Capítulo 13: En problemas

7 junio, 2008

La gran mayoría de los alumnos de Gryffindor interesados en formar parte del equipo de Quidditch de ese año se encontraba sobre la superficie del campo de juego, esperando su turno. Al parecer las audiciones acababan de comenzar, pues apenas unos pocos estudiantes se habían retirado hacia un costado, con cara de desilusión. El resto de los presentes, aquellos que habían ido a presenciar la selección del equipo, se encontraban cómodamente ubicados en las gradas, desde donde podían disfrutar de un completo panorama de lo que sucedía.

Si bien muchos alumnos tenían esperanzas de ser seleccionados, sabían que eso no iba a ser nada fácil: el equipo actual estaba conformado por jugadores de muy buen nivel que, para empeorar la situación, se habían quedado con el primer lugar de la competencia anterior. De hecho, todos aquellos que habían participado el año anterior podían volver a ser seleccionados, ya que eran muy jóvenes y aún no habían concluido sus estudios.
El capitán, Eugene Peasey, sobrevolaba el terreno de juego montado en su veloz escoba, al tiempo que daba indicaciones a diestra y siniestra. Al parecer, Eugene creía que era mejor seleccionar a los jugadores viéndolos en acción grupal y no tomando en cuenta sus capacidades individuales. Y ésa, precisamente, podría ser la explicación del por qué de la consagración del año anterior. El equipo de Gryffindor, tal y como estaba conformado hasta el momento, era una mezcla de fuerza, potencia, velocidad, estrategia y suerte. Por esto, justamente, desplazar a aquellos jugadores iba a ser muy difícil para los nuevos aspirantes a participar. Y así fue.

― Es injusto. No puedo creerlo -sostenía Charlie al tiempo que cruzaba la gran puerta del castillo.
― ¿Qué esperabas? Ellos son demasiado buenos, y nosotros ni siquiera sabemos cómo volar y tener la vista fija en una pelota al mismo tiempo -dijo David.
― Supongo que no tenemos el don. De todas formas, es injusto que el equipo no se haya modificado. Pensar que el campeonato pasado lo ganaron por la suerte de ese Skinner.
― Yo no tenía ninguna esperanza.
― ¡Yo sí! Quería sorprender a mi madre diciéndole que me habían elegido bateador del equipo. Ella fue cazadora, y dice que era muy buena.
― De cualquier modo, creo que el Quidditch prefiero mirarlo antes que jugarlo.
― Estás loco. Vayamos a cambiarnos o llegaremos tarde a Defensa Contra las Artes Oscuras.

En la sala común encontraron a Silvia y a Frank, que habían ido sólo a presenciar las audiciones y parecían divertidos por el hecho de que ninguno de sus dos amigos hubieran logrado entrar al equipo, así que se burlaron sanamente de ellos durante un buen rato, hasta que traspusieron el retrato de la Dama Gorda para ir a clases.
― ¿Creen que se haya dado cuenta de que utilicé su pensadero? -inquirió David en referencia al profesor Mauer.
― No lo creo -dijo Silvia.
― ¿Y si me lee la mente?
― Trata de no pensar en ello.
― ¿Cómo haré para no pensar en ello sin pensar en ello?
― No lo sé, tranquilízate un poco.
Una vez dentro del aula que utilizaba Adelbert para impartir clases, cada uno se ubicó en el banco que habituaba ocupar. Adelbert ya se encontraba allí, tan sereno y apacible como siempre, aunque con una mirada ligeramente severa. Seguramente el incidente con Rita Skeeter había sido difícil de olvidar, aunque, al menos hasta el momento, el profesor parecía sobrellevar la situación con la altura debida.
Pero, como suele ocurrir en estos casos, la mano curiosa de una alumna de Slytherin se elevó en el aire.
― Profesor, ¿leyó el artículo de Rita Skeeter?
La pregunta provocó sonrisas de suficiencia entre el alumnado de la casa representada por una serpiente.
― Apuesto a que lo preguntó a propósito -susurró Charlie.
― Sin duda -confirmó David.
Adelbert pareció meditar la respuesta, eligiendo con cuidado sus palabras. Sus manos, entrelazadas, se mantenía inmóviles, queriendo transmitir tranquilidad. Después de un minuto, dio un sonoro suspiro, arqueó sus cejas y contestó:
― No sé que haya escrito esa persona sobre mí, y, en realidad, poco me interesa. Cada uno es libre de pensar lo que quiera de mi persona. Yo estoy aquí para dar clases, no para hacer amigos. A partir de este momento quiero, o más bien exijo, que se evite toda pregunta no relacionada con la Defensa de las Artes Oscuras.
― Perdón, profesor -se excusó la alumna, notablemente abrumada por la respuesta de Adelbert.
― Bien, aclarados los puntos, creo que debemos ocuparnos de lo que realmente nos interesa. Hasta el momento no hemos tenido una clase íntegramente práctica, por lo que creo que ya es hora de ponernos en marcha. Hoy me demostrarán cuán rápido pueden aprender un nuevo hechizo de defensa. ¿Alguien sabe qué conjuro sirve para sujetar algo con sogas mágicas?
Nadie, ni siquiera Silvia, respondió la pregunta.
― Perfecto, así todos comenzarán con el mismo nivel. Observen.
Con un movimiento de varita, Adelbert materializó una extraña criatura en el centro del aula. Era una especie de cerdo, pero su cuerpo estaba compuesto por escamas, como si de una serpiente se tratase. De su entrecejo surgía un amenazador cuerno en forma de gancho. Pero a pesar de su horroroso aspecto, tenía una particularidad muy graciosa: sus patas eran tan cortas que le resultaba realmente dificultoso moverse. Se oyeron risas en el aula mientras el animal intentaba embestir a Adelbert a la misma velocidad que lo hubiera hecho una hormiga.
― Obviamente, en estado natural son más peligrosos -explicó Adelbert-. Tomé la precaución de acortarle las patas. No se dejen engañar; pueden alcanzar velocidades realmente asombrosas.
― ¿Cómo se llaman? -preguntó la misma alumna de Slytherin.
Adelbert la ignoró olímpicamente, algo que provocó cierto ánimo por el lado de los alumnos de Gryffindor.
― ¡Incarcerous! -dijo Adelbert, apuntando su varita a la criatura.
De inmediato, unas sogas mágicas salieron disparadas hacia el asustado animal, y lo ataron tan fuertemente que parecieron provocar un corte en su respiración. Las diminutas patas no pudieron continuar moviéndose, y los chillidos de la bestia fueron apagándose poco a poco.
― Eso es lo que quiero que hagan. De a uno por vez. Tendrán tiempo suficiente para lograrlo sin correr riesgo alguno -ordenó Adelbert, y todos los alumnos se formaron en fila.
La mayoría de los alumnos logró sujetar mágicamente a la criatura en menos de diez intentos, es decir, cuando el animal no había recorrido ni la mitad del camino para embestirlos. David lo logró en cuatro intentos, al igual que Silvia, mientras Frank lo hizo en seis, y Charlie en siete. Todos parecían contentos por los resultados obtenidos, y se regodeaban al imaginar que el hechizo les serviría para jugar alguna que otra broma a sus amigos en un momento inoportuno.
Pero David no pensaba en eso porque algo lo había preocupado en gran medida. Mientras intentaba conjurar el hechizo, Adelbert lo miraba fijamente a los ojos, sin desviar la vista. Obviamente, David evitó el contacto visual, en parte porque debía estar concentrado para lanzar el maleficio, y en parte porque presentía que su profesor intentaba leer su mente. Esto último se debía a que, como le había ocurrido ya en repetidas ocasiones, David podía presentir el poder mágico. Lo que realmente le preocupaba era que cuando tuvo ese presentimiento no pudo, supo que no pudo, dejar de tener en mente el pensadero de su profesor.
La clase por fin terminó y los alumnos comenzaron a desfilar hacia la puerta para recorrer el pasillo que los llevaría a sus respectivos destinos. Adelbert, como siempre, se dirigió hacia su escritorio para acomodar algunas cosas antes de irse. David, Charlie, Frank y Silvia cruzaron el umbral del aula en silencio, lo que permitió escuchar los pasos del profesor, que parecían acercarse con rapidez.
― Harrison, ven un segundo -llamó la voz de Adelbert.
David buscó con la mirada alguna indicación de sus amigos, pero todos se habían sorprendido tanto como él, y Frank hasta había empalidecido un poco. Sin más remedio, el chico giró sobre sí mismo y fue al encuentro de su profesor a paso pesado.
― Entremos, necesito hablar contigo.
― Tengo clases, profesor -quiso excusarse.
― Te daré una justificación.
Así, el profesor tomó la perilla de la puerta y se hizo a un lado, realizando el típico gesto de “pase usted primero”. David no se atrevió a discutir el pedido del profesor, así que no tuvo más remedio que acceder.
Una vez que la puerta se cerró, Adelbert entrelazó sus manos detrás de la espalda y fue a sentarse en su silla. Materializó una del otro lado del escritorio y la señaló con uno de sus largos dedos, indicándole a su alumno que se sentase. Pocas veces los pies de David habían pesado tanto, y el chico podía sentir que estaba comenzando a sudar.
― Quiero que me digas exactamente qué viste en el pensadero -ordenó Adelbert, confirmando el temor de David.

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24 Responses to “Capítulo 13: En problemas”

  1. vane Says:

    hola que buena esta este capitulo!!!!! y bueno contenta de ser la primera jajaj espero con anias el proximo.
    ahora no podre dormir con la intriga jajaj

    saludos, besos

  2. karla Says:

    primeras!

  3. karla Says:

    ay ia no…
    bueno esta bien de todos modos…
    hay un error, en donde dice muy nivel, pero ai luego lo chekas…
    lo que no me cuadra de la legeremancia del profe, es si david lo vio a los ojos, por que lo estaba evitando, pero no se si lo vio, y sin contacto visual no hay “lectura”, asi que ahi me kede como si o no?
    esta genial la historia, estoy oficialmente traumada!

  4. Nilo Says:

    Genial!,Bravo!, espero con ansias el siguiente capitulo!

  5. Ro Says:

    Excelente, el proximo lo publicas el jueves ¿no?

  6. Mary Clearwather Says:

    Noooo!! No, por dios, no lo dejes asiiii!

    Esta increible, pero odio la intriga :)

  7. karOo black... Says:

    =O!…lo cacharonn iii qe maal
    pro yo pienso qe adalbert si es buenooo =D!
    intrigaa intrigaa…byee

  8. Mary S. Says:

    Muy bueno el cap!!!

    Espero que Adelbert no castigue a David…

    Saludos!!!


  9. :o No puede seeeeeer!! Que bn cap!! Extrañaba leerlos!! Mucha intriga!!! Espero que no lo castiguen o asi…

  10. Cristinne Potter Says:

    Diossss!!! Que suspenso!! Por que lo dejas justo ahi??

  11. Martyginny Says:

    O, O-… Ke le dira dvid? ke le diga la verdad, y ke luego le aclare ke no ntndio nada!!!

    one-shot…..

  12. lilly potter Says:

    woao!! que emocion!! :D
    excelente capitulo!! ;-) me dejaste muy intrigada, que pasara con David,espero la conti..
    saludos!! :-)

  13. Candelia Says:

    WOW!!
    Que emocionante!!
    me he estado mordiendo las uñas todo le capítulo!! uff, ¿Qué pasará??
    Me encanta, sigue asi!

  14. Mary S. Says:

    Espero que Adelbert sea bueno y que cuando David le cuente lo que vio, el no lo castigue y le aclare bien lo que paso en ese recuerdo…

  15. fernanda Says:

    espero que no le haga nada malo. Buen cap el final esta bueno pero no aguanto la espera

  16. Syriana Says:

    ok la intriga es buena, no pude evitar decir “ja te agarraron” jajaja creo que lo dije muy alto hasta parecer una loca menos mal que no habia nadie en la casa…

  17. ARCTURUS Says:

    estuvo muy bueno, sobretodo la forma en que finalizaste el capiulo sigue asi.

    david trato de evitar el cotacto visual pero en algunos momentos tuvo que mirarlo a los ojos para darse cuenta que el profe lo estaba mirando.
    y fue parecido a lo que paso con snape cuando pillo a Harry con su libro de pociones.

  18. leimer ravenc Says:

    por fin, jejeje quisiera ver la cara de david en ese momento debe estar bien palido jejeje

  19. Marcelo Says:

    Ooooohhhh! Se dio cuenta! Que mal. Bueno, a ver que pasa ahora…

    Saludos!


  20. […] Ir al capítulo siguiente Posted by Durward Filed in David Harrison y el aprendiz de magia […]

  21. Victoire Weasley Says:

    Re piola, ahora si que se le armo la grande, pobre David.!

  22. CINTHYA Says:

    dejo el armario abierto e estado pensando en eso desde que salio corriendo porque alguien venia


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