Continuación

26 febrero, 2008

Hace un rato publiqué el último capítulo de esta parte de la historia, El anuncio del Mago, y hago este post simplemente para decir que tengo pensado continuar la historia. Hay algunas cosas que quedaron colgadas, y quiero aclararlas todas.

¡Saludos y gracias a todos los que la leyeron! ¡Y gracias por sus comentarios!

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Cuando David abrió sus ojos, éstos tardaron unos segundos en acostumbrarse a la nueva luz. Ni bien el tono borroso se apartó de su vista, reconoció el peculiar aspecto de la enfermería de Hogwarts; estaba recostado en una cómoda cama y tenía algunos dolores en el cuerpo.
Recordó los acontecimientos de la noche anterior… o bien podrían haber sido unas cuantas noches, porque no sentía nada de sueño. Se tumbó hacia su izquierda y vio que Charlie también estaba allí, durmiendo apaciblemente. En ese momento la enfermera Lewis salió de su despacho.
― Por fin. ¿Cómo te sientes? -le preguntó.
― Bien, supongo… me duele un poco.
― ¿Dónde exactamente?
― Yo creo que… todo el cuerpo.
― Perfecto -dijo la enfermera; David no supo si había sido sarcástica, pero no preguntó, porque en ese momento se dirigió a Charlie.

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David y Charlie dieron media vuelta y se encontraron cara a cara con Mirtha, su profesora de Estudios Muggle. Ambos abrían y cerraban la boca sin cesar, intentando producir algún sonido pero sin lograrlo, mientras observaban la sonrisa de suficiencia de Mirtha. Y entonces, alguien apareció tras ella, alguien cuyas facciones le resultaron increíblemente familiares a David…
― ¡Profesora! ¡Es el hombre que estaba en el bosque! ¡detrás de usted!
Mirtha giró, simulando sorpresa, y ahogó un grito más que fingido.
― ¡No! ¡Va a matarme!
Ella y Rodolphus estallaron en carcajadas. Charlie estaba pasmado, y en su rostro la expresión de terror lo abarcaba todo. David intentaba comprender, sin poder hacerlo.
― Explíquense.
Nuevamente, los dos mayores estallaron en carcajadas.
― ¿Explíquense? No lo digas tan amenazante, chico, que creo que estás en una posición de desventaja -dijo Rodolphus, elevando su varita.

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― ¿Qué? -preguntó Charlie, anonadado.
― ¡Sí! ¡Gemlug! ¿No lo ven?
Los cuatro parecían desconcertados, y miraban a David como si fuera un loco. Claro, ellos no habían ido a la clínica…
― No tengo mucho tiempo para explicar… ustedes no entienden… la clínica, y Mirtha…
― Compañero, estás loco. Sí, loco de remate -dijo Frederic-. ¿Qué es Gemlug?
― Es el nombre de mi antigua escuela… un día fui a la clínica y estaba la profe…
― ¿Y qué tiene que ver tu escuela en todo esto? Quiero decir, es casi imposible.
― ¡Pero Gemlug es Muggle, con las letras cambiadas!
Nuevamente, la mirada que decía claramente “estás loco” apareció en el rostro de sus amigos.

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Aquella noche, en la sala común de Gryffindor, conversar era literalmente imposible. Los gritos de alegría y júbilo lo inundaban todo y llegaban hasta cada rincón de la habitación (y posiblemente del castillo). Todos los que estaban dentro parecían formar un gran mar de personas que de vez en cuando se elevaba, imitando una gran ola, y cuyo punto más alto era Steve Skinner, que aún aferraba la valiosa Snitch en la mano.
La sala había sido decorada para la ocasión: las paredes estaban repletas de estandartes rojos y dorados, y del techo colgaban varios leones que contribuían a engrosar el ruido ensordecedor con sus potentes rugidos.

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Si bien la declaración de Harry desconcertó (y asustó) a David, éste no tuvo mucho tiempo para pensar en eso: los exámenes finales estaban más cerca que nunca; tan solo tres días con sus noches lo separaban de su primer examen, el de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Es cierto que los de primer año no analizaban animales muy complejos en esa asignatura, pero estudiar cada una de las características y propiedades de las criaturas con las que habían tenido contacto era realmente tedioso. No obstante, gozaban de la ventaja de contar con un fin de semana entero antes de la prueba, por lo que tendrían tiempo de sobra para dedicarlo al estudio.
Pero había algo que calentaba los corazones de todos y animaba hasta al más triste: el último partido de Quidditch del año. Y no era cualquier partido, sino el que generaba mayor expectativa y entusiasmo: Gryffindor frente a Slytherin. La categoría de ese enfrentamiento, sumado a que con él se definiría el ganador de la copa, convertía ese partido en un evento que realmente no valía la pena perderse por nada en el mundo.

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Capítulo 22: El el aviso

8 febrero, 2008

La historia del rescate en el Bosque Prohibido se extendió por todos los pasillos y salas comunes con natural rapidez. A primera hora de la mañana ya todos sabían (y con lujo de detalles) lo que había sucedido. Algunos, los que no se conformaban con la emoción que les brindaba el relato, lo modificaban a gusto. Un alumnos de segundo de Hufflepuff, por ejemplo, dijo que el centauro que había ayudado a David decapitó al captor de Harry Potter con un simple golpe de sus poderosas patas.
Otros, sorprendidos por la actitud de David, decían que dentro del bosque el chico usó un poderoso hechizo que arrancó arboles de la raíz a un kilómetro a la redonda.
Pero David, que sabía que todos aquellos detalles agregados eran falsos, hizo caso omiso a ellos. Por suerte, le dieron el día libre, y sospechaba que a Frederic también.

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