Capítulo 14: La resolución de Silvia

12 junio, 2008

Les nervios de David se tensaron al máximo, y su respiración comenzó a ser entrecortada. ¿Cómo iba a salir de esa situación? No se creía capaz de esquivar a Adelbert negando algo que su profesor ya había confirmado; porque, si había formulado la pregunta tan firmemente, era porque Adelbert sabía con exactitud que David había metido mano donde no debería haberlo hecho.

Sin encontrar una respuesta convincente, se limitó a permanecer sentado, encorvado, con los dedos presionando con fuerza sobre sus muslos. En un intento de demostrar confianza o seguridad, procuró hacer contacto visual con Adelbert, pero su sentido común le hizo saber que no era una buena idea. En efecto, tenía por seguro que si sus ojos encontraban a los de su profesor, volvería a sentir que le estaban leyendo la mente. Y eso no haría más que empeorar la situación, pues estaba recordando con lujo de detalles todo lo que había visto en el pensadero.
Así, no hizo más que guardar silencio, sabiendo que lo único que lograba con ello era atrasar mas no evitar el inminente castigo. Y con suerte sería un castigo como los que solían imponer otros profesores; si su concepción sobre Adelbert era cierta, entonces no podía descartar ni la peor de las torturas.
― Estoy esperando una respuesta -insistió Adelbert-. Sabes que si quiero hacerlo, puedo leer tu mente.
― ¿Por qué no lo hace? -desafió David, sin poder contenerse. Supo que prefería escuchar su voz o la de su profesor antes que estar envuelto por aquel inquebrantable silencio.
― Prefiero que me lo digas tú.
En ese momento, un sentimiento de esperanza pareció encenderse en el interior de David. Si mentía a su profesor, y evitaba el contacto visual, quizá hasta podría conseguir un castigo mucho menor al que le correspondería. Sólo necesitaba elaborar el relato de algún recuerdo que hubiese sido muy común en la infancia de Adelbert. No parecía muy difícil; podría decir que había visto un pequeño niño cruzando el bonito jardín de una casa y sentarse en el suelo, sin dar ningún dato de relevancia.
Era arriesgado, sí, pero David sabía que en ese momento debía apostar a todo o nada. Convencido de esto, exigió tanto como pudo a su inteligencia para que elaborara un breve relato. Después de todo, Adelbert quizás no supiera cuánto tiempo estuvo contemplando sus recuerdos en el pensadero.
Aun así, si David quería que su plan de emergencia tuviera éxito, debía evitar a toda costa el fijar la vista en aquellos ojos penetrantes.
― ¿Vas a contarme? -inquirió Adelbert.
― Yo… señor, yo no quise meterme con las pertenencias de un profesor -comenzó a disculparse David, esforzándose por mantener la vista en algún punto imaginario de la mesa que lo separaba de su profesor-. Simplemente no pude evitarlo…
― El pensadero estaba bien guardado. No creo que te hayas topado con él por casualidad.
― Bueno, yo…
― Ahorra las explicaciones innecesarias. Quiero saber qué viste y oíste en esos recuerdos -interrumpió Adelbert, desafiante.
― Yo… yo lo vi a usted cuando era niño.
― ¿Cómo sabes que era yo? -inquirió Adelbert.
David, sorprendido por la pregunta, no pudo evitar balbucear. Y, por culpa de un acto fallido, elevó la vista… notó que, por una milésima de segundo, los ojos de su profesor brillaron furiosamente. Tan rápido como pudo volvió a su postura original, pero supo que era demasiado tarde.
― Lo supuse, señor.
― Bien, bien… Continúa.
― Usted cruzaba el jardín de una bonita casa, y luego se sentó sobre la hierba, detrás de un arbusto.
― Ajá… ¿qué sucedió después?
― Me salí del pensadero.
― ¿Por qué?
Las preguntas del profesor llegaban a sus oídos incluso antes de que él terminara la frase. Sin duda, quería confundirlo a base de un bombardeo de interrogaciones.
― Porque pensé que venía alguien.
― ¿Por qué lo pensaste?
― Porque…
― Si sabías que venía alguien, entonces no viniste solo, pues dentro del pensadero no puedes percibir sonido ni imágenes del exterior.
― Señor, el verdadero culpable fui yo.
― No lo dudo -finalizó Adelbert, imponiendo su mano entre él y su alumno, en señal de silencio.

Esperando la sentencia que lo condenase, David volvió a callar. Era cuestión de segundos, sabía, para que su profesor estallase de rabia, o, lo que era aún peor, mantuviera su acostumbrado tono sereno y apacible para anunciar su castigo.
― ¿Es absolutamente cierto lo que dices que has visto en mi pensadero? -inquirió Adelbert una vez más.
― Sí, señor -volvió a mentir David.
― En ese caso, supongo que no hay motivo para castigarte.
¡Qué alivio! Aquellas palabras le cayeron a David como comida de restaurante a un náufrago. Si Adelbert no lo estaba engañando mediante algún extraño truco, ya no tendría que preocuparse por represalia alguna. Notó que sus pies y manos se aflojaban, abandonando aquella insoportable tensión. El sudor, que no había dejado de cubrir todo su cuerpo, por fin pareció detener su avance.
Pero esa sensación de sosiego le jugó en contra. David, regodeándose en ese momento de desahogo, olvidó la principal consigna: evitar el contacto visual. No pudo evitar que sus ojos se conectaran una vez más con los de Adelbert, y ni bien ambos tuvieron la vista clavada en el otro, supo que todo había sido en vano. Era inútil el esfuerzo que David hacía por no recordar lo que había visto en el pensadero, pues las imágenes de los recuerdos iban sucediéndose en su mente con lujo de detalles. Pronto pudo ver a la familia Mauer sentada a la mesa, hablando con dos hombres bien vestidos… vio también al niño alemán posado en la hierba, vio la verja del jardín que se abría… y vio a Grindelwald. Pareció que ese instante duraría por toda la eternidad, hasta que su profesor parpadeó y aquella sensación de desesperación por fin lo abandonó.
― Ya puedes irte.
David no podía dar crédito a las palabras que sus oídos habían captado. Estaba seguro de que Adelbert acababa de leerle la mente y ahora sabía la verdad de lo ocurrido.
― Ya puedes irte -repitió Adelbert.

― No sé por qué, pero no quiso castigarme -explicó David a Silvia, minutos después de encontrarse con ella en la sala común.
Hacía un día hermoso, ya que el frío que acostumbraba asomarse para esa época no se había hecho presente aquel día con la misma furia que en jornadas anteriores, y el sol no estaba tapado por ninguna molesta nube que interfiriera sus rayos lumínicos. Muchos de los estudiantes disfrutaban en los terrenos, corriendo, hablando, o simplemente sentándose a descansar bajo la sombra de alguno de los milenarios árboles que alojaba aquel lugar. Charlie y Frank habían bajado a los terrenos hacía apenas unos minutos, y David los hubiese acompañado con gusto, pero Silvia insistió tanto en saber exactamente lo que había ocurrido en la imprevista reunión entre él y Adelbert que el chico no tuvo más remedio que acceder.
― Entonces es imposible que te haya leído la mente. No tiene sentido -objetó Silvia.
― Claro.
― A menos que… Adelbert no tenga nada que esconder.
― ¿Después de lo de Skeeter sigues pensando lo mismo?
― Así es. El día que cambie de opinión por culpa de esa mujer, por favor mátame.
― Lo haré.
Silvia esbozó una sonrisa, pero no tardó en volver a adoptar una postura de seriedad.
― ¿Cuándo crees que deberíamos seguir investigando la vida de Grindelwald? -preguntó.
― No lo sé, cuando quieras.
― Claro, claro. El problema es… estuve revisando los libros, y casi no hay información importante.
― ¿Y por qué no buscas otros?
― Creí que tú me ayudarías a buscar -dijo Silvia tras un sonoro resoplido.
― Lo haría… si me interesara saber algo sobre Grindelwald -se excusó David.
― ¡Eso es mentira! Vi cómo te cautivó la búsqueda del otro día.
― Bueno, bueno, está bien… Cuando necesitemos los libros, vamos a buscarlos.
― No, no. Vamos a ir ahora.
― ¿Ahora? ¿Y perdernos este día?
Pero Silvia ya no lo escuchaba. Recogió su varita y unos libros que había sobre una de las antiguas mesas de la sala común y se dirigió como un relámpago hacia el retrato de la Dama Gorda. David pasó tras ella, sin tener siquiera la oportunidad de discutir la actitud de su amiga.

Los pasillos de Hogwarts, como David había imaginado, estaban desiertos. Se respiraba un aire de tranquilidad mientras se avanzaba por los pisos de piedra, aunque aquella calma resultaba a la vez escalofriante.
― ¿Te imaginas estar sola en este castillo, de noche? -inquirió David.
― ¡Ah! Llegó la hora de las preguntas inteligentes… -se rió Silvia.
Por el camino sólo se cruzaron con dos fantasmas melancólicos y un pequeño grupo de alumnos de primer año que preferían recorrer el castillo a corretear por los terrenos. David y Silvia atravesaron los pasadizos rápidamente, y pronto se encontraron ante la gran y robusta puerta que precedía a la biblioteca.
― La última vez que estuve aquí… bueno, no hace falta que lo diga -expresó David.
― No pasará nada. Tan sólo queremos buscar unos libros.
Así, se adentraron en la gran habitación, que parecía contener cantidades inestimables de libros para todos los gustos: antiguos y modernos; de hechizos y pociones; de historia y astronomía. Pero, ¿habría allí alguno que hablara de aquello que les motivaba la curiosidad? Parecía ilógico pensar lo contrario.
― La bibliotecaria no está -dijo Silvia.
― Bueno, creo que es mejor volver en otro momento.
― No, ¡es perfecto! Podemos incluso buscar en la Sección Prohibida.
― ¿La Sección Prohibida? -inquirió David con sorpresa-. ¡Estás loca de remate! Yo estuve ahí… no quiero volver.
Y es que para David resultaba muy difícil olvidar su última incursión a la biblioteca. No sólo había terminado casi muerto junto a Charlie, sino que había visto que aquella división especial de la biblioteca, que todo el mundo denominaba Sección Prohibida, escondía cosas que seguramente no querían ser vistas por alumnos de los cursos menores. Tarántulas emanando de libros, sangre manchando las páginas y tapas de antiguos escritos y ejemplares que gritan son algunos ejemplos.
― Si no hay información allí, dudo que encontremos en algún otro lugar que esté a nuestro alcance -intentó convencerlo Silvia.
David, resignado, aceptó. Así, comenzaron a desfilar entre las descomunales estanterías que formaban rectos pasillos. Allí, aparentemente, parecía hacer más frío que en cualquier otra parte del castillo.
El sonido de los pasos era lo único que parecía capaz de romper aquel implacable silencio, que formaba parte del ambiente mismo de la biblioteca. Esto provocaba que, ante el menor roce, los nervios se alteraran al máximo. A medida que se adentraban más y más en aquella vasta habitación, David se iba preguntando cómo había sido capaz de caminar por ese mismo lugar, de noche, sin más compañía que la de su amigo Charlie, lo cual no era una gran oposición para el sentimiento de temor.
Por fin, después de caminar unos minutos, llegaron a la gran barrera que delimitaba las dos secciones principales de la biblioteca. David y Silvia se detuvieron frente a una gran puerta de hierro, que seguramente debía de estar protegida por una poderosa magia.
― ¿Cómo pasaremos? -preguntó Silvia.
― ¿Cómo pasaremos qué?
― ¡La puerta!
― Bueno… podríamos intentar abriéndola… -dijo David con ironía.
― Es inútil.
― No seas ridícula. Las dos veces que pasé por aquí, esta puerta estaba abierta.
Convencido de lo que decía, David dio unos pasos hacia adelante, tomó la manija de de la puerta, e intentó abrirla. Nada.
― ¿Lo ves? -dijo Silvia, satisfecha y desilusionada por igual.
― Algo debe estar fallando. La última vez estaba abierta.
― Bueno, pero eso no nos sirve de nada. Lo que importa es que ahora, cuando necesitamos entrar, no está abierta.
― Muy graciosa -replicó David-. ¿Qué hacemos?
― Déjame intentar algo, pero sé que no funcionará.
Silvia, que no parecía muy convencida de que aquello que estaba por hacer surtiera efecto, apuntó a la puerta con su varita.
― ¡Alohomora! -susurró.
Si bien se oyó un pequeño chasquido, que hizo que Silvia se alegrara por un segundo, la puerta no cedió.
― No hay nada por hacer -dijo David, ya derrotado.
― Sí, hay -respondió Silvia.
― ¿Qué?
― El problema es que no quería utilizarlo… hasta pensé que ya te habías olvidado de él…
― ¿De qué estás hablando?
― Puede ser muy peligroso… -continuó Silvia, ignorando las preguntas de David-. Sí, la última vez fue peligroso…
― ¿Podrías decirlo de una vez?
Silvia suspiró y se cruzó de brazos. Luego, mirando hacia abajo, dijo casi imperceptiblemente:
― Creo que si queremos saber algo sobre Grindelwald, no hay nada mejor para consultar que el Libro de G. G.

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21 Responses to “Capítulo 14: La resolución de Silvia”

  1. Cristinne Potter Says:

    Fantastico! Un bueno capítulo… como siempre :)
    Sigue pronto!

  2. vane Says:

    si esta muy bueno`el capitulo

  3. Mary S. Says:

    Me encanto!!! hace mucho que ya no salía el Libro de G. G. ya veremos que hechizos descubren David y sus amigos.

    Saludos!!!

  4. Mary S. Says:

    David se salvo… me pregunto si Adelbert si se dio cuenta o no de que David estaba mintiendo… y tambien, yo creo que Adelbert debe de tener algun o algunos recuerdos muy importantes porque lo unico que le interesaba era saber QUE fue lo que David vió…

  5. Asus Says:

    muy bueno el capitulo.
    yo también creo al igual que Mary que lo que queria saber Adelbert es QUE había visto de toda la información que había en el pensadero.

  6. Martyginny Says:

    Yo tmbien, parece ke no le cstigo xke se dio kuenta d ke lo ke vio no era nada importante, o al – n cmparacion cn lo ke podia aver visto, y se sntio aliviado, o eso o tmbin leyo n su mnte ke a david no le abia servido pa ntnder na

  7. karla Says:

    io espero por el amor de dios, que sea el grindewald el propietario del libro…
    io no creo que el adabert no le haya leido la mente, mas bien pienso que no lo quiso castigar, la razon es lo que nos interesa, me parece que mas que castigarlo queria saber hasta donde habia llegado…
    pues sera el sereno, pero esta silvia io se k es de lo peor…
    ai nos leemos

  8. Candelia Says:

    Buen capítulo!
    Me ha encantado!
    Yo tambien pienso que Adelbert se ha enterado de todo pero no le quiere castigar, solo quería enterarse de todo lo que había visto David, mi gran duda es: ¿Sabrá Adelbert quién fue quien acompañó a David y le avisó de que venía alguien??? ¿Lo leyó en la mente de David? ¿Se lo imagina? ¿No le da importancia? ¿O tal vez olvidó reparar en el detalle? ya se vera!
    Bueno, ha estado muy bien, esperando continuacion!!

    PD: Por cierto Karla como que: “esta silvia io se k es de lo peor…” ?? Qué le ves de malo? A mi em cae genial! Lo unico es un poco plasta a veces, peroq ue tiene de malo eso?? al fin y al cabo, para David es lo mejor que le abran los ojos :S No lo pregunto por nada en particular, simplemente es curiosidad.

    Bye!

  9. Mary S. Says:

    Silvia me recuerda demaciado a Hermione… yo creo que son identicas, bueno solo en la forma en la que piensan y actuan, porque físicamente yo me las imagino completamente diferentes… ¿ustedes se la imaginan como alguna actriz en especial, o como se la imaginan…?

  10. Mary Clearwather Says:

    Me encantoO, como siempree!

  11. Candelia Says:

    En el Anuncio del Mago describen a Silvia:
    Esta vez la que se adelantó fue una pequeña niña. David se dio cuenta que le llevaba al menos dos cabezas.

    Creo que no viene más, pero yo me la imagino morena, con el pelo marrón oscuro y muchas trencitas. ¡No sé ( o no recuerdo ) de donde lo saqué, la verdad.
    Respecto a la actriz… ninguna en especial :)

  12. fernanda Says:

    esta muy bien el cap. pero espero que saques el proximo pronto no aguanto para saber que encuentran en el libro

  13. Mary S. Says:

    Yo tambien me imagino a Silvia con el pelo color marron oscuro, solo que yo me lo imagino liso y cortito como hasta un poco mas arriba del hombro…

  14. karla Says:

    Candelia:
    es una expresion…
    en lo personal io soi muy de ese estilo, adopto expresiones, como soi de lo peor! para decir cosas que de otra manera tardaria mas en escibir o decir, si io digo io soi de lo peor, es como decir que hice algo gracioso o dije algo corriente, pero eso es pork io soi asi, en cambio con silvia, digo que es de lo peor por que ia voy viendo o se me afigura que le tira el royo inconsientemente (o a lo mejor no tanto) a david, y en este caso “david tambien es de lo peor”
    XD

  15. Syriana Says:

    jejjeje esta muy bueno yo me imagino a Silvia de cabello liso, marron claro, un poco mas abajo de los hombros, ojos marrones oscuros, cejas un poco gruesas, y tez blanca…

    Durward tu podrias decirme como es en realidad????

  16. Marcelo Says:

    Uh! Que intriga! Pero hay que esperar, hay que esperar.

    Maldito Durward, me dejaste con el suspenso! Jajaja, muy buen capítulo.

  17. skarlax Says:

    este capitulo a sido sorprendente

  18. Anónimo Says:

    uuuhh!! q emocionante!! :D q iran a descubrir esta vez en el libro de G.G.?? Y q se traera entre manos Adelbert?? q intriga Dios!!:-).bueno esperare con ansias la conti ;-)…
    por cierto yo me imagino a silvia = q Hermione nada mas q con el cabello de Ginny pero castaño :D
    SALUDOS!!

  19. lilly potter Says:

    uuuhh!! q emocionante!! :D q iran a descubrir esta vez en el libro de G.G.?? Y q se traera entre manos Adelbert?? q intriga Dios!!:-).bueno esperare con ansias la conti ;-)…
    por cierto yo me imagino a silvia = q Hermione nada mas q con el cabello de Ginny pero castaño :D
    SALUDOS!!

  20. Victoire Weasley Says:

    Uf, que salvada pobre David, me imagino la cara del chico. Muy buen capitulo como siempre! porfa segui escribiendo.


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