Capítulo 9: Escape

16 abril, 2008

David ocupó el pupitre que fue suyo durante todo el año anterior, ubicado junto al de Charlie y el de Silvia. Adelbert se dirigió nuevamente hacia su escritorio a paso lento pero firme, examinando un posible punto imaginario situado en la pared más lejana. Sus manos, entrelazadas detrás de la espalda, se revolvían entre sí con entusiasmo y rapidez. Daba la impresión de que él, más que nadie, quería dar inicio a su primera clase. Una vez que llegó a destino, corrió la silla y descansó su cuerpo en ella. Ahora sí, por primera vez, contempló la cara de cada uno de los alumnos que esperaban ansiosamente sus primeras palabras. David apreció la intensidad de aquellos perforantes ojos azules, aparentemente intactos en cuanto a la capacidad de ver, ya que no estaban precedidos por anteojos. Adelbert se mantuvo en esa posición durante al menos un minuto, y en ese tiempo no se oyó ni el zumbar de una mosca. La puerta debía estar encantada para bloquear el sonido, pues tampoco se percibía el sonido del pasar de los alumnos que seguramente se estarían dirigiendo a sus respectivas clases.

― ¿Algo para decir? -fue lo primero que dijo el profesor, entornando sus ojos.
El silencio sólo fue roto cuando Frank se acomodó un poco en su silla, y el roce que esto provocó pudo oírse, por algún motivo, en todo el aula.
― ¿Alguien? -continuó Adelbert, ahora pasando la vista con detenimiento por sus alumnos. La mayoría de ellos desviaba los ojos en el mismo instante en que los azules parecían iluminar el interior de cada uno.
Charlie miraba de reojo a Silvia con bastante frecuencia, esperando el momento en que ella elevase su mano, como lo hacía normalmente ante una pregunta formulada por un educador. Pero Adelbert ya había formulado dos, y la cara de la chica lo decía todo en cuanto a la idea de ser la primera en hablar.
Sin embargo, la impaciencia le jugó en contra a Charlie, porque, al parecer, Adelbert percibió la maniobra, y dirigió sus palabras como cañonazos hacia él:
― ¿Tu nombre?
― Charles Thomasson -balbuceó.
― Ah… ¿Podría decirme, señor Thomasson, qué fue lo último que hicieron con el anterior profesor?
― Practicamos el maleficio obstaculizador -saltó Silvia, quizá sin poder soportar la idea de que vuelva a ser Charlie quien responda, a pesar de haber sido la anterior una pregunta personal. Pero Silvia se arrepintió al instante, pues los ojos azules ahora la atacaron a ella.
― Vamos a dejar algunas cosas en claro -dijo el profesor, y se incorporó con bastante habilidad. Rodeó el escritorio y apoyó sus manos sobre él, de cara a la clase-. Me encantaría que todos participaran de la clase. Sin embargo, cuando yo dirija la palabra a alguien en especial, exijo que nadie más abra la boca, y que esa persona responda. Ahora les pregunto a todos, ¿queda claro?
― Sí -dijeron algunos tímidamente, entre los cuales se encontraba Silvia.
― Quiero que todos respondan cuando pregunto a la clase. ¿Queda claro?
― Sí -contestaron todos, menos uno.
― Perfecto. ¿Cuál es tu nombre?
La pregunta fue dirigida a la única persona que permanecía impasible ante la actitud del profesor.
― Nicholas Ralph.
― Nicholas Ralph… sí, me suena -observó Adelbert-. ¿No eres el que dijo haber recibido muchas agresiones durante el año anterior por parte del señor Harrison, aquí presente?
― Así es -confirmó Nicholas.
― Interesante… Párese aquí, al frente de la clase.
― Leyó el diario -susurró Charlie al oído de David.
― Lo sé -contestó éste.
Nicholas se incorporó, aunque ahora no parecía muy seguro de lo que hacía. De todas formas, obedeció la orden de Adelbert, sin causar ningún tipo de inconveniente.
― Ahora vamos a ver si las clases del profesor Johanson han sido fructíferas.
El profesor le dio la espalda a la clase mientras volvía a su escritorio, donde agarró una especie de pelota brillante de color azul, muy parecida -en cuanto al tamaño- a las que se utilizan para jugar al tenis. Acto seguido, se desplazó hasta su posición anterior.
― Voy a lanzarte esta pelota varias veces, y cada vez que lo haga intentaré hacerlo con más fuerza. Usted hará todo lo posible para que la pelota no lo golpee. ¿Entendido?
Nicholas asintió, y se puso en una suerte de posición de defensa.
― Bien. A la cuenta de tres. Uno, dos, tres.
Adelbert lanzó la pelota -que un segundo antes de ser lanzada cambió de color, a un azul verdoso-, aunque con muy poca velocidad.
― ¡Impedimenta!
La pelota se detuvo en el lugar y cayó abruptamente, atraída por la fuerza de la gravedad. De inmediato, retomó su color azul original.
― ¿Desea hacer algo más? -preguntó Adelbert, pasados unos segundos, al ver que Nicholas no hacía nada, satisfecho con su efectividad.
Nicholas, sorprendido por la pregunta, negó con la cabeza.
― Muy bien, muy bien. Casi perfecto -concedió el profesor-. Cinco puntos para Slytherin. Vamos a intentarlo otra vez.
Nicholas, contento por su pequeña cosecha de puntos, volvió a colocarse en posición de defensa. Adelbert abrió la palma de su mano y la pelota viajó hacia ella, provocando algunos comentarios de asombro entre los estudiantes que no habían visto hacer magia sin varita.
― Uno, dos, tres.
El profesor lanzó nuevamente la pelota -que volvió a cambiar de color-, esta vez con un poco más de potencia, pero Nicholas no tuvo inconvenientes para obstaculizarla.
― ¿Hay algo que desee hacer, señor Ralph? -Adelbert repitió su pregunta después de unos segundos.
Nuevamente, Nicholas negó con la cabeza.
― Muy bien hecho, señor Ralph. Diez puntos para Slytherin.
Nicholas sonrió abiertamente hacia sus compañeros de casa, que apretaban el puño por debajo de la mesa en señal de festejo.
― Como verán, este no es un maleficio muy difícil de llevar a cabo. Pensé que estarían más avanzados en cuanto a hechizos de defensa. Me equivoqué, y ahora voy a saber por qué.
De súbito, la pelota se tornó nuevamente a un azul verdoso, y Adelbert la lanzó en dirección a Nicholas, con una potencia considerable si se tiene en cuenta su contextura física. Nicholas, sorprendido, no pudo reaccionar y esperó el golpe con los ojos cerrados, con resignación. Sin embargo, la pelota se detuvo a escasos centímetros de tu nariz. Adelbert abrió su mano una vez más, y la pelota voló a lo largo de la habitación para situarse en ella.
― Mal. Mal. Muy mal -dijo Adelbert, moviendo su cabeza de un lado a otro-. Quince puntos menos para Slytherin. Siéntese, señor Ralph.
Nicholas, aún sin entender en qué había fallado, pero sin atreverse a replicar -ahora se lo veía más intimidado por el profesor-, acató la orden.
― Es más que obvio que no podrían haber llegado más lejos con el otro profesor-observó Adelbert, empezando a caminar a lo ancho del aula-. Los hechizos de defensa sirven de muy poco si uno no sabe aprovechar sus prestaciones ni utilizarlos correctamente.
“ Señor Ralph -continuó, deteniendo su marcha y mirando fijamente a Nicholas-, le lancé la pelota tres veces, y cada vez que lo hacía intentaba aumentar la velocidad de la misma, incrementando, por consiguiente, la dificultad del ejercicio. Aún así, usted contaba con una ventaja crucial con respecto a mí: sabía exactamente cuándo la lanzaría. No porque yo se lo indicara a través de las palabras, sino porque la pelota tiene la capacidad de cambiar de color, y lo hacía instantes antes de ser arrojada.
“ Sin embargo usted no pareció prestarle mucha atención a este detalle, o lo que es peor, le restó importancia, concentrándose más en lo que yo decía que en lo que yo hacía. Por consiguiente, cuando aparenté abandonar mi actitud de ataque, usted bajó su defensa; un error sumamente grave. Pero aún así, cuando iba a arrojarla por tercera vez, la pelota comunicó que estaba por ser lanzada, y su error radicó en no aprovechar esta advertencia, sino que dio por sentado que mis ataques ya habían acabado.
Adelbert retomó su caminata a lo ancho del aula, volviendo a entrelazar sus manos detrás de la espalda.
― Esta equivocación, que dudo que alguno de los aquí presentes no hubiese cometido, puede resultar fatal. Cuando uno habla de utilización de hechizos de defensa, suele hacerse la idea de que lo hace, en la mayoría de los casos, para repeler un ataque, y no para sacar ventajas en cuanto al adversario. En esa idea radica un gran error, pues siempre estaremos a un paso por detrás del rival.
“ Ahora bien, con un poco de habilidad mágica, y mucha habilidad mental, podemos utilizar los hechizos de defensa adecuados para igualar nuestra condición con la del rival, para después intentar sobrepasarlo, sin necesidad imperiosa de utilizar hechizos de magia negra.
“ Cuando le lancé la pelota por primera vez al señor Ralph, él la detuvo a la perfección. Sin embargo, cuando la pelota estuvo en el suelo, lejos de mi alcance y totalmente a su merced, no hizo nada para dificultarme la recuperación del objeto. ¿Por qué? Porque como dije, cuando uno habla de hechizos de defensa, la idea que se forma en la cabeza es la de evitar un ataque ya realizado.
“ La consigna para el señor Ralph era hacer todo lo posible para que la pelota no lo golpee. Mediante el método que él utilizó, cumplió de cierta forma con la consigna. No obstante, yo podría estar semanas y semanas lanzando la pelota para que sea obstaculizada, sin que el señor Ralph obtenga un mejor resultado que volver a la posición original: yo, con la pelota en la mano y en actitud de ataque, y él, en posición de defensa, dependiendo siempre de mi próximo movimiento. En conclusión, siempre condicionado por lo que yo decida hacer.
“ Ni bien la pelota cayó al suelo por primera vez, señor Ralph, usted debería de haberla tomado o destruido. Como verá, no tengo ninguna varita en manos, y mi único objeto de ataque era aquella pelota. Por lo tanto, podemos decir que lo mejor que podría haber hecho el señor Ralph no era detener la pelota todas las veces que yo la lanzara, sino hacerlo una sola vez, e intentar anular todas mis posibilidades de volver a utilizarla. Le pregunto a la clase, ¿queda claro?
― Sí -contestaron todos.
― Lamentablemente, dudo que así sea. La Defensa Contra las Artes Oscuras no se aprende con libros, sino con la práctica. La vida es la mejor escuela, y esta asignatura es el mejor ejemplo. Quiero que este ejemplo sea el punto de partida para que logremos una mejor comprensión del concepto de Defensa Contra las Artes Oscuras, y así poder utilizar técnicas adecuadas para salir de un aprieto, y no simplemente para postergar nuestra caída.

La clase no duró mucho tiempo más. Adelbert, después de esa curiosa lección, había concedido a los alumnos el resto del tiempo de la clase, para que pensaran en lo que se había hablado o para, simplemente, descansar. Charlie parecía bastante divertido y satisfecho con el hecho de que Nicholas hubiese ganado y perdido la misma cantidad de puntos en un abrir y cerrar de ojos. Parecía que Adelbert le caía bien a la mayoría, y a la vez les inspiraba respeto y admiración.

Por fin el lunes llegó, después de un fin de semana sin tareas ni redacciones por elaborar, debido a que en el primer día de aquella semana escolar tendría lugar la inauguración oficial del club de duelo. En realidad, los miembros del Consejo Escolar no quisieron dar detalles al respecto, pero las especulaciones que esto generaba habían aumentado la expectativa entre los otros alumnos. No hubo clases durante la mañana de ese día, algo que cayó como una bomba de felicidad en gran parte de los estudiantes, aunque en realidad era para terminar los preparativos del evento.
Después del almuerzo, la directora ordenó a los alumnos que se retirasen, para que el Gran Salón pudiera ser adecuado a las circunstancias que ya todos conocían. Tan sólo se quedaron con ella los profesores y los miembros del Consejo Escolar.
David, Frank, Silvia y Egbert salieron a los jardines, pues serían avisados en cuanto el evento diera comienzo. No era de los días más bellos ni cálidos de aquel otoño, pero poco importaba en aquel momento. Los cuatro amigos estaban demasiado ocupados debatiendo cuál sería la gran inauguración, como solía llamarla el Consejo Escolar.
― Creo que será un gran espectáculo de luces mágicas -apuntó Frank.
― No lo creo -observó Silvia-, es muy probable que sea un duelo.
― ¿Un simple duelo? -inquirió Egbert.
― Quizá un duelo entre profesores. ¿Quién sabe?
Siguieron caminando por el borde del inmenso lago. La superficie del agua reflejaba la gris nubosidad que se extendía a lo largo y a lo ancho del inmenso cielo, anunciando una lluvia que no tardaría en llegar. Hacia la mitad del lago se podía ver un gran tentáculo que emergía y volvía a sumergirse, perteneciente al Calamar Gigante, posiblemente la mascota más conocida de Hogwarts.
― ¿Qué tal enseña mi bisabuelo? -preguntó Egbert de pronto, sin poder aguantar un segundo más sin formular esa pregunta.
― ¡Muy bien! -exclamó Silvia-. La clase del viernes fue muy interesante, y creo que tiene muy en claro lo que es realmente la defensa contra las malas artes.
― Yo aún no tuve clases con él -comentó Egbert-. Mañana es la primera, y espero que sea tan buena como algunos dicen. ¿Aprendieron algún hechizo interesante con él?
― No -respondió David-. Cree que necesitamos aprender a manejarnos en situaciones de riesgo antes de aprender nuevos hechizos, y puede que tenga mucha razón.
Un potente sonido, similar al tintinear de una inmensa campana, resonó por la totalidad de los terrenos. Era la señal: el evento estaba listo. Los estudiantes más próximos a la puerta del castillo ingresaron por ella, y los más lejanos apuraron el paso, por la emoción y por las primeras gotas de llovizna.

El Gran Salón había sufrido un cambio radical durante los escasos minutos en que el alumnado había permanecido ausente. De las paredes colgaban decenas de estandartes morados y blancos con varitas negras entrecruzadas, y esa imagen trajo a la mente de David el recuerdo de algunos escudos de armas medievales, en los cuales, en vez de varitas, había espadas.
En el centro de la habitación había una plataforma que se extendía a lo largo del salón, y todos adivinaron que allí tendrían lugar los duelos. Era lo suficientemente ancha como para que ambos rivales pudieran maniobrar y esquivar los hechizos, y tan larga que los extremos se encontraban cercanos a las paredes de piedra.
De pie sobre la plataforma se encontraba McGonagall, Neville y, por algún motivo, también Adelbert. Cuando todos los alumnos se hubieron acercado al escenario, Neville tomó la palabra.
― ¡Bienvenidos! Como todos ya saben, hoy se materializará esta genial idea que ha sido la creación de un pequeño club de duelo. Antes de empezar debo decir que no todo está permitido aquí; tan sólo podrán ser utilizados algunos encantamientos y maleficios de baja peligrosidad. Sin embargo, queda en la habilidad de cada duelista aprovechar al máximo los hechizos permitidos.
“ Las reglas son simples: el duelo termina cuando uno de los duelistas se rinda, sea desarmado, o quede inhabilitado para seguir combatiendo. El ganador sumará un punto para su equipo. Cuando todos los estudiantes hayan cumplido su primer turno, los cuatro equipos con más puntos pasarán a la siguiente ronda, en la cual otros dos serán eliminados, para dejar lugar a los finalistas. Sin embargo la gloria está reservada para uno solo de ellos. ¡Así que procuren dar todo de ustedes mismos para llevar a su equipo a la cima!
“ Para empezar, nuestra directora y el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras nos darán una breve lección de cómo llevar a cabo un duelo. ¡No intenten copiar sus hechizos! ¡Que comience el combate!
Una vez dicho esto, Neville dio un ágil salto para bajarse de la plataforma, dejando a la directora y al profesor enfrentados. Éstos se acercaron, estrecharon sus manos, hicieron una reverencia y, acto seguido, se alejaron paulatinamente. Cada uno se colocó en un extremo, elevó su varita y esperó la orden del juez, que en este caso era Neville.
El vicedirector no se hizo esperar, sino que, con una floritura de su varita, fabricó chispas rojas y verdes. El duelo había comenzado oficialmente.
McGonagall fue la primera en atacar. Moviendo sus brazos de una forma elegante y ágil, conjuró un potente encantamiento de desarme, que fue fácilmente interceptado por Adelbert.
Después de esto el profesor se adelantó unos pasos con rapidez para estar más próximo a su rival, y sin pronunciar palabra alguna conjuró grandes anillos de fuego que salieron de su varita, haciéndose más grandes a medida que avanzaban hacia la directora. McGonagall, sin embargo, no tuvo problemas para deshacerse de ellos. Conjuró una gran pantalla de agua frente a ella, que se evaporaba cuando el poderoso fuego la tocaba, pero se reconstruía al instante.
Los aplausos llegaron desde ambos lados de la plataforma. Los estudiantes más jóvenes proferían expresiones de asombro cada vez que uno de los duelistas invocaba algún impresionante hechizo, y repetían la acción cuando el otro lo desviaba o anulaba.
El duelo continuó por un buen rato; ninguno de los dos combatientes daba muestras de cansancio y mucho menos de querer renunciar a la causa que los unía. Generalmente era McGonagall quien atacaba, y Adelbert se limitaba a contraatacar. David se preguntaba si estaría utilizando la técnica de la que les había hablado durante su primera clase. Si así era, Adelbert estaba esperando el momento justo para asestar un golpe certero a su oponente.
Pronto ambos contrincantes se encontraron a escasos metros de distancia, haciendo esto más apasionante e impredecible el duelo.
Pero el punto cumbre del combate fue cuando ambos lanzaron un encantamiento de desarme a la vez. Los hechizos eran tan potentes que no hicieron otra cosa que impulsar hacia atrás a los dos hechiceros, alejándolos un poco más. Adelbert había perdido ligeramente el equilibrio al apoyar todo su peso sobre uno de sus pies, y McGonagall aprovechó la situación. Ante los ojos de todos sus alumnos, la directora se transformó en un gato negro y corrió tan rápido como sus enérgicas patas se lo permitían en dirección a la varita de Adelbert, dispuesta a quitarla de un mordisco. Sin embargo, Adelbert pudo recuperarse y reaccionar rápidamente, y en un abrir y cerrar de ojos ya no había un profesor, sino cinco.
McGonagall, desconcertada, se dirigió con determinación hacia la figura del medio. ¿Sería ese el Adelbert real? No lo supo, porque cuando saltó y estuvo a pocos centímetros de una de las varitas fue rechazada por una fuerza invisible, y comenzó a describir círculos en el aire. Las cuatro réplicas de Adelbert desaparecieron -revelando que McGonagall no había escogido la opción correcta-, y el real aprovechó las circunstancias tan bien como su habilidad mágica se lo permitieron. Apuntó su varita hacia el gato, que aún volaba por los aires, y un rayo de luz blanca impactó en él. La directora recuperó su forma normal a causa de esto, e intentó reaccionar de la mejor forma posible. Con la ayuda de su varita, convirtió uno de los estandartes en un gran murciélago de vivos colores, que se dirigió con determinación hacia Adelbert. No obstante, el profesor no tenía ojos para esa extraña criatura, sino que estaba a punto de poner en práctica la charla dada el viernes anterior. Por primera vez tenía a la directora a su merced, y no desaprovechó la ocasión.
Segundos después, la varita de McGonagall -que estaba desplomada en el piso, a causa de la caída- volaba lejos de ella, y el murciélago ya no era tal cosa, sino que volvía a ser un simple trozo de tela.
El duelo había finalizado, y Adelbert había salido victorioso. La gran mayoría de los estudiantes aplaudió el combate con fervor, y los gritos de euforia llenaron el lugar. Adelbert, como buen ganador, ayudó a la directora a incorporarse, y luego hizo una reverencia ante ella.
― ¡Qué buena estrategia! -elogió Neville a los cuatro vientos, subiendo nuevamente a la tarima-. Un encantamiento escudo muy potente y totalmente invisible, sí señor. Veo que tienes madera para esto.
Adelbert agradeció el halago con una nueva reverencia, y sin mayores rodeos, descendió de la plataforma y fue a ubicarse junto al resto de los profesores.

Después del duelo entre la directora y Adelbert, dio comienzo oficial el evento. En total se disputaron unos doce duelos, entre los cuales participaron dos miembros del equipo de Charlie, y ambos salieron ganadores.
Cuando se dio por terminada la primera jornada, los profesores y miembros del Consejo Escolar se dispusieron a desmontar todo, mientras los demás alumnos volvían a tener un rato de tiempo libre, antes de que las clases de la tarde retomaran su curso normal. Sin embargo, David tenía algunas dudas por resolver.
― ¿Creen que deba preguntarle a Adelbert si conoció a mi bisabuelo? -preguntó a sus amigos.
― ¿Por qué? -preguntó Silvia-. No hables muy alto que Egbert está cerca.
― ¿Qué tiene de malo?
― Nada, pero él puede tomarlo a mal. Y también Adelbert.
― Después de lo de hoy queda claro que estudió en Durmstrang -observó a Charlie-. ¿Vieron cómo combatía? ¡Y a su edad!
― Puede que sí. Quizá deberíamos empezar por preguntar eso -observó Frederic.
― Está bien, yo voy -se ofreció David.
― Esperen -interrumpió Frank-, ¿cómo sabremos que no miente?
― ¡Siempre hay un margen de error, Frank! -replicó Frederic-. Además, no creo que tenga problemas en decir que acudió a esa escuela. Es simplemente una duda que nosotros queremos aclarar. La verdadera cuestión es si tuvo o no relación con Grindelwald.
― Frederic tiene razón, pero de todas formas, si intenta mentir, ¿creen que esto sirva? -preguntó David, al tiempo que sacaba un sickle de uno de sus bolsillos.
Charlie contempló la moneda por unos momentos, arqueando las cejas.
― ¿Intentas sobornar a un posible criminal de guerra con un sickle?
― No es un sickle común y corriente. Se llama Moneda de la Verdad, y se supone que se calienta cuando alguien cerca está mintiendo.
― ¡Genial! -exclamó Charlie.
― ¿Y funciona? -inquirió Silvia-. Quiero decir, ¿alguna vez sentiste que se calentara?
― No, pero supongo que es porque nadie dijo una mentira grande cerca mío. Además, me acordé de ellas el otro día, y todo este tiempo estuvieron guardadas en el baúl. De todas formas, ¿qué perdemos con probar?

La mayoría de los profesores ya se había retirado, pero, afortunadamente para David, Adelbert aún seguía en el Gran Salón.
― Profesor, ¿puedo hacerle unas preguntas? -dijo desde atrás, y Adelbert giró sobre sí mismo para verlo.
― ¡Ah! David, ¿en qué puedo ayudarte?
― ¿Por qué me llama por mi nombre, señor, si acostumbra llamarme por mi apellido?
― Cuestión de gustos, supongo. Como en este momento no tengo ninguna obligación específica con respecto a ti, puedo referirme como si fueras un viejo amigo. No hay nada de especial en ello.
David creyó sentir un pequeño golpe de calor en la pierna adyacente al bolsillo que contenía la Moneda de la Verdad, pero no fue lo suficientemente potente como para distinguirlo entre el calor real o el hecho de haber percibido aquello por estar pensando, justamente, en que la moneda podría reaccionar en cualquier momento.
― Pero supongo que no viniste para preguntarme eso, porque hasta ahora nunca te había llamado por tu nombre. Por eso, debo deducir que quieres hacerme otra pregunta.
― Ah, sí… -David eligió sus palabras con cuidado-. ¿Usted estudió en Alemania, no es cierto?
― Sí, sí, en efecto, estudié en mi país de nacimiento -contestó el profesor con sinceridad-. ¿Por qué lo preguntas?
― Porque… yo y mis amigos no sabemos cómo es la educación allí, y queríamos averiguarlo de la boca de alguien que haya sido formado en ese país -David sintió, ahora sí, una leve pero notable cuota de calor en su pierna, debida a su mentira.
― Bueno, cuando yo era joven no había muchas opciones. Era ir a Durmstrang o estudiar en el extranjero, pues muchas escuelas fueron clausuradas por causas que no muchos conocen.
― Ahora que lo pienso, creo que escuché hablar de Durmstrang. Si no me equivoco es una escuela famosa por dedicar mucho tiempo al estudio de las artes oscuras… y además no aceptan hijos de muggles… claro, eso es lo que escuché -dijo David, intentando corregir una posible ofensa.
― En efecto, así es -contestó Adelbert, suspirando-. Yo no me quejo, porque pude recibir mi educación. Y una muy buena, por cierto. Ahora, con tu permiso, necesito ir a descansar. Tu directora es una mujer muy poderosa.

― ¡Claro que estoy seguro de no haber sentido el calor de la moneda! -gritó David, cuando Silvia cuestionó su percepción sensorial por quinta vez.
― David, tranquilízate, por favor. Sabes que no son técnicas cien por ciento efectivas. Ya comprobamos que Adelbert maneja la magia muy bien, y no tendría por qué tener problemas para cerrar su mente.
― ¿Por qué se ocuparía de ocultar su mente si no sabe lo que estoy haciendo?
― Probablemente lo sabía, porque si puede bloquear su mente, también es posible que pueda leer la de otras personas.
― ¡Eso ya es magia oscura muy avanzada! -replicó Charlie.
― Mira, al menos sabemos algo. Adelbert estudió en Alemania, y lo hizo en Durmstrang, porque dijo que la única opción ajena a ese colegio era estudiar en el extranjero.
― No le veo lo malo a eso -dijo Silvia-. Es más, no entiendo por qué tendría que haber mentido.
― ¡Durmstrang se empeña en enseñar mucho sobre las artes oscuras! -exclamó Charlie.
― No sabemos si Adelbert está de acuerdo con eso -contestó Silvia.
― Sí lo está. O al menos no se siente contrariado -resolvió David-. Acaba de decirme que recibió una muy buena educación, y no lo oí quejarse.
― ¿Están diciendo acaso que una persona es incorrecta sólo por haber asistido a un colegio de ese tipo? -interrogó Silvia.
― Claro que no, pero tengamos en cuenta que si Durmstrang tiene una política de discriminación en cuanto a los magos hijos de muggles, es tonto pensar que no busquen plantar ese pensamiento también en sus alumnos.
― ¿A qué quieres llegar?
― ¿Ya olvidaron por qué empezaron nuestras dudas? ¡Porque es posible que Adelbert haya tenido alguna relación con mi bisabuelo!
― ¿Y eso qué quiere decir?
David mantuvo la boca cerrada durante unos segundos, antes de decir las palabras que tenía en mente, aunque no se había puesto a pensar seriamente en ellas hasta ese momento.
― ¿Creen que me odie porque soy el único mago descendiente de Grindelwald, y soy hijo de muggles?
― Eso no tiene sentido -refutó Silvia, imitando una risa-. Dijiste que cuando lo viste por primera vez, en la plaza de Londres, te trató con amabilidad. Además fue él quien aconsejó a Egbert para que entablara amistad contigo.
― ¿Y si quiere tapar su verdadera intención, como lo hizo Mirtha? -sugirió Frederic.
― No podremos saberlo ahora. Y, por cierto, no deberíamos confiar mucho en esas monedas.

David se revolvía entre las sábanas, y su cara estaba cubierta casi totalmente por un frío sudor. La luz de la luna, que podía verse desde que la tormenta se había alejado, se proyectaba desde la ventana hasta una de las paredes del dormitorio.
Esta vez David volvía a estar en la jaula del zoológico, aunque ya no sentía ese insaciable deseo de extender sus alas y emprender un pequeño vuelo, limitado por los barrotes de aquella prisión. Ahora sólo pensaba en una cosa, y era que debía marcharse de ahí cuanto antes. Descendió tan rápido como pudo, y se colocó junto a la puerta que simbolizaba el portal hacia la libertad. Si buscaba, podría encontrar alguna falla; no todo podía haber sido perfectamente planeado para evitar su escape. Buscó y buscó por minutos enteros algún indicio de falencias en la jaula, pero no pudo encontrar ninguno.
Volvió al centro de la jaula y se dispuso a pensar. Debía de actuar rápido, pues se arriesgaría a ser enjaulado nuevamente si intentaba escaparse a la luz del día, lo cual significaría un aumento en las medidas de seguridad.
Sin embargo, la solución daba vueltas por su cabeza, aunque él no quería ni pensar en ella. Era la más aterradora decisión que podía tomar, pero era necesaria si quería salir de allí de una buena vez.
Con paso decidido se acercó a uno de los bordes de la jaula, el que estaba más próximo a la pared, donde vio una gran y negra tarántula. Intentando actuar con determinación, extendió una de sus alas, esperando que el arácnido asestara el golpe mortal.
Lo hizo. David sintió los colmillos de la tarántula hundirse en su preciosa ala, y el veneno correr y abrirse paso por el resto de su cuerpo. David caminó nuevamente, esta vez tambaleándose, hasta el centro de la jaula, justo debajo del trapecio que le había servido de soporte durante tanto tiempo, pero que no lo haría ni una sola vez más.
Lo último que sintió antes de que sus ojos se cerrasen fue un frío muy intenso, como si todo su cuerpo se hubiese congelado. Pero de súbito, un calor inundó su interior, y su cuerpo quedó reducido a cenizas.
O al menos su anterior cuerpo, porque segundos después, sobre los restos de plumas consumidas, había un ave muy pequeño y feo. David procuró escaparse tan rápido como su diminuto cuerpo lo permitía; el cielo esclarecía paulatinamente, dando señales de que el tiempo disponible se agotaba. Fue dando pequeños y torpes saltos hacia el límite de la jaula, y, rogando que ésta no tuviera ninguna protección extra, se arrojó hacia el exterior, saltando entre un par de barrotes.
Sus pies sintieron la añorada sensación del césped bajo ellos, y antes de ocultarse e irse de allí, echó un último vistazo a la jaula, tan cercana pero tan lejana a la vez.

De pronto, David se encontró sentado sobre su cama. Notó el sudor en todo su cuerpo, pero nada le importaba. Era muy feliz, y creía saber el por qué.
Una luz se encendió en una de las camas próximas a él.
― ¿Qué sucede? -preguntó la somnolienta cara de Charlie, asomada por entre las cortinas-. Estás todo sudado.
― Nada -respondió David, con una sonrisa.
― ¿Por qué estás tan contento?
― Porque soy completamente libre -contestó, sabiendo que aquellas palabras tan significantes para él jamás podrían ser comprendidas a la perfección por su amigo.
Charlie suspiró, corrió nuevamente las cortinas y apagó la luz de su varita.
― Ya duérmete, loco.

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32 Responses to “Capítulo 9: Escape”

  1. Patricia Says:

    Qué bien te ha quedado este capitulo!!! Y que bueno que el fenix se haya podido escapar. Estoy deseosa de saber cuanto va a influir este fenix en la historia. Sigue asi!!

  2. leimer ravenc Says:

    buenisimo espero q el fenix sea la proxima mascota de davis

  3. Marcelo Says:

    Muy lindo el final, y muy misterioso Adelbert… me pregunto de que bando estará. Encierra más misterios que Mirtha para mí

  4. Sapey Says:

    que gran capítulo.
    y como dijo Marcelo parece q Adelbert tiene más misterios q Mirtha

  5. Martyginny Says:

    Me encanto, ke bien ke el fenix se scapo. s posible ke sea fawkes?

  6. Durward Says:

    No quiero adelantar nada, pero puede ser

  7. Nilo Says:

    Acabo de salir de cirujia y esta es el mejor regalo que podría tener luego de dos días en el hospital xD. Gracias!, esta genial!!!

  8. Durward Says:

    Nilo: ¿está todo bien?

    ¡Me alegra que te haya gustado!

  9. Nilo Says:

    Si, por suerte estoy bien ^^. A mi me alegra que hayas posteado.

  10. Candelia Says:

    Me encantó el capítulo!!
    Me alegra que el fénix por fin haya escapado^^ un ave así en cautiverio… que crimen! pobrecillo…
    Me gustaría saber que conexión hay entre el fénix del zoológico y David… Este niño cada día es más misterioso!! Qué será lo próximo? hablar sirenio?? sería gracioso!!
    Y el duelo es sencillamente fantástico.
    Me gustó mucho, en serio!!

    Sigue así!
    Candelia

  11. vane Says:

    esta re bueno este capitulo jejej.
    segui asi y me aegra que se haya quedado en libertad!!!!,
    estoy ansiosa por el proximo capitulo”!
    ah y el duelo estuvo genial segui asi
    nos vemos

  12. Mary S. Says:

    Estuvo muy bueno el capitulo, quisiera saber mas sobre Adelbert y yo creo que si uso oclumancia con David por si acaso… seria interesante que Mirtha y Adelbert estuvieran en el mismo bando, seria divertido, pero creo que esa posibilidad es muy loca, jaja =) No me hagan caso
    ¿Que conexion hay entre David y el fenix? me tiene muy intrigada porque siempre sale en sus sueños!!!

    Saludos!!!

  13. Luis Godric Says:

    hola durward!
    creo que con el tiempo has mejorado mucho la calidad de cada capitulo ¡Felicidades!, me gusto mucho como narraste el duelo la verdad has mejorado muchisimo, espero que sigas asi con la misma calidad de contenido que siempre has sabido manejar.

    En otra cosa la tarantula que significado tendria algun nuevo enemigo que pudiese aparecer???? o el regreso de Mirtha??? ya que la volviste a mencionar despues de unos capitulos bueno me voy cuidate

  14. Durward Says:

    Luis Godric: ¡muchas gracias por tus elogios!

    La tarántula es simplemente el medio que utilizó el Fénix-David para morir y renacer, para así poder escaparse de la jaula que, por cierto, se preocupó tanto por las capacidades mágicas del fénix que olvidó de ocuparse de lo físico.

  15. Luis Godric Says:

    Muchas Gracias!

    Por cierto quiero hacerte la misma peticion de otra lectora de que en dado caso que necesites un nuevo personaje, ojala pudieses crear uno que se llamase Luis jeje alto y de pelo castaño xD bueno en fin solo una peticion.

    Gracias de nuevo

  16. Durward Says:

    No hay problema; lo voy a tener en cuenta.

  17. Martyginny Says:

    Oie, me podes pulic el one shot ke t scribi, plis?’??????
    D acuedo cn Luis Godric, io kero ke hagas a una esañola teceañera d españa,m pelirroja, ojos verdes… Podria ser familia española d los weaslry… mmm. si eso staria vien

  18. Durward Says:

    Martyginny: por supuesto que voy a publicarlo, pero dentro de un par de días.

  19. Martín L. Says:

    Me encantó el capítulo. La prueba de Adalbert me recordó al “ALERTA PERMANENTE” de Moody. Pobre Nicky, quince puntos ganados y perdidos en tan poco tiempo. Y también me gustó mucho la estrategia del fénix -que de paso no creo que sea Fawkes– para escapar de su jaula.
    Saludos!

  20. Ignotus Fakus Paverell Says:

    Buen capitulo amgioo.. !!! je Adios y espero el proximo

  21. lilly potter Says:

    hola!! :D
    pues q decir, igual q los demas muy buen capitulo,me encanto como escribiste el duelo aunq yo queria q ganara McGonagall pero bueno estuvo muy bien,q ese Adelbert tiene mucho misterio y q sigo muy intrigada con la relacion entre el fenix y David pero se q algun dia lo sabre je je je!!
    felicidades!! te mando un beso y un abrazo!! ^_^

  22. horrocrux 7 Says:

    Ups pense que ya habían pasado los 5 días, igual y se pública en la tarde, mientras tanto leere destinos alterados:)

  23. horrocrux 7 Says:

    Durward en este momento estoy hacieno una batalla estilo libre para bloghogwarts, en esta fuciono el fanfic de martín “Harry Potter y el Hacedor de los Reyes” y el tuyo de David Harrison, nada mas quiero saber si no tienes ningún inconveniente de que use algunos de tus personajes.

  24. Durward Says:

    Por supuesto que no, horrocrux7

    Sos libre de usarlos como y cuando quieras

  25. Carlos Black Says:

    cuando el siguiente capitulo?, felicitaciones buena historia¡¡

  26. Durward Says:

    Carlos: lo estoy terminando. Disculpen la demora!

  27. karOo black... Says:

    jajaa..meencato eso de qe
    adalbert le diera puntos a nicholas i luego se los
    quitara…ajajja xD
    ya aora si te alcansee…pro ya tngo sueño asi qe mañana leere el ultimo :)

  28. karla Says:

    bueno ia salio el little fenix…
    se me fue la luz y me keria morir!… pero ia volvio XD
    ya no se que pensar del bisabuelo aunk no creo que se descubra que era asi como mirtha por que como dice aslan “las cosas no pasan del mismo modo dos veces”, asi que espero que este no sea malvado, aparte me cae bien…
    me encanto lo de la pelotita!
    le estaba mintiendo, eso podemos casi casi afirmarlo, pero cual era la verdad es lo que nosotros keremos saber…
    ia me voy


  29. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el aprendiz de magia Tags: David Harrison, harrison […]

  30. NhL_태권도 Says:

    solo tengo una duda… Egbert no pertenecia al consejo? entonces como hace para pasear con los demas cuando se suponia que el consejo estaria organizando el gran comedor?

    ah muy bueno el fic! en dos dias ya casi que lo termino!

  31. Tania Says:

    Me gustó mucho la Lección que les dá Adelbert a odos ellos. Bastante instructiva, tambien, para un fanático.

  32. Victoire Weasley Says:

    Me encanto la leccion que le da Adelbert a los chicos, realmente esa es la mejor defensa. Pero sigo sin comprender varias cosas:
    -Que es lo que paso con el pergamino?
    -Que es lo que paso con Mirtha?
    -Que misterio encierra la historia de Adelbert?
    -Que paso con el contenido de la caja del año anterior?
    -Quien era el hombre rubio del sueño del año anterior? Era Grindelwald?
    -Que ocurrió con Ron y Hermione?
    -Y de que se sentía libre? (digo por el sueño del fenix) De que era prisionero?


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