Capítulo 6: Egbert Mauer

4 abril, 2008

Faltaba tan sólo media hora para la partida del Expreso de Hogwarts. La familia Potter surcaba la ciudad de Londres en su nada despreciable auto, que Harry tanto disfrutaba manejar. David, la razón por la cual esa familia tan famosa entre los magos se dirigía a la estación de trenes, viajaba en el asiento trasero, conversando con Albus, James y Lily. Era tal el cariño que los Potter le habían tomado a David que ninguno quiso perderse la ocasión de despedirlo. Harry, como es obvio, conducía el auto, y junto a él estaba sentada su esposa Ginny, quien protestaba cuando su marido pisaba el pedal de aceleración más de los necesario.

Los objetos que David llevaría a su segundo año escolar descansaban en el mágicamente ampliado baúl, y Hércules -que ya había olvidado el incidente de la lechuza de Harry, retomando la relación normal con David- dormía en su jaula, que estaba sostenida por los pies de su amo.
Los autos, motos y autobuses abundaban en las calles a esa altura del día, dificultando bastante la circulación del tráfico. Pero ese detalle no había sido ignorado por Harry, sino que éste decidió salir de su casa con media hora de anticipación. Se habían trasladado hasta Londres mediante la aparición conjunta, y allí habían abordado el auto que Harry guardaba en un estacionamiento privado, por si se presentaba la ocasión y necesidad de utilizarlo.
La precaución que tomaron no fue en vano ya que, cuando faltaba menos de un kilómetro para llegar a King’s Cross, se toparon con un operativo policial asentado en el lugar en donde se había producido una colisión en cadena. Los encargados de dirigir el tránsito hacían su mayor esfuerzo para no entorpecer el flujo normal del tráfico, pero era algo imposible, ya que la porción de vía disponible para transitar era tan insignificante que apenas podía pasar un auto por vez.
Por fin, la estación de trenes pudo ser avistada por entre la maraña de vehículos y gente, y el típico nerviosismo se apropió de David. Estaba a punto de comenzar el viaje hacia su segundo año en Hogwarts. ¿Sería éste tan agitado como lo había sido el primero?
Harry aparcó entre dos autos, algo que costó más de lo deseado, e incluso podría haber sido evitado, pero él argumentaba que quería perfeccionar su técnica de estacionamiento. Los seis ocupantes del auto descendieron de él, y Harry abrió el baúl para extraer las cosas del estudiante. David tomó sus pertenencias, colocó la jaula de Hércules sobre ellas, y antes de darse cuenta ya estaba atravesando la puerta principal de la estación.
Recordó la sensación que había sentido el año anterior, cuando llegó a aquel lugar sin saber absolutamente nada sobre el mundo de la magia. Ahora sus ideas estaban mucho más claras y ordenadas, pero no ignoraba que aún restaba mucho por descubrir y conocer.
El pequeño grupo de magos avanzó abriéndose paso entre la gente para poder llegar al andén 9¾. La estación estaba abarrotada de personas, entre las cuales David pudo distinguir algunos hechiceros -o más bien, sentir su magia-. Sin embargo, no vio a ninguno de sus compañeros de curso; debían de haber ingresado al tren ya.
― ¡Sin miedo! -gritaron todos los Potter cuando David emprendió su carrera hacia aquella barrera tan obsoleta para los muggles y tan preciada para cualquier mago menor de edad.

La plataforma 9¾ no estaba tan atestada como la estación que la precedía, aunque es cierto que había pequeños grupos de magos dispersados por aquí y por allá. Harry apareció junto a él en cuestión de segundos, y así lo hizo también el resto de su familia. El Expreso de Hogwarts era parte imprescindible de la escena; se extendía a lo largo del carril de manera imponente. Despedía vapor, como si de un tren común se tratase, pero era inevitable suponer que aquel ferrocarril funcionaba por arte de magia.
― Será mejor que vayas subiendo -dijo Harry, consultando su reloj.
James y Albus cargaron cordialmente el baúl de David hasta el interior del tren, mientras el chico llevaba la lechuza, ahora despierta y ligeramente excitada, sabiendo quizá cual era el destino del viaje. David descendió una vez más para saludar y agradecer a aquellos que lo habían recibido y alojado durante la última semana, y luego le dio la espalda a la plataforma que, si todo salía bien, no tendría que volver a ver hasta las vacaciones de navidad -había prometido a su familia que regresaría a casa para tan importante fecha-.
Una vez dentro del Expreso de Hogwarts, lo único de lo que tuvo que ocuparse fue de conseguir un buen lugar. No debía de ser un problema, pues no había visto a ninguno de sus amigos en la plataforma, por lo que ya tendrían que estar ocupando un compartimento. David comenzó a caminar por los pasillos, pasando frente a compartimentos cuyos ocupantes lo miraban y murmuraban sin disimulo. Por fin, después de soportar esta situación durante un par de minutos, y con el baúl y Hércules a cuestas, encontró a quienes buscaba.
Por la ventana pudo reconocer la rubia cabellera de Frederic, la tez morena de Charlie, los ojos perfectamente redondos de Silvia y la cara de bondad de Frank. Los estudiantes que más cerca había tenido el año anterior, y que se habían transformado en sus mejores amigos, estaban reunidos allí. Pero el lugar que debería estar ocupando David no estaba vacío; un muchacho de facciones extranjeras conversaba alegremente con los demás presentes en el compartimento. Su cabello rubio era de un tono más claro que el de Frederic, algo que era muy difícil de ver; la nariz respingona comenzaba justo en el medio de un par de ojos azules y profundos. En ese momento estaba sonriendo, dejando ver sus dientes perfectamente blancos y alineados. David notó, a través del vidrio, que Silvia lo miraba con demasiado interés.
El chico nuevo miró hacia la ventana y advirtió la presencia de David. Al instante, señaló a los demás en dirección a él, tras lo cual se puso de pie y abrió la puerta. Las voces de sus amigos llegaron en seguida a los oídos de David, provocando en él una nada extraña sensación de alegría.
― Hola -saludó el chico de cabellos rubios, extendiendo su mano.
― Er… hola -devolvió David, estrechándola.
David ingresó al compartimento, recibiendo el saludo de los demás, mientras Charlie ayudaba a empujar el baúl. Luego se acomodó entre Silvia y Frederic, que pasaron a estar más apretujados de lo deseado.
― David, este es Egbert Mauer -lo presentó Frederic-. Egbert, este es David, aunque aseguras que lo conoces.
― Así es -respondió el chico, con un acento tan extranjero como sus rasgos-. Bueno, ahora todos lo conocen. Yo no creo en lo que escribieron en El Profeta.
― Muchas gracias -se sinceró David, y luego volvió a mirar sus facciones con detenimiento-. ¿Nos conocemos? Creo que te he visto antes.
― No es muy probable. Egbert vive en Alemania, pero decidió estudiar Hogwarts -comentó Frederic.
― ¿Ah, si?
― Sí. Mi bisabuelo vive aquí, en el Reino Unido, y dijo que esta escuela es la mejor.
― Bueno, para ser alemán, no hablas nada mal nuestro idioma -dijo Silvia.
― Hay muchos ingleses en el pueblo en que yo vivo, así que no tengo problemas con el lenguaje, aunque no puedo ocultar el tono.
― ¿Hay magos en tu pueblo? -preguntó Charlie.
― No, o al menos, no que yo sepa. Como mi bisabuelo vive en Inglaterra, los únicos hechiceros de mi pueblo son mis padres y mi abuelo paterno.
― ¿Tu madre también es bruja? -preguntó Frederic.
― Se conocieron en el colegio.
― Si tus padres no fueran magos -observó Silvia-, estarías casi obligado a venir a Hogwarts, porque en Durmstrang no aceptan hijos de muggles. ¿Y qué hace tu bisabuelo?
― Es pintor -respondió Egbert-. No entiendo por qué, pues mis padres dicen que era muy hábil con la varita.
― Quizá quiso alejarse de la magia -dijo Frank, encogiéndose de hombros.
― ¡No seas tonto, Frank! ¿Quién dejaría la magia? -replicó Frederic con una risa.
― Puede que haya sido por eso -dijo Egbert.
― ¿Por qué? -preguntó Frederic, atónito-. ¿Hay algo mejor que la magia?
― Puede que haya tenido una mala experiencia -dijo David.
― Sea lo que sea, practica muy poca magia. Estuve en su casa durante los últimos días de vacaciones, y apenas si hacía hechizos, aunque no eran para nada débiles. De todas formas, se mantiene informado. Él fue quien me dijo que no te trate como a una amenaza -dijo, dirigiéndose a David.
― Bueno, cuando lo veas dale saludos de mi parte, aunque no lo conozca.
― Espero que me seleccionen en Gryffindor o Ravenclaw -acotó Egbert-. Así, al menos, voy a poder verlos en la sala común. No soy muy bien recibido en otros lugares, creo.
― ¿Por qué? -inquirió David.
― El pobre entró al compartimento de Nicholas Ralph, y te imaginarás lo que pasó cuando preguntó por ti -dijo Charlie-. Por suerte, pude separarlo a tiempo, y traerlo con nosotros.
― Cuantos más, mejor -dijo David.
― ¿Fue muy difícil su primer año? -preguntó Egbert, más nervioso.
― El mío, sí -contestó David, recordando los sucesos de su anterior ciclo escolar.
Todos rieron.
― Por cierto -dijo Egbert con un dejo de interés-, ¿es cierto que eres descendiente de Grindelwald?
El silencio se hizo presente en el compartimento por unos segundos.
― Al parecer, sí -respondió al fin.
― Mi bisabuelo vivía cuando Grindelwald llegó al poder -comentó Egbert, emocionado-. Dice que podía hacer cosas impresionantes, aunque terminó por escoger un mal camino. Quise saber más, pero se negó a contestarme, y siempre que mencionaba el tema se ponía muy nervioso. Debe haber sido una época difícil para él, con semejante amenaza al acecho.
― Me imagino -asintió Charlie.

El Expreso de Hogwarts no tardó en ponerse en marcha, y muy pronto, la estación de trenes quedó atrás. Ahora el exterior era dominado íntegramente por los paisajes del lugar, imponentes desde el tren. La conversación entre los seis ocupantes del compartimento era fluida a pesar de algunas intervenciones, como lo fue la llegada de la mujer del carrito de golosinas, que todos aprovecharon para abastecerse de chocolates.
Egbert causó una muy buena primera impresión al grupo, porque era amable y, sobre todo, muy sociable, una característica con la que no se relacionaba generalmente a las personas de origen alemán.
― ¡En el segundo año empezamos a tener contacto con criaturas más peligrosas, en especial en Defensa contra las Artes Oscuras! -comentó Charlie con emoción.
― Y hechizos más avanzados -dijo Frank.
― Así es -dijo Silvia, que no parecía igual de contenta por lo de las criaturas-. Ahora que tocamos el tema, ¿se enteraron de lo del profesor Johanson?
― Escuché que está enfermo -dijo David.
― Eso dicen -confirmó Silvia-. Mi padre es un año menor que él, y me contó que cuando iban a Hogwarts, sufría ataques muy a menudo, aunque no me dijo exactamente a qué se refería. Quiere decir que es una enfermedad que lo acompaña desde la juventud; el problema es que ahora sufrió una gran recaída.
― Hablando de eso, ¿qué pasó? ¿nos dará clases? -intervino Charlie.
― Por el momento, sí -contestó Silvia-. Aunque se dice que ya están buscando un reemplazante, por si su enfermedad lo imposibilita para seguir enseñando.
― Espero que no le pase nada -dijo David-, es uno de los únicos que me comprende.
― Supongo que Nicholas estará contento por esto -observó Frank-. No se olviden de la primera clase que tuvimos con el profesor Johanson. Le rompiste un brazo, David, y te dio muchos puntos.
― No le dio puntos por haber roto un brazo -replicó Silvia.
― No, pero de todas formas lo hizo. Y fue genial -agregó Frank.
― Por lo que escuché -interrumpió Egbert, y todos prestaron atención-, en esta escuela se permite jugar al Quidditch a partir del segundo año. Yo tendré que esperar, pero supongo que ustedes están interesados, ¿no?
En realidad, David no había dedicado ni un segundo del verano para pensar en ello, pero Egbert estaba en lo correcto. En Hogwarts, cualquier estudiante que ya haya cursado el primer año puede participar en el equipo de Quidditch que representa a su casa. El Quidditch era el deporte de los magos, y David lo había conocido hacía apenas un año, pero le había interesado enormemente.
Sin embargo, las posibilidades de entrar al equipo eran escasas. David había presenciado todos los partidos de Gryffindor, y el equipo jugaba sencillamente genial, aunque también contaban con una generosa cuota de suerte. Lo peor era que, a diferencia de los otros equipos, Gryffindor estaba conformado por jugadores muy jóvenes, por lo que ninguno había egresado del colegio aún. De todas formas, la esperanza nunca se ausentaba, y la llama de la ilusión se encendió en su interior.

El tren aminoró la marcha lentamente. Por la ventanilla lo único que podía ser observado era la espesa negrura de la noche, que había caído sobre la gran extensión de aquella región. Cuando el Expreso de Hogwarts se detuvo por completo, todos los estudiantes salieron de sus compartimentos en dirección a la puerta de salida. Un gran conjunto de alumnos, de segundo a séptimo año, se amontonó en torno a un grupo de carruajes.
― Son escalofriantes -dijo un alumno de quinto año cerca de David.
― ¿Qué? -preguntó otro.
― Las cosas esas -contestó, y señaló con el dedo en dirección a los carruajes.
Sólo podían subir cuatro personas en cada carruaje, y cuando todos los alumnos estuvieron a bordo, éstos empezaron a moverse, aparentemente, por arte de magia. El año escolar anterior, por ser el primero, David y sus compañeros habían llegado al castillo mediante un viaje en bote a través del inmenso lago, por lo que esta era una experiencia nueva para ellos. En uno de los carruajes iban David, Charlie, Frank y Frederic; Silvia había aceptado viajar con otras chicas del curso.
― Me cae bien ese Egbert -dijo Frederic.
― No parece una persona fría -asintió Charlie.
― Tal vez el encontronazo con Nicholas le haya calmado los ánimos.
― Podría ser.
Cuando llegaron al castillo, entraron por la puerta principal, y la inmensidad de Hogwarts llegó a sus ojos y oídos. David miró hacia uno de los lados, recordando los nervios que había padecido al estar a punto de ser seleccionado, mientras aguardaba en una pequeña habitación. Un profesor los condujo a través del Hall hacia el Gran Salón, donde ya estaban dispuestas las cuatro mesas de las casas y la mesa de profesores. Muchos de ellos ya se encontraban en sus lugares; David reconoció a McGonagall, la directora, que estaba ubicada a tres asientos del profesor Hagrid, el semi-gigante encargado de impartir las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas. Eduard Johanson, el profesor enfermo, también estaba presente, aunque parecía un muerto vivo. La cara pálida confirmaba el rumor de su enfermedad, y sus frecuentes y estruendosos ataques de tos daban que pensar sobre su continuidad en el puesto de maestro de Defensa contra las Artes Oscuras.
Los alumnos se ubicaron en sus correspondientes lugares, y poco a poco el Gran Salón fue retomando aquel color vivo y alegre que había tenido durante todo el año anterior. Estudiantes intercambiando palabras de una mesa a la otra, riendo con ganas y mirando los platos vacíos, a la espera del gran banquete. Pero antes de poder degustar las deliciosas comidas que se preparaba en Hogwarts, debían presenciar la ceremonia de selección. Ésta no se hizo esperar, pues cuando todos los alumnos se hubieron ubicado, la directora se puso de pie y exclamó:
― Los alumnos de primer año, por favor.
Los aludidos ingresaron al salón a paso torpe y apurado, precedidos por el celador del colegio. Se colocaron en fila india y esperaron la hora de la verdad, lanzando nerviosas miradas hacia cada rincón del lugar.
Esta vez fue Hagrid el encargado de llevar a cabo la ceremonia de selección. Se incorporó -con sumo cuidado, para no volcar la mesa-, y colocó el taburete y el sombrero en el lugar acostumbrado.
― Cuando los llame -dijo con su voz ronca y firme-, se acercarán para ser seleccionados.
En total eran unos treinta estudiantes, por lo que la ceremonia duró aproximadamente unos veinte minutos. En la mayoría de los casos, el Sombrero Seleccionador debió permanecer sobre la cabeza del alumno durante unos pocos segundos para poder decidir su paradero.
Pero no sucedió lo mismo con Egbert. Cuando Hagrid pronunció su nombre, se dirigió con paso firme y decidido al taburete, algo que no era muy común en un alumno que estaba a punto de ser seleccionado. El sombrero estuvo posado en su cabeza durante al menos un minuto antes de decidir, y David recordó lo frustrante que había sido su selección. Se preguntó si Egbert también tendría que pasar por la misma situación, y cuál sería la conversación que estaría teniendo con el sombrero.
― ¡Slytherin! -rugió el sombrero al fin, y la mesa teñida de verde y plata estalló en vítores. David vio con el rabillo del ojo que Silvia, que había mantenido los dedos cruzados, suspiraba con resignación.

La directora se puso de pie, y los murmullos desaparecieron al instante. Como era costumbre, dio las indicaciones y consejos a los alumnos de primer año, mencionando las distintas prohibiciones y normas. Mientras McGonagall las enumeraba, David hacía lo mismo con las reglas que había roto el año anterior. Demasiadas, tal vez.
Ni bien los platos de oro se llenaron de comida, y las copas de bebida, el silencio se rompió, y las exclamaciones de alegría y el chocar de los cubiertos coparon el ambiente. Los fantasmas pasaron a formar parte activa de la celebración, y Nick Casi Decapitado, el fantasma de Gryffindor, divirtió e impresionó a todos después de mostrar por qué lo llamaban así.

Cuando estuvieron llenos de estómago y corazón, los estudiantes se encaminaron a sus dormitorios, donde los esperaba un sueño prometedor.
Antes de que cada casa se separara de las demás para dirigirse a su respectiva localización dentro del castillo, David pudo ver a Egbert, que caminaba entre la maraña de alumnos de Slytherin, evitando a Nicholas y sus amigos.
― Estoy seguro de haberlo visto antes -le dijo a Charlie.
― No puede ser, a menos que hayas vivido en Alemania. ¿No viviste allí, no?
― No. Pero de todas formas, me recuerda a alguien.
― Este no es el momento para preocuparse de esas cosas. Ahora hay que descansar; puede que este año sea muy agitado. Y si en verdad Egbert te trae la imagen de otra persona a la mente, ya lo recordarás.
David asintió y Charlie se sintió satisfecho de sí mismo, sin imaginarse siquiera que sus dos últimas afirmaciones eran muy ciertas.

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25 Responses to “Capítulo 6: Egbert Mauer”

  1. Sapey Says:

    primero!!!
    buen capítulo, y se me hizo una pequeña idea de quien podría ser ese chico alemás

  2. Mary S. Says:

    Muy interesante, ¿quien sera ese tal Egbert? ¿tiene que ver con “Experiencia”? ¿El abuelo de Egbert tiene algo que ver con David o Grindelwald?… tengo demaciadas preguntas!!! Ya quiero leer el proximo capitulo!!!

    Saludos!!!

  3. Nilo Says:

    Creo saber quien es egbert. Perfecto capitulo, me encanto

  4. Durward Says:

    Mary: estás muy cerca.

    ¡Gracias a todos por los comentarios!

  5. ARCTURUS Says:

    puede que el anciano sea grindelwald por que en deathly hallows no se dice que lo matan osea dumbledore lo dice pero ese dumbledore estaba solo en la cabeza de harry asi que podria estar equivocado. a parte la razon por la que usa poca magia es para no llamar la atencion.

  6. angel Says:

    oye ¿sera Egbert el aprendiz de magia? Por que si es asi creo qu sera un muy interesante año en Hogwarts.
    Por cierto me llamo la atencion su nombre, ¿no sera un anagrama importante?
    Muy buen capitulo, como siempre.

  7. Durward Says:

    Arcturus: Grindelwald está muerto. Harry ve a través de su mente cómo Voldemort lo mata.

    Angel: muy cerca. ¿Qué anagrama?

  8. lilly potter Says:

    Hola!! :D
    como todos los demas,hay muchas preguntas en mi cabeza y pocas teorias de supuestas respuestas ‘_’… pero estuvo muy bueno el capitulo y muy intrigante !! ^_^
    felicidades como siempre!!
    besos!!*.*

  9. Martín L. Says:

    El bisabuelo de Egbert debe haber sido partidario de Grindelwald, al menos al principio. La forma en que habla de Grindelwald me hace pensar en la forma en que los ancianos alemanes deben hablarles a sus nietos o biznietos sobre el nazismo.
    Saludos

  10. Durward Says:

    Martín: como te acabo de decir, demasiado cerca.

  11. horrocrux 7 Says:

    Coincido con Mary de quien es el bisabuelo de Egbert, lástima que hay que esperar alrededor de otros cinco días para el próximo capítulo, en fin bueno el capítulo sigue así.

  12. Candelia Says:

    C´est génial!

    Me encantó el capi! mmmhh ya tengo mis suposiciones sobre el bisabuelo de Egbert… Pero supongo que habrá que esperar hasta averiguar si son ciertas!!

    Adieux!!

    Ahora creo que me voy antes de que diga más rarezas (como c´est, génial o adieux)me parece que salí demasido afectada del examen de francés de ayer…XD

    Hasta pronto!

  13. Martyginny Says:

    El bisabuelo de egbert ES grindelwald

  14. Martyginny Says:

    El bisabuelo de egbert ES grindelwald seguro

  15. Martyginny Says:

    ops se me colo

  16. Durward Says:

    Martyginny: El bisabuelo de Egbert no es Grindelwald. Grindelwald es el bisabuelo de David. Egbert y David no son parientes.

    ¡Saludos!

  17. Sapey Says:

    solo el nombre de pila puede ser un anagrama o el nombre con el apellido

  18. Mary S. Says:

    Tal vez el bisabuelo de Egbert es “Experiencia” y el era alguien que conocio o era amigo o enemigo o algo de Grindelwald…


  19. Egbert debe seeeeeeer… o debe de parecersele al muchacho rubio que veia en sus sueños… a aquel joven, y lo de la cajita y todo eso… Ademas, Alemania debia de ser la residencia de Grindelwald, o al menos su nacimiento… Familiar, supongo… BUEN CAAAAAP!!


  20. Muy buen capítulo, espero con impaciencia el siguiente jajajaja ;)

    P.D: Yo creo q el bisabuelo de Egbert es “Experiencia” y que era seguidor o compañero de Grindelwald, pero puede ser cualquier cosa :D

    Un saludo.

  21. Marcelo Says:

    Es obvio, el bisabuelo de Egbert es Experiencia. Primero, porque David le reconoce de algo, segundo, porque el le dice que David es buen chico, como le había dicho al mismo David en el primer capítulo. Vamos a ver si Egbert se siente igual que Frederic respecto a su Casa……

  22. Ignotus Fakus Paverell Says:

    Buen capitrulo amigo.. creo q es el tataranieto de Experiencia.. Adios

  23. karla Says:

    bueno pues como ia dijeron en los comentarios lo mas seguro es que su abuelo sea el doñito de la calle, pero me da para una trama medio envuelta en la que experiencia sea el mismo mago que dejo a la mujer en inglaterra sin dinero, aunk esto los convertiria en parientes muy lejanos y por las facciones, puede ser… solo me keda leer para averiguar…


  24. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el aprendiz de magia Tags: David Harrison, harrison […]

  25. Victoire Weasley Says:

    Me encanto el capitulo como todos los otros. Creo que ya se de donde le parece conocido Egbert, pero me gusrdo mis sospechas, jajaja.
    Aunque no entiendo, ¿en el libro de J.K Rowling dice que Durmstrang queda en Alemania?


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