Capítulo 4: El Pensadero

26 marzo, 2008

Harry y David se adentraron con sigilo en aquella oscura habitación. El joven mago percibía una extraña energía procedente del centro de la sala, justo donde se encontraba la vasija de piedra; fue la misma sensación que notó cuando tuvo contacto con el viejo Experiencia: había podido percibir su magia. Aquel objeto, fuese lo que fuese, debía contener un gran poder mágico en su interior, y él estaba deseoso de probarlo.
― ¿Qué es? -preguntó sin rodeos.
― Eso es un pensadero -contestó Harry.
― ¿Un qué?
― Un pensadero. Sirve para depositar los recuerdos y pensamientos, y permite verlos desde otro ángulo, como si fueses un espectador. Además, resulta útil cuando uno tiene demasiadas cosas en la cabeza. Lo único que debe hacer es depositar sus recuerdos en el pensadero, o guardarlos en recipientes.
― ¿Guardar los pensamientos? ¿Son materiales?
― Eso no podría confirmarlo, aunque supongo que sí -sentenció el mago adulto-. Acércate.

Harry se aproximó a la mesa que sostenía el pensadero, y David se avecinó a él.
― Así que quieres saber por qué te di la preciada capa de invisibilidad -dijo Harry
― Sí, en realidad es algo que me dio mucho que pensar. Es decir, una capa de estas no se ve todos los días.
― No se ve una como esa ni en mil años -replicó Harry.
― Por supuesto -se disculpó David-, es obvio que es muy buena… lo que quiero decir es que como nunca probé otra capa…
― No me refiero a eso. Algún día lo entenderás.
― Preferiría dejar los misterios de lado, si es posible, claro.
― Es una historia muy larga e interesante como para contarla en un lugar como este. En fin -dijo, y se llevó la varita mágica a la sien. Luego fue retirándola lentamente, y mientras lo hacía, un extraño líquido de color similar al que provenía del pensadero se extendía entre su cabeza y la varita. Cuando el extremo que estaba anidado a la sien se soltó, Harry colocó aquel líquido (¿o era un gas?) en el pensadero, y lo observó durante unos segundos, mientras el recuerdo se adecuaba a la vasija. Acto seguido removió el interior del pensadero con su varita, hasta que dos pequeñas figuras humanas salieron a la superficie; eran Harry y su hijo mayor, James.
― Perfecto -dijo Harry-. Ahora, necesito que aproximes tu cabeza al pensadero. Tú primero.
David no entendía qué podría lograr con eso, pero de cualquier forma, todo en aquella habitación era tan inusual que cualquier cosa podía suceder. Con esa idea aún vigente en su mente, acató la orden. Pero jamás imaginó que en cuanto su nariz tocara aquella extraña materia plateada, se vería absorbido por una fuerza invisible, que se encargaría de arrojarlo hacia abajo. Por un momento, pensó que estaba apareciéndose por segunda vez, pero sus pies tocaron tierra enseguida.
David abrió los ojos y miró a su alrededor; se encontraba en un pasillo que podría reconocer aunque tuviera graves problemas de memoria. Sin duda alguna aquellas paredes de piedra, aparentemente frías, eran parte de Hogwarts, la escuela de magia y hechicería más famosa de el Reino Unido. Mientras contemplaba el lugar con emoción, Harry aterrizó junto a él. Sin tardar un solo segundo, el mago mayor tomó a David por el hombro y señaló hacia delante, en un inconfundible gesto de querer mostrar algo.
― No puedo ver nada -dijo David después de una fracción de segundo-. Esos dos tipos que están de espaldas me tapan la visión.
― Eso es lo que quiero que veas -contestó Harry, y empezó a caminar en dirección a esas dos personas, que parecían discutir con ánimos. David imitó a su acompañante, queriendo hacer mil y una preguntas.
Harry lo condujo por el pasillo, acercándose más y más al par de debatientes.
― ¿No crees que les moleste que escuchemos su conversación? -preguntó David, cuando su timidez hizo un nuevo intento de salir a flote.
― No pueden vernos ni oírnos -replicó el mayor.
Así, siguieron aproximándose, hasta que David los reconoció. Uno de ellos era el hijo de Harry, James. Y, el otro, era el mismísimo Harry. El chico se detuvo en seco, intentando encontrar una explicación más alentadora que la de considerar un estado de locura.
― Este es mi recuerdo de mi visita a Hogwarts, el mismo día en que te dejé la capa -empezó a explicar Harry-. Ahí estamos yo y mi hijo James, discutiendo sobre el por qué de nuestra visita. Esto es antes de ir a la oficina de la directora y, por ende, antes de entregarte mi capa.
Por fin, llegaron junto a los dos Potter del recuerdo, y pudieron oír su discusión.
― Es decir, no querrá que le entreguemos la capa, ¿no? -inquirió James con tono de preocupación.
― Por supuesto que no, hijo -contestó su padre-. Es sólo un retrato.
― Y entonces, ¿por qué quiere verte? ¿por qué querría que vinieras a Hogwarts junto a mí? ¿Acaso sabe que me convertiste en el propietario de la capa, que me elegiste entre tus tres hijos para llevarla hasta el momento de su muerte? ¿Por qué pidió que trajésemos la capa?
― No lo sé, James, pero no lo averiguaremos si nos quedamos aquí.
Padre e hijo se miraron con desconcierto por una milésima de segundo, para luego emprender la marcha a través del pasillo. La frialdad de la piedra se vio disminuida a medida que se acercaban a un trecho del pasadizo que estaba adornado con ventana hacia los jardines, desde donde David pudo ver algunos estudiantes disfrutando del tiempo libre.
― Lo diré por última vez: no voy a entregar la capa, si eso es lo que quiere; yo soy su dueño -empezó James nuevamente,
― No mientras yo respire -replicó el Harry del recuerdo.
David y Harry -el real– los seguían de cerca, para no perderse de un solo detalle de su conversación. Sin embargo, desde ese momento ninguno pronunció palabra alguna, hasta llegar a la puerta de la oficina del director.
― Gárgola Galopante -dijo Harry, y la gárgola que custodiaba la entrada se hizo a un lado, dejando ver una escalera de caracol que se elevaba por arte de magia. Subieron por ella, y pronto se encontraron en la oficina del director.
― Buenos días, profesora -dijo el Harry del recuerdo, e hizo una leve reverencia en señal de respeto hacia Minerva McGonagall, la directora de Hogwarts. Su hijo imitó el movimiento.
― Ah, Potter, veo que ya han llegado. Bueno, voy a dejarlos solos, a pedido del director. Ah, por cierto, llámame Minerva, o directora, pero ya no soy tu profesora.
Y dicho esto, la directora se incorporó, bordeó su escritorio y dejó en soledad a los visitantes.
David esperaba que Harry o James dijeran algo, aunque no lo hicieron. Sin embargo, no pudo dejar de notar nerviosismo en la cara del pelirrojo. James parecía no fiarse de la situación, y presionaba su mano derecha con firmeza.
― ¡Ah! Que bueno que no tardaron en venir; estaba esperándolos -dijo una voz que David reconoció al instante. El retrato de Albus Dumbledore había hablado, y los ojos de Harry centellaron en un breve arranque de alegría y nostalgia.
― Buenos días, profesor -dijo Harry.
― Buenos días -saludó James.
― ¿Qué tenemos aquí? Parece ser el pequeño James, ¡el mismo que vi tantas veces dentro de esta habitación! Lástima que haya sido casi siempre por alguna travesura.
― Más veces de las que yo hubiera querido -confirmó James.
― Pero por lo que veo los problemas causados en el colegio no obstaculizaron tu deseo de trabajar como Auror-observó Dumbledore con amabilidad.
― Mi padre es el jefe del departamento, quizá eso me estimuló -dijo James con humildad.
― Y, corrígeme si me equivoco, esa es la razón por la cual tus examinadores son más exigentes contigo que con cualquier otro aspirante a ese trabajo.
― No podría asegurarlo -terminó James-. ¿Usted nos llamó, verdad?
― Los mandé a llamar, sí, correcto -dijo Dumbledore, y acompañó las palabras con un movimiento de cabeza.
― ¿Por qué? -preguntó James, cada vez más impaciente.
― Un viejo amigo me contó algo que podría interesarles -respondió el ex director.
― Señor… profesor… -empezó Harry, procurando demostrar respeto y admiración-, ¿un amigo suyo vino aquí sólo para contarle algo sobre mí?
― Podría decirse que sí, podría decirse que no. Digamos que vino hasta aquí, pero eso no le demanda mucho esfuerzo. De hecho, está aquí, justo ahora.
David no tuvo que echar mucho combustible al motor de su cerebro para darse cuenta de que Dumbledore hablaba de un retrato; alguien semejante a él, en el mismo estado: que estuviera muerto, pero aún pudiese hablar con los vivos. David vio que, por un momento, los ojos de Harry se posaron en un retrato que había junto al de Albus Dumbledore. Un hombre de nariz ganchuda y un pelo que daba toda la impresión de ser espeso y grasiento dormía en paz, y una tosca sonrisa se formaba en su boca, aunque parecía más una mueca que un gesto de felicidad.
― ¿Es él? -preguntó Harry, sin quitar la vista de ese retrato-. Siempre está dormido
― No -contestó Dumbledore-. No es él, y no está dormido. Pero creo que lo han pintado tan bien que le es imposible mirarte a la cara ahora que conoces su verdad.
― Entiendo -dijo Harry, aunque miró a ese hombre de nariz ganchuda durante una milésima de segundo más-. ¿Quién es el que tiene un mensaje para darme, entonces?
― Nicolas Flamel, ¡por supuesto! -dijo Dumbledore.
Harry miró con sorpresa a Dumbledore, y luego buscó con la mirada a quien quiera que fuese Nicolas Flamel por entre los cuadros. Al fin, lo encontró. Estaba despierto y observaba la escena con aire divertido.
― ¡Buenos días, visitantes! Un gusto conocerlo, señor Potter -dijo Flamel.
Era un hombre que, al parecer, había vivido durante mucho tiempo. Por lo que David pudo ver desde su posición -el retrato de Flamel estaba tres filas por encima que el de Dumbledore-, aquel hombre tenía ya sus años cuando había sido inmortalizado en el lienzo.
― ¿Usted fue director de Hogwarts? -preguntó Harry, anonadado.
― ¡Por supuesto que sí! Es cierto que fue un reemplazo al principio, sí, pero terminé siendo director por veinte años completos. ¡Veinte años completos! Los demás retratos dicen que en su época los alumnos eran más disciplinados, pero yo digo: ¡no eran disciplinados, sino que se cuidaban cuando querían hacer alguna diablura! De todas formas, creo que fue una de las mejores épocas de mi vida. Y eso que no fueron pocas.
― Pero… cuando se destruyó la Piedra Filo… bueno, ya sabe… usted no era director, ¿por qué hay un cuadro suyo?
― Es cierto, no era director, porque ya lo había sido mucho tiempo atrás. Como te decía, sólo ocupé el puesto por veinte años… sí, me retiré cuando cumplí doscientos cincuenta años.
― ¿Doscientos cincuenta años? -preguntó James, y David estuvo a punto de hacer lo mismo.
― Ajá, toda una vida, ¿verdad?
― Pero… señor Flamel -dijo Harry-, cuando estaba en primer año, busqué información sobre usted…
― Me halagas, muchacho.
― Bien, el punto es que… busqué información sobre usted, y en ningún momento se menciona que usted haya estado en el cargo de director del colegio.
― ¡Por supuesto que no! La mayor parte de la información que hay sobre mí -muy poca, por cierto- fue recolectada por lo que yo mismo fui diciendo a lo largo de los años… te imaginarás que cuando uno vive seiscientos sesenta y seis años, para los entrevistadores el hecho de haber sido director durante veinte años es tan insignificante como decir que uno fue a dar un paseo por el bosque.
― Entiendo… bien, ¿qué es lo que tiene que decirme?
― Verás, muchacho… -dijo Flamel, y comenzó a dar vueltas alrededor del escritorio que habían pintado para que se sentase-, cuando yo fui director de Hogwarts, ordené que me retrataran, para así poder estar donde estoy en este mismo momento… Sin embargo, cuando me retiré, quise que me hicieran un retrato más. Si iba a estar colgado -por así decirlo- en Hogwarts, lugar donde conseguí mucha felicidad, también quería estar retratado en el lugar donde tanto me gustaba pasar el tiempo e investigar sobre magia y alquimia.
― ¿Su casa? ¿Su lugar de estudio?
― ¡Por supuesto que no, muchacho! -replicó Flamel, moviendo su mano derecha como si estuviese espantando una mosca-. ¡Hablo del Caldero Chorreante! ¡Ah, qué buenos tiempos, qué tranquilidad!
― ¿Hay un retrato suyo en el Caldero Chorreante? Jamás lo vi, y estuve allí en más de una ocasión -observó Harry.
― ¡Es que no iba a dejar que colgaran un cuadro mío en cualquier lugar; quería que fuera un sitio importante para mí! Pedí que fuera colgado en la habitación más pequeña del Caldero Chorreante. Muy pocas personas la ocupan, y yo, cada vez que visitaba aquel hermoso lugar, pedía alojamiento en ella. Está alejada de los disturbios y los curiosos, por lo que uno podía investigar en paz o, simplemente, descansar sin ser molestado. No dudo, muchacho, que si el Caldero Chorreante hubiese estado construido un par de siglos antes, hubiese tardado la mitad del tiempo en encontrar la fórmula de la Piedra Filosofal. Quise que mi retrato estuviera allí para poder seguir contemplando esa tranquilidad, y no me importaba que nadie pudiese contemplarlo; nunca me interesó el reconocimiento popular.
― ¿Cuál es el punto? -preguntó Harry, queriendo llegar al motivo de su visita.
― Claro, claro… resulta que ayer, después de mucho tiempo, oí voces que provenían de mi otro retrato; me refiero al retrato que hay en el Caldero Chorreante: supongo que sabrás que las personas retratadas pueden visitar otros cuadros de ellos mismos… El punto es que, al sentir curiosidad, decidí que era momento de hacer una breve visita a la taberna de mis amores. Cuando cambié de posición, pude quienes eran los propietarios de aquellas estruendosas voces. Eran dos hombres, que parecían tan nerviosos que me pareció mala idea intervenir para saludarlos, a pesar de que siempre fui muy educado.
“ Como decía, los dos hombres estaban muy nerviosos. Uno de ellos se aseguraba constantemente de que no hubiese nadie oyendo al otro lado de la puerta, mientras el otro caminaba a grandes zancadas a lo largo de la pequeña habitación, gritando algunas palabras al aire y murmurando algunas cosas ininteligibles.
― ¿Dijeron algo importante?
― Pues sí… después de unos minutos, aquel hombre que caminaba a través de la habitación, que por lo que pude escuchar se llama Rodolphus, se tranquilizó y aceptó charlar con su acompañante, Rupert, o algo así.
― Sí… ¿y? -insistió Harry.
― Bueno, ese tal Rodolphus hablaba sobre una mujer que lo había contactado diciéndole cómo podía lograr aquello que buscaba… algo de una piedra, creo… espero que no sea la Piedra Filosofal. El punto es que Rupert intentaba calmarlo, diciendo algo sobre un pacto que habían realizado… pero el otro repetía que, a menos que consiguieran esa piedra, él no cumpliría con su parte del plan. Y luego te nombró a ti.
― ¡Yo no tengo ninguna Piedra Filosofal! -exclamó Harry.
― Creo que sabemos a qué piedra se refería Rodolphus, Harry -interrumpió Dumbledore.
― Te nombró a ti -continuó Flamel-. Dijo algo así como que tú la tenías, porque también tuviste las otras dos, aunque no entiendo a qué se refirió. Estaba muy irritado y ansioso; aseguraba estar dispuesto a hacer cualquier cosa por conseguir aquel objeto, eso decía, estoy dispuesto a hacer cualquier cosa. Pero entonces ese Rupert miró hacia mi cuadro, quizá en un intento de evitar la mirada asesina de su interlocutor… y creo que se percató de mi presencia; me apresuré a volver a este cuadro.
― ¿No pudiste volver? -preguntó Harry.
― Me temo que no; es muy probable que hayan roto mi retrato del Caldero Chorreante, lo cual sería una verdadera lástima, pues me agradaba mucho aquella habitación.
Se hizo el silencio en la sala directiva durante unos segundos, hasta que el retrato del hombre de la barba eterna habló:
― Muchas gracias, Nicolas. Realmente fue una suerte que decidieras poner un cuadro allí.
― De nada, Albus, siempre a tu servicio.
Dicho esto, el hombre que alojaba el retrato de Nicolas Flamel se sumió en un sueño tan tranquilo y pacífico que David se preguntó si algún día volverían a abrirse aquellos mansos ojos.
― Harry, James, me gustaría que se acercaran -dijo Dumbledore, y ambos obedecieron.
El anciano tomó tanto aire que sus pulmones -si es que los tenía- se hincharon notablemente. Luego continuó:
― Harry, creo que no hace falta que te diga quién era Rodolphus. Es obvio que se trata de Rodolphus Lestrange.
― ¿Rodolphus Lestrange? -inquirió James con sorpresa-. ¿El prófugo del Ministerio? ¿Cómo es que está aquí, en el país, y no nos demos cuenta?
― Olvidas que Rodolphus fue uno de los seguidores que más contacto tuvieron con lord Voldemort, hijo -dijo Harry-. Escabullirse es su principal virtud.
― Pero… ¿entrar a un lugar tan concurrido como lo es el Caldero Chorreante?
― Recuerda que la tabernera es Hannah Abbott, Dios la bendiga… pero sabes tiene una memoria terrible. De todas formas, no creo que Rodolphus se haya aventurado a ingresar al Caldero sin camuflaje… debe de haber tomado un poco de Poción Multijugos… quizá ni siquiera lo hayan reconocido, pues debe estar rondando los ochenta años… Y hasta es probable que si la habitación en la que hablaron es tan poco frecuentada, no hayan necesitado pedir sus llaves. Rodolphus Lestrange fue un mortífago, hijo; si bien es cierto que sus prioridades necesitaban un orden, no podemos tomarlo por estúpido.
― Está bien, está bien… supongamos que todo fue así, ¿no? ¿Qué es lo que tienes que tanto le interesa a Lestrange? Hay algo que no me cuadra.
― James, me gustaría que nos dejaras solos por unos segundos -pidió Dumbledore con amabilidad.
Con un brusco ademan, que podría haber sido interpretado como una falta de respeto, el primogénito de Harry cruzó la puerta y la cerró tras él, asegurándose de hacer tanto ruido como le fuera posible.
― Harry, creo que Rodolphus quiere la Piedra de la Resurrección -dijo Dumbledore.
― ¿Por qué la querría? ¿Cómo sabe que la tengo?
― Harry, Harry… estás pasando por alto que Rodolphus pertenece a una de las familias de magos más antiguas. ¿Crees que jamás oyó el Cuento de los Tres Hermanos?
― No lo dudo, pero, ¿cómo sabe que yo poseo, actualmente, las tres reliquias?
― Bueno, hasta donde sé, los mortífagos, en el último tiempo de vida de Voldemort, estaban al tanto de que poseías una capa para volverse invisible, ¿me equivoco?
― No, no se equivoca. Recuerdo que cuando fui al bosque, para dejar que Voldemort me matase, Dolohov y Yaxley hablaban de ella.
― Correcto. Si ellos dos lo sabían, por qué no habría de saberlo Rodolphus, el esposo de la mujer que más confianza tuvo con lord Voldemort… si ser rebajada y humillada constantemente puede ser tomado por confianza, claro. El punto es, Harry, que sabían que tenías una capa de invisibilidad. Quizá no La Capa, pero una capa. Luego, no lo olvides, revelaste ante mucha gente que la Varita de Saúco realmente existía, y te pertenecía.
― Pero Rodolphus ya había huido, supongo; además, lo dije para…
― Infundir miedo en lord Voldemort. Fue una táctica excelente, Harry, y yo no podría haberlo hecho mejor. Sin embargo, y suponiendo que Rodolphus ya había escapado, mucha gente que estaba en contra de los mortífagos te oyó. ¿Crees que no lo comentaron? Rodolphus debe de habérselas arreglado para obtener información sobre la existencia de la Varita.
“ Ahora, reflexiona, Harry. Los mortífagos fieles, como Rodolphus lo era, fabricaron en su mente la ficticia idea de que Voldemort era invencible. Esto es, a los ojos de cualquier ser pensante, imposible, y el mismo Voldemort se encargó de demostrarlo. Pero cuando Rodolphus, después de tantos años, formó la aceptada teoría de que tenías posesión sobre las tres reliquias, es posible que las cosas se hayan aclarado para él. ¡Escuchó la historia de las Reliquias de la Muerte desde pequeño, Harry! Se crió con la idea de que aquel que pudiera ejercer poder sobre todas las reliquias sería capaz de vencer la Muerte. ¡Para él, Voldemort había sido el único vencedor de la Muerte, cuando recuperó su cuerpo!
― No entiendo a dónde quieres llegar -dijo Harry, aunque no muy convencido de lo que decía.
― Estoy seguro que en el fondo sabes bien lo que quiero decir. Como dijimos antes, es obvio que Rodolphus quiere la Piedra de la Resurrección.
― ¿Para qué?
― ¿No es obvio, Harry? Rodolphus pudo escapar de las manos de los Aurores y se libró de una condena de por vida en Azkaban. Pero él sentía por Bellatrix, su esposa, mucho más que lo que ella sentía por él. Y aunque Rodolphus estaba al tanto de esto, se convenció de que su esposa sentía amor verdadero por él, y no por la persona a la que ella tomaba por amo y señor, y que había logrado muchas más cosas en un año que lo que Rodolphus habría podido conseguir durante toda la vida.
“ Aún así, ¿cómo crees que se sintió cuando supo que su esposa había muerto en batalla, mientras él escapaba cobardemente?
― Arrepentido, supongo.
― Sinceramente lo dudo. Yo creo que aquel pensamiento, lejos de hacerle sentir pena por su difunta esposa, hizo que su orgullo se rasgara sin remedio.
“ ¿Para qué crees que quiere la Piedra? ¡Para hablar con Bellatrix! ¡Para demostrar, aunque ella ya lo sepa, que él pudo escapar mientras Voldemort murió! ¡Para decirle, después de tanto tiempo de tenerlo guardado, que él logró hacer algo que Riddle no, que el sigue suelto mientras aquella persona que había derrotado a la Muerte en una ocasión no llegó tan lejos como él.
― No creo que tenga la mente tan podrida.
― ¡Harry! ¡Fue un mortífago! ¡Exceptuando a unos pocos, la mayoría de los seguidores de Riddle perdieron todo cuando Voldemort cayó, aquel bendito día de mayo!
― Puede que tengas razón… -aceptó Harry.
― Creo que es momento de que llames a James -dijo Dumbledore.
Harry obedeció, y unos instantes después James se encontraba junto a ellos, aún con su mano derecha fuertemente apretada.
― Si mal no recuerdo, James -empezó Dumbledore sin rodeos-, Harry te declaró como el legítimo heredero de la Capa de Invisibilidad.
― Así es -respondió James-. ¿Por qué?
― Creo que este es un momento perfecto para demostrar si te cabe tal responsabilidad.
― ¿A qué se refiere? -preguntó, a la defensiva.
― Harry -dijo Dumbledore, y posó sus ojos azules en los anteojos que se encontraban por debajo de aquella peculiar cicatriz en forma de rayo-. Escuchaste lo que dijo Rodolphus. Él sería capaz de hacer cualquier cosa para conseguir la piedra. Y alguien con su mentalidad es muy peligroso.
― Si se acerca, lo capturaremos -dijo James con entusiasmo-. Mi padre tiene todo un destacamento de Aurores bajo su mando.
― Creo que lo único que conseguirías con eso sería empeorar las cosas, James -dijo Dumbledore-. Rodolphus puede estar un poco loco, pero aún así fue muy hábil durante el gobierno de Voldemort; aunque no puedo confirmar que su poder siga siendo el mismo. Los Aurores de hoy, y lo digo con todo el respeto que ustedes se merecen, no son entrenados tan seriamente como es debido. La ausencia de magos tenebrosos hizo que la gente que se encarga de la defensa frente a las malas artes se relajara; corrígeme si me equivoco, Harry, pero actualmente envían Aurores para explicar la existencia de la magia a las familias muggle que tengan un mago como hijo.
― Así es… -respondió Harry, medio avergonzado.
― No es una crítica, Harry, por favor. Es una forma de ver la realidad. Dudo que un par de aurores puedan detener a Rodolphus, y menos aún si su estado de ánimo no es el más amigable…
― ¿Qué propone usted, entonces? -preguntó James con tono burlón-. ¿Qué mi padre se entregue a Rodolphus?
― No le hables así, James -lo aplacó Harry.
― ¡No es necesario que los reprimas, Harry! De hecho, tu hijo acertó: lo que quiero es que no opongas resistencia a Rodolphus.
Un silencio sepulcral se apoderó de Harry y su hijo, hasta que el mayor pudo articular algunas palabras:
― ¿Que yo me entregue a alguien que quiere matarme?
― ¡Por supuesto que no quiere matarte! ¿No lo entiendes? ¡Él quiere la piedra! ¡A él ya no le importan las tontas ocurrencias de Voldemort, sino que justamente quiere demostrarle a su esposa que él puede hacerlo mejor que Riddle! No te matará si no tiene la piedra.
― ¿Cómo puede usted asegurarlo? -inquirió James-. ¿Usted piensa que voy a quedarme tranquilo si veo que alguien atenta contra la vida de mi padre? ¿No piensa que puede estar un poco confundido, señor?
― Oh, claro, es una posibilidad -dijo Dumbledore, y asintió varias veces con la cabeza-. Y que curioso que hayas tocado ese tema, James. De eso quiero hablarte.
― ¿De qué habla? -preguntó James con incredulidad.
― Hablo de tu postura frente a un eventual ataque contra tu padre. ¿Por qué Harry te eligió como el próximo poseedor de la capa?
― Porque soy el mayor.
Dumbledore sonrió.
― ¿Por qué elegiste a James, entre tus tres hijos, como el poseedor de la capa, Harry?
Harry reflexionó por un segundo.
— Porque es el más sensato de los tres.
― ¿Qué? -indagó James.
― Así es -dijo Dumbledore-. Harry te eligió como propietario de la capa porque supo diferenciar, entre los tres, quién era el más prudente.
― Creo que se equivoca -replicó James-. Usted mismo dijo que me vio en esta misma sala en más de una ocasión, por cosas que no pueden ser rotuladas de sensatas.
― ¡No compares tu tiempo escolar con tu vida después de Hogwarts! ¿Cuándo te nombró Harry poseedor de la capa?
― Hace unos meses.
― ¿Lo ves? Hace más de tres años que terminaste tus estudios, ¡y ya estás haciendo el curso para convertirte en Auror, después de haber actuado contra las normas de esta institución en repetidas ocasiones! Lo que debes entender, James, es que las personas no pueden ser medidas según su comportamiento dentro de una institución regida por leyes internas, sino que deben ser evaluadas a partir de su comportamiento cotidiano. Por ejemplo, tu hermano Albus: si le he visto en esta habitación, han sido como máximo dos veces, y jamás por romper reglas. Sin embargo, tú, yo y tu padre sabemos que él es mucho más temperamental que cualquier muchacho normal. Con respecto a Lily, tengo que decir que, si bien es una excelente mujer, no tiene la capacidad de contener a otras personas. Ambos se quebrarían si viesen a su padre en una situación riesgosa.
― Dudo que yo sea capaz de no reaccionar -dijo James.
― Oh, eso está por verse. Lo que debes recordar es tu deber contener a tu familia si Harry llega a ausentarse por unos días. Hagas lo que hagas, no digas nada sobre esta pequeña conversación que estamos teniendo; evita especialmente mencionarla en las narices de Albus. Ahora, me gustaría hablar sobre la capa.
― ¿Qué pasa con ella? -preguntó Harry.
― Pedí que la trajeran por un motivo bastante lógico. Creo recordar, Harry, que la última vez que viste la piedra fue en el Bosque Prohibido.
― Así es.
― Por lo tanto, si Rodolphus está buscándola, lo más probable es que termines en ese lugar. Y lo más lógico es que ese tal Rupert lo acompañe, si es que han pactado un plan.
― ¡Entonces no hay ningún problema! -exclamó James-. ¡Ya sabemos donde estarán, podríamos acorralarlos y obligarlos a ceder!
― No es tan simple, como ya dijimos, James -dijo Dumbledore-. Lo último que necesitamos es que una persona como Rodolphus se sienta en desventaja.
― Entonces… -dijo Harry-, lo que usted quiere, señor, es que yo deje la capa en el colegio para que, en el probable caso de que yo venga a parar aquí, alguien me encuentre, pero sin ser detectado por Rodolphus y su compañero.
― Eso es exactamente lo que estoy diciendo. El problema es… ¿quién puede ser ese alguien?
― ¡Yo! -exclamó James-. Yo puedo hacerlo. Puedo pedir una licencia para posponer mi próximo examen.
― James, necesitamos que tu vida, y la de tu familia, siga su rumbo normal. No debemos alterar el orden de las cosas, o Rodolphus podría sentirse amenazado.
― ¿Cómo está usted tan seguro de que su plan funcionará? ¿No entiende que me está pidiendo que abandone a mi padre a la suerte? ¿Con qué culpa cargaré si algo llega a salir mal?
― El plan, como cualquier idea, puede fallar. Pero, por suerte, la mayoría de mis suposiciones resultan ser ciertas. Piensa en alguien a quien puedas dejarle la capa, Harry.
― ¡Ni se les ocurra otorgar la capa a cualquier individuo! Tienen un elemento legendario en sus manos, y deberían tomar eso con más seriedad.
― Cuando hablas de las Reliquias de la Muerte, me recuerdas a mí, James -dijo Albus-. Por supuesto que no la dejaremos en posesión de cualquier persona.
― Podríamos facilitar la capa a Neville o McGonagall; creo que ellos serían los mejores -dijo Harry.
― ¡Ojalá así fuera! Pero me temo que Minerva no está en sus mejores años, y el señor Longbottom tiene demasiada información sobre la capa como para aceptarla sin hacer preguntas.
― Bien… mis tres hijos ya terminaron sus estudios -empezó Harry-. Lorcan y Lysander, los gemelos Scamander, están en la misma situación. Rose y Hugo… bueno, creo que estás al tanto de lo de Ron y Hermione.
― Así es. Es una pena, pero fue una buena decisión. ¿Estás seguro de que no hay nadie capaz de tener la capa? Debe ser alguien en quien confíes.
― Ya no tengo parientes en Hogwarts, lo cual es una desventaja… aunque sí, se me ocurre alguien, al menos como un último recurso.
― ¿Quién? -lo apuró James-. ¿Alguien con quien no tienes mucho trato? ¡No pensarás en dejarle la capa a un desconocido!
― ¡No te preocupes! -lo tranquilizó Harry-. Tengo la seguridad de que David la cuidará muy bien.

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31 Responses to “Capítulo 4: El Pensadero”

  1. Durward Says:

    Nota: quisiera decir algunas cosas.

    Primero quiero hablar sobre el capítulo. Este es, a mi entender, el capítulo menos emocionante de toda la historia (incluyendo “el anuncio del Mago” y “el aprendiz de magia”). ¿Por qué? Porque todo el capítulo transcurre dentro del pensadero. Pero me pareció indispensable aclarar de una vez por qué Harry le deja la capa a David. Quise alargarlo más (hacer que abarque las compras en el Callejón Diagon), pero ya llegué al límite que me auto-impongo como tiempo entre publicación y publicación (una semana), y, además, este capítulo es el más largo que escribí, con más de 4900 palabras.
    Quiero pedir disculpas porque este capítulo no es muy bueno, aunque si lo leen con atención, podrán encontrar un detalle a futuro.

    Otra cosa: la frecuencia de publicación. Desde ahora voy a intentar publicar dos capítulos por semana, para reducir los tiempos de espera.

    Bueno, nada más por ahora. De nuevo disculpas por un capítulo con cero emoción, pero prometo que los siguientes serán más entretenidos.

    Pronto volveremos a ver a Mirtha.

  2. Martyginny Says:

    OK. Mu weno, x mi todos pueden ser asi d largos!!!!! Creo ke se me olvida decir algo, pero no se l ke…

  3. Martín L. Says:

    Yo no considero para nada que este capítulo sea inferior a los demás de la historia. Está muy buena la explicación de la decisión de Harry de darle su Capa a David (yo en un momento llegué a pensar que nuestro héroe también sería descendiente de Ignotus Peverell, pero este motivo también cierra), y me deja algo intrigado la falta de confianza que tienen en Albus Severus. Espero que pronto reaparezca Mirtha.
    Saludos!

  4. jose Says:

    Un capitulo sin accion, no es un capitulo malo.
    Al contrario, este capitulo responde dudas, a las que no podia responder.
    Es cierto que no es el mejor capitulo , pero no lo considero dentro de los malos.
    La verdad esta muy bueno.. sigue asi
    PD: si postear dos veces por semana, va a bajar la calidad de redaccion
    mejor no lo hagas
    PD2: ahora queda otra duda.. ron y hermione
    adios

  5. Ignotus Fakus Paverell Says:

    Sinceramente es un buen capitulo.. aclara varios cabos sueltos y esta muy bien adapatada la info de los libros originales. Un abrazo y suerte

  6. vane Says:

    la historia esta muy buena segui asi que e intriga mucho como sigue, y tienes mucha imaginacion, segui asi!!!!

  7. Durward Says:

    ¡Muchas gracias a todos por los comentarios!

    jose: justamente, voy a tratar de publicar dos capítulos por semana sin que el nivel de redacción o contenidos se vea modificado.

    Martín: no es falta de confianza. Como dice Dumbledore, es que no puede controlar su carácter cuando debe hacerlo. A los hechos de este capítulo se puede enganchar el capítulo 18 de “el anuncio del Mago”, Malas noticias, donde se puede ver el estado emocional de Albus.

  8. Isabella Says:

    Woooow esta muuuy bueno el capitulo!! me gusto mucho, que paso con Ron y Hermione??— esta muy buena la historia, espero que pronto aparezca Mirtha!!.. saludos..


  9. :o Recient termino el cap… MUUUUY LARGO!! pero bueno… no esta tan malo como tu dices… tiene mucha informacion, y el final con lo de Hermy y Ron me dejo super intrigado!! ¿Que les paso?

  10. lilly potter Says:

    holaa!!

    muy bueno como siempre!!…a mi si me gusto me aclaro varias dudas :-)
    si es cierto q paso con ron y hermione?? espero q lo expliques pronto y si puedes que aparezcan en algun capitulo ;-)
    sigue asi!!besos y abrazos!!
    saludos!!


  11. Hola!!! No estoy de acuerdo con tu opinión de que este capítulo es el menos interesante y con menos acción, es mas todo libro que se precie tiene capitulos en los que te muestra el argumento y hechos que afectaran a la trama en general, a mi me encanto este capitulo, sigue así!!! :D
    Un saludo y a la espera del siguiente capitulo ;)

  12. anabeel Says:

    me muero de ganas de saber que paso con ron y hermione, pero yo diria que se divorciaron no?

  13. Durward Says:

    Eso lo van a ver en esta parte de la historia, si es que puedo engancharlo. Pero no, no se divorciaron.

  14. Candelia Says:

    Es un buen capi^^
    Me gusta saber por qué Harry le da la capa a David.
    Cierto que no es muy emcionante, pero lo de Nicolas Flamel a mi me gustó muchísimo!! es muy originl, aunque no tenga mucha acción, es muy rico en contenidos varios.

    Sigue así, y no seas tan duro contigo mismo Durward!! ;)

  15. Luis Godric Says:

    un capitulo interesante que no tenga momentos de accion y de peligro no significa que sea malo, al contrario daun respiro al lector para hacer nuevas suposiciones de la trama de la historia…

    que paso con ron y hermonie??? me intriga esa pregunta

  16. Durward Says:

    Como ya dije, van a enterarse de la condición de Rom y Hermione más adelante.

    Esta parte de la historia (el aprendiz de magia) es más de información que de acción. En ella se van a enterar de las verdades del pasado de David y de su bisabuelo, y, además, un personaje va a unirse a la categoría de “importantes”.

    ¡Saludos!

  17. Swhite Says:

    parcero.. relajao a mi me gusto el cap… ademas creo que cuando Albus le dice a james que ni se le ocurra hablar sobre la conversacion frente a las narices de albus severus quiere hacer referencia a su astucia y deseo de obtener mas informacion… bueno.. me intriga que paso con ron y hermione… pero esperare seguí escribiendo
    seuerte XD

  18. Sapey Says:

    por fin los alcancé!!!
    a mí me parecio un exelente capítulo, ya que se da bastante información. por supuesto igual que a todos me deja intrigado lo que pasó con Hermione y Ron.

  19. Mary S. Says:

    No esta tan mal este capitulo, a mi si me gusto, fue interesante. Me gusto lo de Nicolas Flamel, nunca me lo habria imaginado como director de hogwarts…
    Ya quiero saber que paso con Ron y Hermione!!!

    Saludos!!!

  20. horrocrux 7 Says:

    Muy bueno el capitulo, capitulos como este son muy importantes en una trama bien organizada, no puedo esperar a saber lo de Ron y Hermionie la verdad es que no se me ocurre nada, bueno seguire leyendo.

    PD: Una pregunta ¿en tu trama que tan poderoso consideras a Albus Severus? yo siempre lo he imaginado muy poderoso y a James Sirius mas o menos del nivel de su abuelo paterno James Potter, ojala y me pudieras responder, gracias :).

  21. Durward Says:

    horrocrux: James y Albus ya van a aparecer con más protagonismo, dales tiempo.

    ¡Saludos!

  22. Marcelo Says:

    Me gusto este capítulo. Estoy muy, muy intrigado con lo de Ron y Hermione. Recien se me ocurrio locamente algo relacionado con giratiempos… pero una idea muy loca. Ojalá se aclare pronto.

  23. karla Says:

    lo que yo me pregunto es que onda con ron y hermione?
    por que se fueron o k?… van a regresar?
    bueno, esto es como ya se como paro la capa en las manos de david, pero no pienso exactamente que dumbledore haya urdido el plan sin saber donde iba a parar la capa, digo al parecer se la dieron por que era su ultimo recurso, pero nada pasa nada mas por eso asi k este dumbledore sabe mas de lo que dice… simepre lo hace…
    por otro lado esta nicolas flamel y el snape que se hace el dormido… son geniales…
    ia me voy pork kiero seguir leyendo…

  24. Lilyluna* Says:

    no creo que se hayan divorsiado ya que los divorsios no existen entre magos..
    quiza hayan empezado un experimento o no se!!!
    pero creo que no es algo bueno para ellos dos..

    muy buen capitulo

    xoxo


  25. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el aprendiz de magia Tags: David Harrison, harrison […]

  26. Tania Says:

    holaa!! es primra vez que comento, me parece muy interesante tu historia. me gustaría saber la verdad detrás de el tema sobre Ron y Hermione. y es consolador saber que veré a Mirtha en poco tiempo y sin tener que esperar demasiado jeje. saludos!

  27. Lucas Says:

    Mira, yo soy escritor. Escribi ya dos libros y me parece que tenés talento. Sería muy bueno, si intentases escribir una historia con personajes tuyos y ver si alguna editorial te lo publica. Te repito, creo que podes perfeccionarte, pero desde luego, se nota que tenes talento. Segui adelante. Mucha suerte.

  28. Victoire Weasley Says:

    Me encanto el capitulo, yo creo que te da una explicacion detallada, y no todos los capitulos tienen que tener algo de emocionante, aunque me sigue intrigando lo de Ron y Hermione. Tambien me encanto que vuelva a aparecer en la historia Nicolas Flamel. Porfa no dejes de escribir, que la historia esta muy buena. Besos.

  29. CINTHYA Says:

    cuando vi el recuadro de snape me puse a saltar como loca y gritar en silencio ya que leo estas historias en secreto porque a mi abuelo, mi mama y mi tia no le gusta que siga leyendo cosas de magia porque dicen que me obsesione de harry potter y su mundo, pero eso es mentira me obsesione realmente con severus snape


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