó Leigh, aunque no parecía haber ni una pizca de arrepentimiento en él-. ¡Ahí está Gryffindor! A la cabeza el guardián del equipo: ¡Dennis Kingston!; ¡Lo siguen Sandra Gordon y los hermanos Peasey: Eugene y Joanne!… grandes cazadores para el equipo de Gryffindor… ¡Y ahí están los bateadores: Troy Grant y Christian Batters, quien hizo una magistral jugada con una Bludger el partido pasado, esperemos que se repita!
― ¡Jordan!
― ¡Es sólo una observación, señora directora! Y por allí viene Steve Skinner, ¡el buscador! Muchos se animan a decir que a esta altura ya juega mejor que Lily Potter; a ellos les digo: es posible, ¡pero él no es ni la mitad de linda! Y ahí viene el equipo de Slytherin. Me niego a nombrarlos, ¡porque son todos muy feos!
La risa general (exceptuando la del mar verde y plata) eclipsó el “¡Jordan! ¡SEÑOR JORDAN!” de la directora McGonagall. Ella misma se encargaba de supervisar a Leigh, aunque como imaginarán no tenía mucho éxito.
El equipo de Gryffindor estaba constituido por jugadores muy jóvenes: el mayor, Eugene Peasey (que además era el capitán), cursaba en aquel momento el cuarto año.
Los jugadores se reunieron en el centro del campo. Eduard Johanson, quien además de ser casi un experto en la defensa contra las oscuras artes, tenía una gran capacidad para manejar las escobas voladoras, por lo que hacía las veces de árbitro.
― Capitanes, estrechen sus manos -dijo.
Eugene y un chico moreno de pelo alborotado se acercaron. Se apellidaba Boscawen, era el buscador de Slytherin y, cuando sonreía, dejaba ver tres dientes de plata (algo muy frecuente, pero no por su buen humor, sino que más bien dejaba ver la malicia de aquella persona). Cuando se estrecharon la mano, Boscawen apretó mucho la suya, pero la retiró al instante. Con rabia, vio como emanaba un espeso humo de la palma de su mano, y el guante especial que utilizaba en todos los partidos se agujereaba. Eugene sonreía con satisfacción.
― ¡Un encantamiento de Calor Temporal! ¡Muy ingenioso, Peasey!
La profesora McGonagall no le reprochó el comentario. Estaba sorprendida y orgullosa por lo que acababa de hacer un miembro de la que durante tanto tiempo fuera su casa.
― Cada uno a su puesto -indicó el profesor Johanson-. A la cuenta de tres. Uno, dos…
El silbato de árbitro resonó en el estadio y la multitud rugió como si de una gran manada de leones se tratase. Los jugadores se elevaron en sus escobas y las pelotas los siguieron: La Quaffle quedó rápidamente a merced de Sandra Gordon; las Bludgers salieron disparadas, persiguiendo a los jugadores.
Pero lo que buscaba David era aquella pelotita dorada: la vio por un segundo, cuando ésta salió de la caja donde se acostumbraba guardar las pelotas. Pero de un momento a otro ya no estaba allí.
De inmediato, la voz ampliada de Leigh Jordan comenzó a transformar en palabras lo que todos veían.
― ¡Comienza el partido! La Quaffle en posesión de Gordon. ¡Vamos, Sandra! Gordon le pasa la Quaffle a Eugene Peasey, Eugene que la tira para… ¡No! Ha sido solo un amague, y Eugene sigue avanzando… Se enfrenta a Flint, lo elude… ¡Eeeeehhhh! ¡Eso ha sido falta!
Todo el estadio, excepto los alumnos de Slytherin, profirieron un gran suspiro de indignación. Daniel Flint había intentado derribar a Eugene Peasey de un codazo. Flint era hijo de Marcus Flint, quien fuera quizás uno de los jugadores más sucios que haya pisado el campo de Quidditch de Hogwarts. Cursaba el último año, por lo que era mucho más fornido que sus rivales.
― ¡Falta! -gritó el profesor Johanson después de hacer sonar su silbato. Obligó a Flint a pedirle disculpas a Peasey y a su nariz sangrante.
La hermana de Eugene, Joanne, se ocupó del lanzamiento y lo convirtió en los primeros diez puntos para Gryffindor. Uno de los alumnos con conocimientos más avanzados hizo aparecer una especie de holograma de un león que rugía de verdad sobre el estadio.
― ¡Bien hecho, Joanne! -la felicitó Leigh-. Con respecto a Batters, me imagino que ya tiene decidido a quien destinará la primera Bludger que se cruce por su camino…
― ¡Jordan!
― ¡Es sólo un consejo!
David buscó inmediatamente a Christian Batters con su mirada: sonreía y asentía con la cabeza, mientras frotaba sus manos alrededor del bate; su mirada seguía los movimientos de Daniel Flint.
El partido se desarrollaba a un ritmo endiablado: en los primeros quince minutos, Gryffindor había pasado a la delantera cuatro veces, y las cuatro veces Slytherin había empatado. Arriba, sobre las cabezas de todos, Steve Skinner y Boscawen escudriñaban el campo en busca de la Snitch: si las cosas seguían así, el primero que la atrapase se guardaría la victoria en el bolsillo.
En cuanto a los bateadores de Gryffindor, tenían un objetivo principal cada uno: Batters luchaba a todo pulmón para poder darle un buen golpe de Bludger a Flint, en el centro de la cara. Por otro lado, Troy Grant ponía todo su empeño en derribar a Boscawen, previendo lo que ocurriría si el buscador de Slytherin atrapaba la Snitch: perderían el partido, la copa de Quidditch, y se ganarían la burla del equipo rival mientras permanecieran en Hogwarts. Sin embargo, acertarle era casi una utopía: Boscawen se movía muy rápidamente, y más de una vez eludió la Bludger de Grant justo a tiempo para que ésta se dirigiera a Skinner, quien la esquivaba a duras penas. Steve Skinner era dos años mayor que David (cursaba el tercer año), pero este era el primer año en que jugaba para su casa. Lily Potter, quien se había recibido en el curso anterior, había conseguido mantener la copa de Quidditch en poder de Gryffindor durante seis años seguidos. Skinner tenía una gran habilidad y visión, pero los nervios se lo comían. Era probable que las palabras de Silvia fuesen verdaderas: Gryffindor había tenido suerte en casi todos los partidos.
Por primera vez en el partido, Slytherin estaba a punto de pasar a llevar la delantera en el marcador; David siguió la trayectoria del cazador hasta que éste eludió a Kingston, el guardián de Gryffindor. Justo cuando la pelota estaba por entrar en el aro central, Silvia le dio un golpe en las costillas, después de varios intentos fallidos de acaparar su atención mediante susurros.
Los miembros de Slytherin estallaron en vítores. Pero para la sorpresa de los demás, los estudiantes de Ravenclaw también se habían puesto de pie. Sin embargo no parecían contentos, sino asustados y sorprendidos. Formaron una especie de círculo alrededor de una persona que estaba tendida boca abajo en el centro del mismo. Para reconocerlo, a David, Frank y Charlie no les hizo falta que Silvia dijese, con voz aterrada:
― ¡Es Frederic!
La tribuna pintada de verde volvió a estallar. Habían convertido otro tanto, aprovechando que más de la mitad del equipo de Gryffindor se había acercado volando a ver que pasaba. Eugene Peasey, junto a Dennis Kingston, parecían indignados con su equipo.
― ¡Vuelvan aquí! -les gritaron. Eugene giró para quedar de cara a los profesores-. ¡Esto es trabajo de ustedes, ocúpense, por favor! -y luego, volviendo a centrar su atención en los miembros de su equipo, que habían descendido hasta la tribuna de Ravenclaw, les dijo:- ¡El que no esté aquí en veinte segundos estará disfrutando de su último partido!
Hicieron caso inmediatamente. David, sintiéndose impotente, miró hacia el palco de profesores. La profesora McGonagall se había puesto de pie y caminaba con cierta dificultad para acudir en auxilio de Frederic, pero Mirtha se incorporó, le susurró algo al oído, y fue ella quien se dirigió a la tribuna de Ravenclaw.
Mirtha tomó a Frederic en brazos, le tomó el pulso y levantó el pulgar hacia la directora, que mostró un poco más de alivio. Acto seguido, se llevó a Frederic al hospital.
El partido retomó su curso. Los buscadores seguían sin diferenciar la Snitch ante aquella inmensidad, así que descendieron un poco, girando en círculos.
Pero Skinner dio una muestra más de su inexperiencia: oyó un grito que provenía de su espalda. Inocentemente, giró sobre sí mismo, para ver la cara de uno de los bateadores de Slytherin, cuyo rostro mostraba un dejo de malicia y triunfo. Lo comprendió antes de que sucediera: una Bludger, que parecía haber tomado impulso desde cientos de kilómetros, lo golpeó en el centro de la espalda, haciéndolo caer de la escoba.
Todos ahogaron un grito mientras el chico caía desde varios metros de altura, boca abajo. Agitaba sus brazos con desesperación. El profesor Johanson intentó detenerlo, pero falló: se hallaba muy lejos de allí.
Y entonces, de pronto, una de las manos (que batían el aire con fuerza, como si intentasen nadar en el aire) se elevó por un instante hasta la altura de su cara. La expresión de miedo, si bien no se esfumó totalmente, se mezcló con una muestra de júbilo. Emitió una sonora carcajada segundos después de que Joanne Peasey lo atrapara a escasos metros del suelo. La sonrisa no tardó en transferirse a Joanne. Cuando se elevaron y pasaron frente a él, David vio que Steve aferraba en alto algo pequeño y dorado.

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17 Responses to “Capítulo 23: La suerte de Steve”

  1. Txelleta Says:

    ¡Qué partido más vibrante! Y ahora aparece Frederic… un poco extraño todo… Ya no sé nunca con qué nos vas a sorprender.

    Enhorabuena!!

  2. juan Says:

    ajajja, que suerte, nunca mejor dicho…

    lo que paso con frederic va a traer consecuencias o solo fue un detalle mas del capitulo??

  3. Durward Says:

    Por supuesto que va a tener consecuencias… una muy grande.

  4. Candelia Says:

    Uff, yo la verdad, me perdí un pocoXD ¡pero me encontré, y al final disfruté mucho del capítulo! ¡pobrecito Frederich! no sé cómo, ¡pero siempre se lleva la peor parte!a ver que le ocurre al final… ¡y que consecuencias tendrá!
    Espero ansiosa el siguiente capítulo.

    Kisses
    Cande

  5. Durward Says:

    Candelia:

    ¿Por qué te perdiste? ¿Hay algo que expliqué mal?

    ¡Saludos!

  6. Mary S. Says:

    Me gusto mucho, pero no se me ocurre que le pudo haber pasado a Frederick y tengo un mal presentimiento con respecto a eso.
    Escribes muy bien, espero el proximo capitulo!!!

    Saludos!!!

  7. Swhite Says:

    Too bien mono, estuvo muy bakano, y me gusto la alucion a “la chika potter” como mejor buscadora, se nota que la destreza de sus antepasados corre por su sangre

  8. Martín Says:

    Muy bien escrito el encuentro entre Gryffindor y Slytherin. Yo lamentablemente nunca he disfrutado mucho ni escribir ni leer partidos de Quidditch. Creo que en mi fanfic solamente pondré uno.
    Qué lastima que -aparentemente- no haya “Slytherin buenos” en tu historia (salvo que Nicholas tenga algún secreto que lo redima como en los casos de Severus Snape y Regulus Black o que hagas reaparecer a Horace Slughorn o a Andrómeda Tonks). Yo siempre he pensado que presentar a casi todos los miembros de aquella Casa bajo una permanente luz negativa es uno de los peores defectos del por el otro lado extraordinario universo de la señora Rowling.
    Saludos

  9. Durward Says:

    Martín:

    ¡Gracias por pasar!

    Con respecto a tu comentario sobre los Slytherin, en ningún momento dije que todos los Slytherin de mi historia fueran malos (malos es demasiado fuerte para niños de once años), aunque sí es cierto que la mayoría tiene bastante “aversión al bien”. De todas formas, creo que no presenté más de tres alumnos de Slytherin (exceptuando los del equpo de Quidditch, en donde los únicos que hacen “trampa” son Daniel Flint y los dos bateadores).

  10. lilly potter Says:

    fantastico!!
    pero no entendi que le paso a Frederic???:( creo que me perdi en esa parte…

    que buen partido!! pero no creo que haya mejores buscadores que los potter!! je je je!!

    saludos!!

  11. Durward Says:

    Lily: lo que le pasó a Frederic se desvela en el capítulo 25. ¡Saludos!


  12. :o Avanzare mas rapido… YA CASI TE ALCANZO!!

  13. peregrin Says:

    la forma en la que steve atrapa la snitch es sospechosamente similar a la manera en que harry la atrapa en su 1º partido

  14. Durward Says:

    ¿Por qué? Harry se traga la Snitch, y no se cae de la escoba (eso es en la película)

  15. Marcelo Says:

    Muy buen relato! Y que pasará con Frederic??!! Hay que seguir leyendo

  16. karla Says:

    mendigo cochapo si k tiene suerte…
    k le paso a frederich… secuelas de trotura?
    io no se lo dejaria a la mirtha por si las dudas…
    ay nos vemos en el siguiente capitulo…


  17. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el anuncio del Mago Tags: David Harrison, harrison […]


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